21/07/2021

Juegos Olímpicos Tokio 2021, en medio de la pandemia

La más antigua competencia deportiva, hoy un gran negocio capitalista 

Como prácticamente todas las grandes competencias deportivas actuales, los Juegos Olímpicos de Tokio, que tienen fecha de inicio el viernes 23, se han convertido en un enorme negocio que impulsa a su realización aún en el cuadro crítico de la pandemia de coronavirus que vive la capital de Japón -con un nuevo pico de contagios-, lo que ha obligado al gobierno nipón a decretar el estado de emergencia en la ciudad. Aún más significativo, en lo que se refiere a los Juegos, es que, cuando todavía faltan tres días para que se inicien formalmente las competencias, ya se detectaron más de 70 casos de contagios de coronavirus entre las delegaciones participantes.

Es de tal gravedad el cuadro que el jefe del Comité Organizador de los Juegos de Tokio, Toshiro Muto, aseguró hoy, con los 11 mil atletas ya instalados en la ciudad olímpica, que “no se ha descartado completamente la posibilidad de que los Juegos puedan volver a aplazarse o incluso cancelarse, si los casos de Covid siguen disparándose” (Marca, 20/7).

Los Juegos fueron suspendidos en marzo del año pasado por la primera ola de la pandemia, ante la cual el gobierno japonés actuó con total negligencia, política que mantuvo a lo largo de este casi último año y medio. Ahora, al inicio de los Juegos, apenas el 20% de la población del país se encuentra completamente vacunada y las actividades comerciales y productivas, pese a las declaraciones de emergencias, prácticamente no se detuvieron en ningún momento.

El show (y el negocio) debe seguir

La mayoría de los medios, que analizan el cuadro que se les presenta a los Juegos, estiman que los mismos se llevarán a cabo salvo que se produzca alguna catástrofe sanitaria. Es que los intereses económicos que se mueven alrededor de la competencia, y las cifras multimillonarias que involucran son un condicionante que arrasa con cualquier prevención ante la pandemia.

Las inversiones realizadas alcanzan a los 15.400 millones de dólares, que han sido cubiertas por el gobierno japonés, el del municipio de Tokio y el Comité Olímpico Internacional (COI) y debieran recuperarse con los ingresos proveniente de las transmisiones (especialmente la de la televisión) y con los de la publicidad.

El potencial de ingresos por derechos de televisión, que el COI embolsaría si se realizan los Juegos, ronda los 4.000 millones de dólares y esa misma cifra es la que debiera devolver si es que se llegaran a cancelar (The New York Times, 28/6).

Al respecto, un directivo de NBC Universal, que tiene los derechos de transmisión de los Juegos en Estados Unidos, anunció que la cadena había vendido 1.250 millones de dólares en publicidad nacional para la competencia y que “podrían ser nuestros Juegos Olímpicos más rentables en la historia de la compañía” (ídem). En cuanto a los patrocinadores, el mismo medio norteamericano estima que, entre los 70 oficiales, aportarían unos 3.300 millones de dólares que les debieran ser reembolsados si los Juegos se suspendieran.

El negocio se explica porque en el caso del anterior encuentro olímpico, que se realizó en Brasil en el 2016, hubo 350 millones de personas mirando por televisión la ceremonia inaugural y 3.700 millones que siguieron los Juegos a través de los medios.

Poco para muchos y mucho para pocos

Significativamente, de estos montos multimillonarios de dinero que se recaudan, a los casi 200 comités olímpicos nacionales participantes, el COI les distribuye, oficialmente, “en los llamados ´pagos de solidaridad´ y otros, apenas 549 millones de dólares”, es decir unos 2,7 millones de dólares a cada uno, aunque el organismo no informa sobre el criterio de distribución de esos fondos (ídem).

Al respecto, el NYT aporta como datos que a una isla caribeña el COI le otorga alrededor de 150 mil dólares y que la Asociación Olímpica Británica planteó la posibilidad de un colapso financiero si se cancelaban los Juegos de Tokio y no recibía el dinero del COI, lo que hace entrever que, seguramente, el monto supera holgadamente el del “aporte” realizado al comité isleño.

Más allá, o junto a los negocios que nutren los bolsillos de los capitalistas que lucran con los deportes, en el caso de los Juegos de Tokio, el gobierno del primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, con la popularidad en caída abrupta, enfrenta elecciones nacionales en septiembre próximo y “puede ver ahora los Juegos Olímpicos como un potencial salvavidas” (TNYT, ídem).

Los convidados de piedra

Muy lejos de este enorme negocio están los principales protagonistas de los Juegos, los atletas olímpicos que participan en las competencias y que son los más expuestos al contagio. “Para ellos los JJOO les pueden abrir la puerta a oportunidades de patrocinio, a dinero de bonificación por medallas, a carreras posteriores a la competición”, destaca The New York Times.

Y esto vale, en particular, para los países donde, como sucediera repetidamente en la Argentina, muchos atletas se han visto dificultados o imposibilitados de participar en competencias por la ausencia de apoyo estatal.

Esto, por ejemplo, sucedió hace apenas un par de meses, cuando el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) tomó la decisión de reducir los fondos y la delegación de atletas nacionales que viajaría al Sudamericano de Atletismo de Ecuador, de 61 integrantes a solo 19 integrantes. Y, claro, no se trató de una medida de prevención contra el coronavirus.

Es necesario un cambio de fondo, la liquidación del capitalismo, para que las competencias y encuentros deportivos vuelvan a tener el sentido originario, que se traten de un juego, un esparcimiento y una competencia fraternal y dejen de ser el escenario armado para el lucro de mafias y capitalistas.

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