Sociedad

23/12/2022

Fusión nuclear: un maravilloso avance científico en manos privadas

Las posibilidades de una fuente inagotable, limpia y barata de energía chocan con un régimen social decadente.

Fusión nuclear.

El mundo de la ciencia y las innovaciones tecnológicas ha tenido un nuevo salto reciente con un avance sustancial en el terreno de la generación de energía por medio de un proceso revolucionario, el Santo Grial energético: la fusión nuclear.

En verdad, habría que aclarar que la fusión nuclear, en sí, no tiene nada de novedoso, sino que es algo cuyos resultados experimentamos frecuentemente, un fenómeno que se produce sistemáticamente a escasos ocho minutos a la velocidad de la luz de nuestro planeta, en el interior de nuestra estrella predilecta, el Sol.

Lo novedoso es que se ha podido imitar, a una más que pequeña escala, lo que ocurre en el interior del Sol en los marcos del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (NIF, por sus siglas en ingles), en California (Estados Unidos), con un método que ha garantizado una ganancia neta de energía del 50% y que avizora un futuro prometedor –no sin complicaciones- para la producción de energía limpia, barata y renovable.

Este avance es presentado bajo la promesa de la superación de todos los males del capitalismo, obviando los antagonismos de clase que hacen que una revolución de esta magnitud pueda incluso generar consecuencias provechos para la sociedad en su conjunto sin arrastrar resultados igualmente desastrosos.

Fusión y fisión

El proceso de fusión nuclear implica prácticamente una inversión de lo que sucede en la fisión nuclear: el mecanismo con el cual funcionan las actuales centrales nucleares.

La fusión se obtiene al combinar los núcleos de dos elementos ligeros –en este caso isótopos de hidrógeno (deuterio y tritio)-, para lo que es necesario someterlos a altas temperaturas para convertirlos en un plasma extremadamente caliente, liberando a los electrones de los núcleos, y confinando todo el proceso a un espacio reducido –tarea complicada debido a que por su carga los núcleos se repelen entre sí-, y generando como resultante un nuevo núcleo con una masa inferior cuya diferencia se transforma en energía liberada. Algo contemplado teóricamente en la famosa ecuación de Einstein.

La fisión, en cambio, requiere del proceso contrario: la división de elementos pesados, como el uranio enriquecido, produciendo mucha menor energía y un remanente de desperdicios radiactivos altamente contaminantes.

Lo que se ha obtenido es confinar una pequeña cantidad de hidrógeno, valiéndose de la utilización de 192 láseres, logrando que los 2,05 megajulios de energía empleados terminen generando 3,15 megajulios finales, aunque sin contabilizar la utilización de energía para poner en funcionamiento los láseres utilizados.

Par que esto tenga aplicaciones comerciales aún faltan décadas de investigación y perfeccionamiento del proceso, que requiere además de un funcionamiento autosostenido y replicante para lograr una producción considerable de energía.

También existen otros métodos en desarrollo como el de confinamiento a través de campos magnéticos que se utiliza en el Iter (Reactor Termonuclear Experimental Internacional) –un proyecto de varios países-, con sus instalaciones en Francia.

Implicancias

El desarrollo de la fusión nuclear significaría una nueva revolución tecnológica, obteniendo energía ilimitada a costos realmente bajísimos, lo que significaría un trastrocamiento de los procesos productivos tal cual los conocemos hoy en día.

El proyecto norteamericano surgió de la mano de las aplicaciones militares de la investigación para el mantenimiento de las armas nucleares, lo que derivó en una inversión inicial de 3.500 millones de dólares.

Ahora son varios los magnates capitalistas que se suman a las investigaciones con sus propios proyectos. Tal es el caso de Bill Gates y Jeff Bezos, y es posible que muchos más se adhieran al mismo objetivo.

La conquista de dicha tecnología abriría una ventaja competitiva para el país y los capitalistas que la detenten, abaratando los procesos de producción, la logística y las cadenas de abastecimientos, etc. También disminuiría la dependencia de las principales potencias capitalista respecto a los países que detentan las mayores reservas de hidrocarburos, algo que se expresa actualmente en guerras, incursiones militares, colonizaciones y distintas formas de sometimiento nacional. Un anhelo que ha quedado de manifiesto en la guerra de Ucrania-Rusia exponiendo la fragilidad de los Estados europeos. A su vez, el avance de una fuente de energía inagotable y barata tampoco obsta a la conclusión de la opresión imperialista y los conflictos internacionales, convirtiéndose en un instrumento más de dominación de las potencias que controlen dicho recurso.

La tesis de que una energía abundante inundaría a la humanidad en su conjunto, atravesando barreras de clase, tampoco se encuentra justificada. Bajo la sociedad actual todo desarrollo se encuentra bajo el control de la burguesía y subordinada al propósito de aumentar la rentabilidad y las ganancias de los capitalistas. Los avances en los medios de producción favorecen el aumento de la incidencia del “trabajo muerto” sobre el “trabajo vivo”, destruyendo y desplazando fuerza de trabajo -la única que genera plusvalía-, lo que tiende a una disminución general de la tasa de beneficio capitalista. Un adelanto de mayores crisis, guerras y revoluciones, como ya caracterizó Lenin para la etapa actual, de descomposición, del capitalismo.

La “teoría del derrame” queda desmentida por la propia dinámica capitalista donde la existencia de una capacidad productiva suficiente para alimentar y satisfacer al conjunto de la humanidad no ha redundado en una superación universal de la pobreza y el hambre, sino en todo lo contrario.

Esta innovación también se ha vendido potencialmente como la superación definitiva de las energías contaminantes y una solución al problema del calentamiento global –es que podría serlo; sin embargo, ya existen algunas preocupaciones respecto a que el desarrollo potencial de la fusión nuclear sirva para justificar el empantanamiento de otras energías renovables, bajo la promesa de un salto trascendental, lo que obstaría, justamente, a un mayor consumo de las energía fósiles e incluso las producidas con carbón, como ocurre en la actualidad.

El avance científico en el campo de la fusión nuclear controlada debe ser considerado un hito de la investigación y de la capacidad de la humanidad por controlar y recrear los procesos naturales, pero sin olvidar que bajo el actual régimen social sus posibilidades se encuentran reducidas a la estrechez de las miras capitalista, negándole así a la humanidad l desenvolvimiento de todo su potencial, partiendo por garantizar las condiciones mínima de vida para el conjunto de la población.