26/07/2012 | 1232

Despenalización de las drogas, desmantelamiento del aparato represivo y cárcel a los narcos

Un Programa para la juventud

EXCLUSIVO DE INTERNET


El debate que se abrió en las páginas de la Prensa Obrera es muy interesante. Para encararlo tenemos que sacarnos todos los prejuicios preconcebidos en torno de la cuestión y dar una respuesta al problema concreto que sufre la juventud.


El consumo de drogas, de bebidas y de distintas sustancias es parte de una práctica cultural milenaria de la humanidad. La mayor parte de su historia transcurrió sin el control -prohibición- por parte del Estado, que recién llega a principios del siglo pasado. El capitalismo ha convertido a las drogas en una mercancía, las produce industrialmente, las distribuye y las vende. Como toda mercancía fetichiza en sí a las relaciones sociales que la generan y hacen del consumo la única forma de relacionamiento posible: la compras y la consumís y, adicción mediante, formas parte de su mercado cautivo. Este régimen social condena a la juventud a la barbarie que le impone a todas las relaciones sociales.


Las drogas en este contexto no escapan de la tendencia descomponedora del capital. Pero no podemos perder de vista la forma que asume esta descomposición en el escenario prohibicionista que ha elegido el régimen capitalista. El prohibicionismo significa, en la práctica, una represión a los consumidores, en su mayoría jóvenes: razzias, detenciones y calabozos se descargan sobre la juventud para atacar un tema que como mucho, en casos de trastornos de salud, debería ser tratado como un problema sanitario.


La ilegalidad y la política sanitaria oficial no garantiza el tratamiento, ya sea ambulatorio o internación. El gobierno nacional, a través del Sedronar, y los gobiernos provinciales tienen una política de tercerizar la atención y la mayor parte del presupuesto se va en internaciones, en comunidades terapéuticas y clínicas, muchas de ellas, manejadas por la iglesia.


El prohibicionismo en el capitalismo es una ilegalidad de clase. Al igual que con respecto al aborto, el que tiene dinero, puede consumir drogas de buena calidad y seguir llevando su vida normal, estudiar, trabajar, tener una familia, etcétera; en cambio, el joven de las barriadas está limitado por las condiciones más crueles que le impone el capitalismo: sin trabajo, sin posibilidades de acceder a una producción cultural propia, ni a una educación de calidad.


Así, las drogas aparecen como una (no) salida nefasta. La lucha contra las drogas con una política prohibicionista sólo va a mantener el orden de cosas existente. Un status quo donde el joven que consume drogas termina preso o asesinado por las mismas bandas policiales, que mediante el gatillo fácil desarrollan una selección natural como parte de un acuerdo con los narcotraficantes.


Los proyectos que originalmente habían presentado los K y Victoria Donda del FAP se cajonearon en pos de un acuerdo de unidad nacional que incluía al Gobierno, UCR, FAP y PRO en torno del tema. Este entuerto quedó en nada. Los acuerdos del gobierno con la iglesia y con distintos sectores capitalistas frenaron cualquier tipo de avance de un proyecto despenalizador. También actúan las presiones de organismos globales para que se cumplan acuerdos internacionales que defienden posiciones prohibicionistas y son la base de la intromisión política y militar del imperialismo en todo el mundo.


Los vínculos del gobierno con los narcos operan en contra de la despenalización. Estos se evidenciaron con el crimen de Ferrón, Forza y Bina, y los aportes por parte de estos grupos de laboratorios, vinculados al narcotráfico, a la campaña de CFK. El poder político participa del negocio del narcotráfico, como del negocio de la prostitución y de la trata de personas.


En la actualidad, la novedad es la corriente internacional que está impulsando la legalización (Soros, Fernando Henrique Cardoso, etcétera). Son sectores capitalistas que plantean blanquear ingresos de un negocio importante a escala mundial. Otros gobiernos -Mujica- buscan, de esta manera, dar una salida a la crisis fiscal. Hay que denunciar a estos sectores capitalistas que buscan hacer un negocio sobre el mercado de la droga, y no podemos desconocer que ya hoy, las ganancias de la venta de drogas ingresan al mercado a través del lavado de dinero. Tenemos que plantear la apertura de los libros de las instituciones financieras, empresas, etcétera, que lavan ingresos de los narcos.


La posición del Partido Obrero no puede concentrar su ataque en la sustancia en sí misma. Sería como salir a atacar al vino, porque el laburante se toma un vino y se aleja de su salida; o al tabaco, que provoca cáncer y así podemos seguir enumerando. Sin contar el consumo de drogas legales, tan letales como las ilegales, pero socialmente aceptadas. Organicemos a la juventud para luchar contra el capitalismo. Esa es la única garantía para que la droga no se transforme en un mecanismo de escape. Con un programa para enfrentar al Estado, a su Policía y a los narcos. Despenalización del consumo de drogas, cárcel a los narcotraficantes, desmantelamiento del aparato represivo.

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