Sociedad

17/8/2026

La crisis de la vivienda y el ajuste: las expensas ya se devoran casi un 20% del salario medio

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Las cuentas no cierran

La morosidad endémica en los consorcios del Gran Buenos Aires y la Capital es el termómetro de una clase trabajadora empobrecida por los tarifazos y la inflación. Los administradores descargan la crisis precarizando a los trabajadores de edificios.

Los recientes datos publicados sobre el valor de las expensas y el nivel de morosidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y la provincia de Buenos Aires exponen con crudeza la crisis habitacional y salarial que golpea a las familias trabajadoras. Según los relevamientos de las cámaras de consorcios, mantener un departamento implica pagar expensas promedio de $354.652 en CABA y $182.107 en suelo bonaerense.

En este cuadro, la morosidad alcanzó el 15% en Capital y el 16% en Provincia. Es decir, casi 1 de cada 6 familias no puede hacer frente al mantenimiento básico de su vivienda. Los medios burgueses tratan esto como un simple "problema de administración", ocultando el trasfondo de un régimen de hambre que está licuando los ingresos populares.

Un historial de ajuste continuo (2020-2026)

La historia de los últimos seis años es la radiografía del empobrecimiento de la clase media y trabajadora. Durante el estallido de la pandemia en 2020 y 2021, la paralización económica disparó los índices de morosidad a niveles récord. Aunque hubo una leve estabilización posterior, la aceleración inflacionaria pulverizó cualquier recuperación.

Para 2025, el promedio de morosidad se mantenía en un rígido 18%. Sin embargo, el golpe de gracia vino con los tarifazos y la devaluación reciente: a principios de este mismo año, en febrero de 2026, la morosidad en CABA tocó un pico dramático del 31%. Que hoy se hable de una "baja" al 15% o 17% no es producto de una recuperación salarial, sino de las políticas de ajuste dentro de los propios edificios: corte drástico del mantenimiento, supresión del fondo de reserva e intimaciones judiciales que fuerzan a las familias a endeudarse con usureros para no perder el techo.

El saqueo al salario obrero

El peso de las expensas sobre los ingresos es confiscatorio. Si tomamos el índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables), que agrupa a los asalariados formales y en blanco, el sueldo medio se ubicó en junio de 2026 en torno a $1.915.878. Esto significa que solo las expensas en CABA se devoran el 18,5% de un salario formal promedio.

Si a esto le sumamos el alquiler (para quienes no son propietarios) y los impuestos, el costo de garantizar un techo consume holgadamente más de la mitad de los ingresos. Y esto tomando en cuenta únicamente a los trabajadores "estables". Para la inmensa mayoría de la clase obrera precarizada, no registrada, o que sobrevive con jubilaciones y salarios mínimos de indigencia, vivir en un edificio de departamentos se ha vuelto un artículo de lujo.

La variable de ajuste: los trabajadores de edificios

Frente a la imposibilidad de pago de los vecinos, la salida de las empresas administradoras y los consorcios es aplicar la misma receta que los gobiernos patronales: flexibilización y ajuste. Mientras los tarifazos en servicios públicos (agua, luz, gas) son intocables para asegurar las ganancias de las empresas privatizadas, el recorte se hace sobre el eslabón más débil.

Se está multiplicando la reducción de horas para el personal de limpieza, la eliminación de horas extras, el congelamiento de salarios y el reemplazo de trabajadores de convenio por empresas tercerizadas de limpieza y seguridad, precarizando brutalmente a un sector histórico de la clase trabajadora porteña y bonaerense.

La crisis de las expensas es inseparable de la especulación inmobiliaria, la entrega de los servicios públicos a los monopolios y la destrucción del salario. No hay salida de la mano de los gobiernos que garantizan este esquema en favor de las corporaciones.