Sociedad
1/9/2026
Lionel Andrés Messi: el amor hecho gambeta
Veintiún años gambeteando, llorando, jugando; la sonrisa de un mundo que a veces parece maldito.

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Para observar bien a veces hay que cerrar los ojos. Hagámoslo, por un segundo. Imaginemos que Messi se retiraba, como era lógico, a los 34 años. Es decir, antes del 24 de junio del 2021. Antes de la noche del Maracaná, de los penales en el Lusail, del bicampeonato de América, del centro contra Inglaterra. Como caracteriza a las grandes novelas, las mejores páginas estuvieron al final.
Alguna vez Stuart Hall, marxista de los Estudios Culturales, dijo que los pueblos decodifican mensajes de formas variadas. Eso está lógicamente atravesado por relaciones de poder y significación complejas, pero tiene un sentido común: la interpretación. Messi significa y eso va mucho más allá de si Messi quiso o no significar.
Pero, entonces, ¿qué significa?
La de Messi y el seleccionado argentino es una de las historias de amor más fuertes de todos los tiempos. Veintiún años caminando, gambeteando, llorando, jugando. Demasiadas historias. Ese purrete que le quiso dar el premio al mejor jugador del sub-20 a Obi Mikel en Holanda para que no se sienta triste, el nene chinchudo que terminó mirando a la nada en Berlín, el que tiraba paredes con Diego en Sudáfrica, el que miró de frente al Cristo Redentor.
Ahí, justo ahí, vino el mejor, que no es el que tiene medalla, sino el que supo arrepentirse del pecado de abandonar. Pocos lo recuerdan, pero Messi generó una suerte de autoconvocatoria popular (#NoTeVayasLio) para pedir que no se vaya de la selección. Messi no volvió porque nunca se fue. Ahí se ve una primera clave: Messi es felicidad en un mundo triste, amargo. Todo sin copas ni nada. No hace falta levantar el trofeo en Qatar ni vencer a Inglaterra para hacer de la gambeta un tránsito de amor.
Entonces, ¿qué significa?
Lo mejor vino al final. Un equipo de autor, fantástico, del que Messi era contrabajista y director de orquesta a la vez. Historia que, a mi entender, confundió el espíritu de la cuestión: Messi no es grande por una Copa del Mundo, sino por haber amagado a aflojar sus rodillas en el césped, pero haberse levantado antes. No hay medalla más brillante que la bandera de intentar.
Entonces, ¿qué significa?
La vida significa. Parafraseando al escritor Ariel Scher, todo mientras Messi. Su vida coincidió, interpretaciones al margen, con un momento político y económico del país que condenó a la mayoría de su clase trabajadora al ocaso, a la desmoralización, a la tristeza incalculable. La fila del funeral de Maradona tenía un cartel que indicaba que la carrera de Diego lo había hecho más feliz que cualquier partido político gobernante. Hay algo ahí.
Los pueblos decodifican como pueden, más que como quieren. Messi es la sonrisa de un mundo que a veces parece maldito. La ilusión del condenado. El amor hecho gambeta. ¿Quiso serlo? No lo sé, ni me importa. Su última asistencia fue al ángulo: centro para ganarle a los piratas y frase para la historia: “Se lo dedicamos a la gente que no llega a fin de mes”.
Elegir a los héroes a veces tiene mucho de aleatorio. Todos tienen la característica inequívoca de buscar que este instante sea menos feliz que el que viene. Los héroes son como la poesía: nadie sabe para qué sirven exactamente pero la vida es inexplicablemente más bella porque están ahí.
Menos que mucho, más que poco. La melancolía de hoy es la sonrisa del futuro cercano: solo tenemos que entender que, dentro de poco, podremos ver a nuestro héroe cuando cerremos los ojos.





