26/07/2012 | 1232

La cuestión de drogas y una perspectiva socialista

EXCLUSIVO DE INTERNET


 


Al realizar la crítica al articulo de Mendoza se plantea que el mismo se formula sobre la base de planteos moralistas, más propias de un cura que de un revolucionario. Entiendo que no es asi. El criticado autor manifiesta un planteo político-social -si bien muy limitado-, asentado sobre una caracterización que, por un lado, cuestiona el régimen político burgués; y por otro, manifiesta -en forma escueta- el efecto que los psicotrópicos producen -el cual, coincido, es no sólo de embrutecimiento de las masas, sino que implican una limitación en la subjetividad de las personas, una terrible limitación en su elevación como individuo, que lo revela como incapaz de oponer cualquier resistencia al régimen social y al personal político que lo propicia (el problema fue observado por León Trostky, respecto de los obreros en la Rusia, en la etapa de transición, al escribir su libro Problemas de la vida cotidiana, en el que pone énfasis en la cuestión del tabaquismo y del alcoholismo).


Cabe hacer algunas consideraciones al respecto. Hoy existen muchas razones -psicológicas, económicas, sociales- que hacen que los jóvenes busquen una vía de escape a su insoportable rutina personal mediante el uso de una droga psicotrópica. Casi siempre se inicia con cannabis o, actualmente, con el paco o el alcohol -o ambos-, entre los sectores populares. Esto no implica que todo joven que pruebe drogas tiene problemas de adicciones. Para que una persona se vuelva adicta es necesario consumir sistemáticamente la droga, marcando un proceso que tiene sus raíces en la necesidad de "escapar" de una realidad insoportable -personal, familiar y social-, que es fuente de malestar que lo condena a una vida sin sentido. En estas condiciones, las drogas funcionan como "un vehículo de escape", que aparece como "una solución" a sus problemas insolubles. Sólo en un contexto de entender que la necesidad de vida es una necesidad de interacción con los otros, de creación colectiva dentro de la sociedad, puede desarrollarse la personalidad humana, integrada y sentimentalmente madura, para poder lograr su autonomía como ser social, para llegar a constituir la individualidad social libre de una sociedad de transición al socialismo.


La autonomía y la libertad personal sólo pueden existir dentro de una comunidad liberada, por medio de la emancipación humana universal y de la más alta conciencia de la necesidad natural y de su trascendencia histórica. El efecto producido por la droga perturba la conexión que existe entre el sujeto y el mundo objetivo, el diálogo entre el ser humano y la realidad social. Frena cualquier acción social, no sólo durante el momento de consumo de la droga. Es un proceso de cambio del funcionamiento del individuo en el mundo, un proceso de total extrañamiento y destrucción de la subjetividad. En el presente período histórico -con el individualismo, el consumismo, el pesimismo y la estigmatización de la juventud que conforman las principales características de la decadente civilización capitalista, reproducidas por la ideología dominante-, el proceso de subjetivización y socialización de una persona está bloqueado, ya que el lazo social humano ha perdido todo significado y está quebrado.


Este proceso de aniquilación se convierte en fuente de un inmenso dolor físico, que torna al individuo vulnerable, inseguro y dependiente de sus vínculos familiares o de otros vínculos afectivos importantes, viviendo en un estado de continua chatura, insatisfacción y un sentimiento de vacío interior que persiste psíquicamente, incluso si el individuo consume grandes cantidades de bienes de todo tipo. Un sustituto artificial que reemplaza la vida con su simulacro y, más allá, la militancia política con la apatía política y la indiferencia social, evitando toda forma de lucha contra la pobreza, el desempleo, la represión, la inequidad social y la miseria.


El síndrome a-motivacional, característico del consumo continuo de cannabis, es un ejemplo del aspecto político del problema, pues aleja de cualquier tipo de interés en la política y en la vida real. Esta es una cuestión crucial para una juventud que enfrenta problemas vitales como el desempleo, la pobreza, la criminalización y la estigmatización. Vivir en el mundo artificial de las drogas permite que las clases dominantes tengan el camino libre para tomar cualquier medida de austeridad y para violar todos los derechos democráticos, políticos y sociales de la juventud sin temer reacciones serias.


Pero además del aspecto político del problema, está el aspecto económico. Las drogas son una fuente de inmensa riqueza, una mercancía que los capitalistas desean ver ingresar al mercado capitalista. Cuando se hable de los casos de "consumo personal" como argumento para sostener una posición que tienda a defender la legalización de las drogas, es necesario remarcar que este existe sólo cuando alguien se inicia en el consumo, durante un muy breve período, ya que toda droga psicotrópica se caracteriza por la necesidad de aumentar continuamente la dosis personal -lo que científicamente se conoce como "tolerancia"-, lo que lleva al consumidor a buscar inevitablemente dosis mayores, así como otras drogas para lograr un efecto de "estupefacción".


Al hablar de acción psicotrópica debemos hacer hincapié en que la mayoría de los casos de adicción se ven precedidos por el uso simple y sistemático de la droga, ya que la adicción no es una enfermedad en el sentido médico del término, sino que es un fenómeno social multifactorial, lo cual vuelve peligroso e incluso catastrófico plantear como contrapropuesta a la legalización, la desastrosa y reaccionaria política de penalización. Pero es igualmente peligrosa la lógica que subyace a la política de despenalización y legalización. Esa es la lógica fenómeno social que se expande en un contexto de malestar social generalizado, que tiene sus raíces en la actual crisis económica, social y cultural del capitalismo.


Lo que se presenta como "radical" es, en realidad, muy conservador, porque propone medios legales para "escapar" a las contradicciones sociales y conservar la apatía social y política, dejando de lado y ninguneando todos los métodos de clase que se revelan como capaces de afrontar los problemas de una vida cotidiana vaciada de motivaciones, y que tienden a reconstruir la sociedad sobre nuevas bases sociales, tendiendo sobre esa reconstrucción a la verdadera elevación del hombre en todos los aspectos de su vida. En nombre de los "derechos individuales" y particularmente bajo el pretexto del "derecho a disponer libremente de su cuerpo", la falacia neoliberal y/o centroizquierdista oculta un problema con raíces profundamente sociales y lo manipula para introducir un mecanismo de control social de los oprimidos en condiciones de crisis sistémica, al mismo tiempo que cultiva el individualismo y la apatía, la adaptación al status quo.


Contra la reaccionaria política de penalización y represión de los adictos, así como contra la manipulación liberal y demagógica del problema social de la adicción a las drogas mediante su legalización y perpetuación en beneficio del dominio capitalista, necesitamos una política realmente radical y emancipatoria, en todos los frentes que el problema de la droga trae consigo, a saber: De comunidades terapéuticas, basadas en una filosofía revolucionaria y en una práctica de liberación social, para el caso de aquellas personas con dependencia sistematica de psicotrópicos.


En segundo lugar, el planteo de cese de persecución y penalización por tenencia y consumo de estupefacientes. Entendida esta consigna dentro de un planteamiento integral en la problemática referida a la droga, en la cual se ponga de manifiesto la barbarie de un régimen social que no brinda perspectivas de superación individuales, ni sociales a las masas, es decir volcando a estas al consumo de sustancias que lo hagan escapar de esa realidad miserable, de esa tragedia humana producida por el capitalismo en su fase terminal.


Asimismo oponernos a la legalización de las drogas la cual implica una manipulación liberal y demagógica del problema social de la adicción a las drogas tendiente a la perpetuación en beneficio del dominio capitalista.

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