07/08/2020

«Cuando tenía 11 años empezó a acosarme», crudo testimonio de otra víctima del cura Raúl Sidders

Rocío, exalumna del colegio San Vicente de Paul de La Plata, narra los abusos que sufrió.

Rocío tiene 27 años y fue alumna del colegio confesional San Vicente de Paul de La Plata. Ingresó a sus 5 años al Jardín de Infantes San Bernardo y de ahí continuó en la primaria de la institución, donde padeció el accionar del cura de las escuela, Raúl Sidders. A continuación, reproducimos su testimonio.

Recuerdo que era malo con todas mis compañeras, pero conmigo no. En ese momento pensaba que me tenía un cariño especial. A partir de los 11 años empezó a acosarme. Más adelante, en invierno se me acercaba adelante de todosy me hacía poner mis manos en los bolsillos de su sotana, porque decía que yo tenía las manos frías, y me hacía sentir su erección.

Nos hacía confesarnos a solas en la capilla. Ahí me empezó a preguntar si había visto alguna vez a mis papás tener relaciones sexuales, si había visto a mi papá desnudo, si sabía lo que era un pene. A los 12, cuando yo estaba en sexto grado, empeoró. Me preguntaba si sabía masturbarme y como le decía que no, me explicó con sus dedos, sin tocarme, cómo tenía que hacer. Me sugirió que lo hiciera pensando en él y que en la próxima confesión le contara cómo me había sentido.

En la siguiente confesión me preguntó si lo hice y le dije que no. Me preguntó por qué y respondí “no se”. Se enojó y me dijo: “¿por qué no lo hiciste si yo te dije que lo hagas? Vos tenes que estar preparada porque la mujer tiene que complacer al hombre siempre. Y preservativos no hay que usar, el fin de las relaciones sexuales es procrear”. Después me dijo que si no quería masturbarme tenía que saber complacer al hombre al menos a través con una felación. Le pregunté qué significaba eso, no sabía. “Chupar una pija”, me dijo. Me explicó con su lengua y su mano cómo hacer una felación. Eso no me lo pude olvidar nunca más.

Ese mismo año dio una charla en la capilla en la que explicó quién era Dios. A partir de esa charla, hizo un concurso entre los tres cursos de sexto grado en el que teníamos que escribir todo lo que él había dicho, el que escribiera y redactara mejor ganaba un premio en el buffet. Lo gané yo. Me llevó al buffet, elegí unas galletitas que me gustaban y una gaseosa. Me dijo que no, que podía llevar una sola cosa. Entonces agarré las galletitas. De ahí fuimos a la capilla los dos solos y volvió a interrogarme si me había masturbado, si había hecho alguna felación o algo. Contesté que no, que no estaba preparada todavía. Entonces me propuso enseñarme a mí y a un alumno a tener relaciones sexuales, que nos iba a indicar todo mientras lo hacíamos. Me largué a llorar y le pedí que por favor no lo hiciera, que mis papás no lo iban a permitir y que yo no podía vivir una cosa así. Entonces buscó tranquilizarme, me pidió que no dijera nada y me dijo que cuando fuera el momento lo iba a hacer.

No quise ir nunca más a ese colegio. Yo no le contaba todo a mis padres, solo les decía que el padre Raúl me molestaba y que me hacía preguntas raras. Me siguieron mandando igual, pero yo no entré nunca más, me ratee todo el año. Me iba sola al centro o a alguna plaza. Después mi mamá me descubrió y fue a hablar con la directora, Mabel, que le dijo que yo iba sólo a calentar la silla y a molestar a mis compañeros. Era mentira, yo no iba. “O la saca usted o la echamos nosotros y no la toman más en ninguna escuela”, dijo la directora. Yo tenía 15 años. Entonces me sacó mi mamá del San Vicente y como no me tomaban en ninguna escuela, tuve que terminar yendo a una agropecuaria.

Las denuncias contra los abusos cometido por Raúl Sidders tomaron estado público a partir de una publicación de Prensa Obrera del 31 de julio, luego de casi 20 años de vejaciones y violencias con que el cura atormentó a alumnes del colegio. A partir del reciente trasladado de Sidders a cumplir funciones como capellán de Gendarmería en la provincia de Misiones, donde estaría en contacto con niñes de comedores, un grupo de madres y exalumnas tomó la decisión de hacer público lo que habían sufrido. Desde entonces se multiplicaron las publicaciones en redes sociales y los contactos entre personas de la comunidad educativa  del colegio con decenas de relatos. Comenzaron así a organizarse y a impulsar una campaña para exigir que se investiguen los abusos cometidos por el cura. Crearon un mail de contacto para que toda persona afectada pueda brindar su testiomonio, sabiendo que su seguridad será preservada: [email protected]