14/10/2010 | 1150

Google, Facebook, Yahoo… y la Casa Blanca: Redes sociales y espionaje estatal

Por Corresponsal Ezequiel

Los pulpos que operan las redes sociales se han convertido en un verdadero Gran Hermano de la red: cuentan con una capacidad de coleccionar todo tipo de datos y contactos, que son la envidia de cualquier servicio de inteligencia.
«Más o menos, sabemos quién eres, las cosas que más te importan y quiénes son tus amigos», declaró Eric Schmidt, CEO de Google. Desde este lugar, los pulpos disfrutan de su lugar de privilegio para vender información que debería ser privada.

Schimdt anunció inclusive que ya no habrán buscadores de información en Internet: «La mayoría de la gente no quiere que Google responda a sus preguntas…quieren que Google les diga lo que deben hacer».

A lo que se refiere Schimdt es que el buscador más importante del planeta ordena los resultados según gustos, costumbres y preferencias del usuario que realiza la búsqueda, partiendo de un perfil trazado anteriormente por búsquedas anteriores que haya realizado la persona misma. Del mismo modo, el usuario de Gmail encuentra que las publicidades que le aparecen están referidas a temas que puede haber comentado en un correo electrónico «privado».

A su vez, cada búsqueda que uno realiza queda registrada, así como las páginas que visita, la hora y la fecha y, sobre todo, su dirección IP (la identificación de cada computadora en la red). También los nuevos servicios (indexación de archivos de la computadora del usuario, administración de fotos, correo electrónico, etc.) refuerzan la capacidad de Google para obtener datos personales de sus 1.300 millones de usuarios.

Con el «Facebook Conect» (conexión Facebook), los usuarios pueden realizar vínculos con páginas que no son Facebook, con el nombre de usuarios y contraseña de su cuenta en la popular red social. A partir de ese momento, se considera que los datos compartidos en su cuenta son de dominio público (por un precio), y se los provee al negocio que maneje ese sitio. Algo similar pasa cada vez que se aprieta el «like» (me gusta), y si uno no se cuida, el de «privacidad» y otros datos del perfil.

Al negocio ahora se suma la creciente red social Twitter, que empezará a almacenar los links que coloquen los usuarios. Eso permitirá a la empresa «conocer qué clickean y cuándo los usuarios» (Infobae.com, 2/9). «La noticia provocó revuelo entre los usuarios, quienes creen que esta decisión violaría su privacidad», agregó el portal.

Muchas veces, la invasión se disfraza de «errores lamentables» por lo que los pulpos piden disculpas cuando el daño ya está hecho. En febrero de este año se efectuó una demanda colectiva contra Google alegando que ellos violaron la ley por los datos de los contactos de correo electrónico de usuarios que publicaron sin su consentimiento a través de Google Buzz, una especie de clon de Twitter. Google lo tuvo que desactivar y lamentó que «no había testeado Buzz lo suficiente antes de lanzarlo». También «Google admitió en mayo que ´por error´ habían recogido datos personales de las redes wi-fi privadas no protegidas… en más de 30 países» al grabar imágenes de calles para Google Maps (El País, 17/8).

Crisis política en puerta

El crecimiento exponencial del almacenamiento de datos de usuarios por parte de las redes sociales amenaza con convertirse en una crisis política de envergadura. Los servicios de inteligencia norteamericanos, ya disgregados y diezmados de por sí en 17 agencias de espionaje, temen un choque con estas verdaderas redes de espionaje privado.

En Alemania, el gobierno exigió a Google que «revele más detalles acerca de la información que guarda y el modo en que es recogida» (La Nación, 22/8). En los Emiratos Arabes, se prohibió «el uso de la BlackBerry porque transmite en forma encriptada los mails y dificulta la tarea de las agencias nacionales de inteligencia» (El Cronista, 11/8).

Por este motivo, el gobierno de Barack Obama anunció que buscará reformar la llamada Ley para la Asistencia de las Comunicaciones en el Orden Público para poder espiar a «través de redes sociales como Facebook o Twitter, servidores codificados como los de los teléfonos Blackberry y sistemas de llamada a través de la Red como Skype», indicó El País.

El argumento es harto conocido: los terroristas antinorteamericanos utilizarían esos medios para perpetrar ataques contra los Estados Unidos. Sin embargo, resulta ridículo pensar que un grupo armado que planifica atentar contra una maquinaria de guerra como los Estados Unidos, lo haría mediante una red social, donde no hay ningún tipo de clandestinidad posible.

Tal como lo hizo su demonizado antecesor, George W. Bush, Barack Obama busca reforzar el control del Estado sobre la población, pero con dos diferencias. En este caso, se podría hablar de un alcance «mundial» de la intervención de las comunicaciones por las características de las redes sociales, diferente a las comunicaciones telefónicas locales o internacionales. Pero la otra diferencia es más importante: Obama busca no sólo reforzar el control sobre la población, sino también evitar un inminente choque entre los múltiples servicios de inteligencia y los pulpos que operan las redes sociales.

Sin embargo, hay un problema político mayor que se vislumbra y no es la protesta de los grupos de defensa de las libertades democráticas contra la reforma. Es el choque entre Barack Obama y el gigante Google, cuyo apoyo fue determinante para hacerlo llegar a la presidencia.

La ley que intenta reformar Obama busca consolidar el poder represivo del Estado norteamericano, pero puede desembocar en una crisis política que ponga aún más contra las cuerdas su presidencia. Setch Schoen, analista en tecnología de Electronic Frontier Foundation, sentenció: «Esto es una receta para el desastre».

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