Sociedad
3/8/2026
La producción social de la vulnerabilidad y el horizonte mortal en la juventud

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La mitad de la juventud argentina vive hoy en condiciones de vulnerabilidad. Así lo establece el reciente informe "Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro", realizado por un equipo de investigadores de la UBA dirigido por Juan Cruz Esquivel del Conicet. De los 1.002 jóvenes relevados entre 18 y 29 años, apenas el 18,9% tiene empleo registrado, el 76% trabaja en condiciones de informalidad y precarización, el 78% carece de cobertura social y un tercio integra la categoría del "Triple Ni": ni trabaja, ni estudia ni busca trabajo.
La vulnerabilidad ya no se reduce a la situación socioeconómica. También se expresa en el estado subjetivo de la juventud. Más del 70% manifestó padecer problemas frecuentes de ansiedad, el 50% síntomas compatibles con depresión y un 30% dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias. El Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA muestra, además, que la población de 18 a 29 años presenta los mayores niveles de ansiedad, depresión y riesgo suicida.
Los "vulnerables" ya no visualizan un horizonte de vida. La hiperprecarización laboral, la imposibilidad de acceder a una vivienda, un título universitario que ya no garantiza movilidad social y el discurso meritocrático del "éxito individual" configuran una subjetividad atravesada por la frustración, el endeudamiento y la desesperanza. En ese contexto se vuelven cada vez más tentadoras las apuestas online, los créditos fáciles de billeteras electrónicas y la ilusión del éxito inmediato como "influencers" en redes o ganancias multimillonarias en inversiones "ponzi". El resultado en el 99% de los casos es conocido por todos: fracaso, frustración, endeudamiento, pesar de vivir, falta de horizonte. En esa trayectoria subjetiva comienza a expresarse una epidemiología preocupante. En el aumento de casi el 23% de las estadísticas generales del suicidio del año 2025 respecto al 2024, informado por el Sistema Nacional de Información Criminal del Ministerio de Seguridad Nacional (junio 2026); el último Boletín Epidemiológico Nacional del 2025 resalta que las tasas más elevadas de intentos de suicidio corresponden a los grupos de 15 a 19 y de 20 a 24 años. Asimismo, el propio ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, acaba de alertar en una reciente entrevista con Infobae que entre enero y mayo del 2026, en el ámbito de la CABA, los intentos de suicidio aumentaron un 44% en relación con el año pasado, y que "las condiciones de salud mental han crecido críticamente en la niñez y adolescencia". La concusión de Quirós en la entrevista resulta una confesión de parte sobre el estado del sistema de salud pública y mental: "Hay una alerta grande en los problemas de salud mental. La demanda de asistencia es imposible de abarcar".
El suicidio constituye un fenómeno complejo y multicausal, imposible de explicar desde una única variable. Si bien no corresponde omitir la responsabilidad subjetiva por el acto en no pocos casos, ello no exime interrogar las condiciones históricas, materiales y discursivas bajo las cuales ese acto puede llegar a hacerse posible.
La vulnerabilidad, insistimos, ya no debería pensarse solamente como una categoría socioeconómica, sino también histórico-subjetiva. Sin establecer una relación causal y lineal mecanicista con el suicidio juvenil, vale preguntarse si un régimen que frente a su juventud naturaliza la precarización laboral, obtura la autonomía habitacional, promueve el endeudamiento económico y moral, exalta el éxito individual y convierte el fracaso en culpa personal no contribuye a configurar un escenario de creciente vulnerabilidad subjetiva que potencialmente hasta puede ser hasta mortal. Si este planteo tiene alguna legitimidad, la prevención del suicidio y de los actuales padecimientos psíquicos de masas (especialmente la juventud) a la hora de proponer y luchar por políticas públicas en el campo de la salud, exige también discutir las condiciones sociales y culturales que producen desesperanza, frustración y desilusión en una generación entera.

