Sociedad
19/5/2026
Lamine Yamal, el Rayo Vallecano y el fútbol obrero y popular

Seguir
Lamine Yamal.
Lamine Yamal levanta la bandera palestina y eso es, según algunos voceros mediáticos, “hacer política”. La mirada no es inocente: apunta a que la política o las reivindicaciones de ciertas consignas están atravesadas por intereses o significados que contaminan una supuesta neutralidad, sinónimo de corrección. Cada cosa en su lugar: un deportista no puede hacer política, algo limitado a determinada cantidad de personas pero, sobre todo, de discursos.
Curiosa concepción, no esa que configura la forma de pensar que deben tener los futbolistas, sino aquella que indica que callarse no es hacer política. Más a fondo: si Yamal hubiese mostrado una bandera de Israel, ¿lo acusarían de “hacer política”?, ¿O lo calificarían como alguien que defiende una religión?
La pregunta se responde sola: no molesta que se haga política, molesta que se joda al poder.
En el entrecruce permanente del fútbol y el compromiso ante las causas populares hay una frase muy común en la jerga tribunera. Volvió al ruedo el día que algunos jugadores de la selección argentina se dieron la mano con el belicista y genocida de Donald Trump. Ellos son, se dijo y volvemos a abrir comillas, “más Pelé que Maradona”. Se entiende fácil la metáfora: el astro brasilero era una figura afín a las mieles del poder político y económico, mientras que Diego representó, más allá de las opiniones personales, una piedra en el zapato de la élite futbolística, elevando a la Italia plebeya, plantando bandera contra la Fifa y el Vaticano y hasta intentando armar un sindicato de futbolistas. Se dice, y posiblemente sea cierto, que la mayoría de los jugadores son más Pelé que Maradona.
La historia de Yamal lo convierte en referente: nacido en España, de raíces marroquíes, muestra y se muestra como el espejo de un pueblo atravesado por la opresión y el sin sabor del oprobio de la migración. Que hoy es un multimillonario, podrán decir, y tienen razón. Su acto político no lo convierte en un revolucionario ni mucho menos, pero es un gesto político que muestra una reivindicación objetivamente antiimperialista, más allá de si él mismo lo califica de esa manera o no, algo que no podríamos saber.
El deporte en general y el fútbol en particular es un vehículo permanente de mensajes políticos. Por eso es un botín apreciado por dirigentes políticos tradicionales que, con diferentes signos políticos, buscaron apropiarse del deporte para sus estrategias de manipulación, explotación e intereses varios. Es por eso también que es un símbolo de resistencia: apropiado por las luchas populares, tiene una potencia enorme. Si Yamal tiene una bandera palestina, eso significa, construye, se transforma en un arma poderosa para la batalla política. Por eso les duele.
La reivindicación de aquellos que son más “Maradona que Pelé” puede ir más allá de un jugador individual. Vale para el colectivo uruguayo “Deportistas por la Memoria”, que, en la antesala de una nueva Marcha del Silencio por los desaparecidos de la última dictadura, armó un video con la consigna “30 años marchando. Que nos digan dónde están”. Grandes figuras del balompié charrúa se sumaron a la iniciativa, entre ellas el histórico Oscar Washington Tabarez. También vale la reivindicación para el Celtic de Glasgow, campeón de Escocia en la última fecha ante el Hearst, que levanta no solo la bandera palestina en sus tribunas sino también la lucha contra la corona británica.
Pero si de equipos de lucha hablamos, todos los galardones se los lleva el Rayo Vallecano. Desde Vallecas, una zona periférica a Madrid, barrio obrero si los hay, el equipo que este último domingo despidió a una de sus grandes figuras, el argentino Oscar Trejo, metió un batacazo y jugará la final de la Conference League, el tercer torneo europeo de clubes en orden de importancia internacional. Su hinchada, los Bukaneros, han mostrado en varias ocasiones banderas con consignas del tipo “pequeño en lo deportivo, grande en valores, que viva el Rayo de la clase obrera”; o “si el capitalismo no tiene salida, no te quites la vida. Unios hermanos proletarios” o “lucha obrera, huelga contra el capital”.
Autodefinido antifascista, alguna vez el club lanzó una campaña solidaria para ayudar a una mujer de 85 años desalojada por las fuerzas policiales del Estado español en Vallecas. Es una de tantas luchas. En la red social Twitter, un usuario bautizó a Alemao, centrodelantero, figura del Rayo, como el “Harry Kane de los pobres”. Jugarán la final el próximo 27 de mayo, contra el Crystal Palace.
Alguna vez Angel Cappa dijo “el fútbol le pertenece a la clase obrera”. Cuando Lamine muestra sus cartas, cuando el Celtic levanta la lucha contra el genocidio, cuando el fútbol se entremezcla con el movimiento obrero y popular, cuando Alemao cabecea, parece que nosotros hacemos un gol. Porque el deporte se hace nuestro. Y porque el mundo, tarde o temprano, también lo será.




