23/12/2017

Megafusión Telecom y Cablevisión: una larga historia de alianzas y negociaciones mafiosas

Más que un regalo de Navidad por los servicios prestados, la resolución del Enacom (5644/17) que autoriza la fusión Cablevisión y Telecom viene a coronar una historia de cuarenta años de alianzas y negociaciones mafiosas entre el Estado y el grupo Clarín que, a partir del 1º de enero, se convertirá en la primera empresa en condiciones de dar cuádruple play en el país (telefonía fija y móvil, televisión paga y banda ancha) y pasará a controlar el 38% del mercado de TV paga, un 68% de la banda ancha fija, un 39,5% de la banda ancha móvil, un 40,9% de la telefonía fija, y un 30% de la telefonía móvil.


Una estrategia a largo plazo


El lunes 13 de noviembre, Héctor Magnetto abrió el 23º Encuentro de Gerentes del Grupo Clarín, en Mar del Plata, con una serie de consideraciones sobre la situación política nacional y resumió la historia del grupo en términos de “difícil camino transitado” (Clarín, 13/11) desde la crisis 2001 hasta los años del kirchnerismo a los que describió como caminar todo el tiempo con una “pistola en la cabeza”. Curiosa biografía de Clarín que nada dice sobre los sucesivos rescates del Estado: la dictadura que le entregó el formidable y monopólico negocio de Papel Prensa, el menemismo que modificó el artículo 45 de la vieja ley de medios para permitir su ingreso en el mercado audiovisual, el salvataje del duhaldismo con la ley de “bienes culturales” que evitó la quiebra del grupo, el kirchnerismo que le extendió la licencia por diez años y habilitó la fusión Cablevisión y Multicanal. Un camino bastante expedito, incluso si sumamos los apenas seis años que se dispararon a partir del llamado conflicto del campo que no pasaron de la guerra verbal (el cronista reseña que Magnetto aludió con ironía al inútil epitafio de “Fibertel no existe más”, por parte de un ministro que ahora está preso en Marcos Paz) y que jamás amenazaron la consolidación de uno de los grupos mediáticos más poderosos de Argentina. Como parte de los “indudables avances” bajo el macrismo, habrá que consignar la compra de Nextel y, sobre todo, esta megafusión entre Cablevisión y Telecom que, como afirma en una entrevista Magnetto, “está alineada con lo que pasa en el mundo", aunque “el paso estratégico” nada tenga de “natural” (Apertura, 22/12).


Aunque no lo veamos…


El grupo Clarín no aparece formalmente en la operación –el año pasado se dividió en dos firmas: Clarín, a cargo de medios y producción de contenidos; Cablevisión Holding, televisión por cable y telecomunicaciones. Pero los principales accionistas de Cablevisión son Felipe y Marcela Herrera de Noble, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro, todos hombres de Clarín. Con esta fusión, quienes retenían el 60% de Cablevisión, pasarán ahora a contar con el 33% de las acciones pero de una nueva corporación que jugará en todas las bandas.


El otro protagonista con menos exposición pública es el mexicano David Martínez, la cabeza de un fondo que creció, como otros tantos buitres, a partir de la compra de empresas quebradas y títulos de deuda de países defolteados, entre ellos Argentina. Es el actual dueño del 40% de las acciones de Cablevisión y también fue despejando el camino para llegar a esta megafusión. A principios del año pasado, Fintech, que retenía el 17% de las acciones de Telecom, compró el 51% de las acciones de Sofora y luego el 32% de la familia Werthein para finalmente quedarse con la totalidad de Telecom. Ahora, el fondo buitre pasará a ser dueño del 41% de la megaempresa fusionada.


Lo que se viene


A partir de la resolución del Enacom, se abre un plazo de 45 días para que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia –presidida por Esteban Greco- apruebe la fusión. Un trámite que apenas, según reza la resolución, deberá atender algunos requerimientos para evitar “una concentración de mercado significativa” (sic). La nueva compañía “deberá desprenderse de 80 megaherz del espectro radioeléctrico que tienen de más en relación a Movistar y Claro con 140 cada una” (Ambito financiero, 22/12), tendrá que compartir la infraestructura “para dar internet a otros prestadores en los lugares del país donde tiene posición dominante” (en Córdoba, por ejemplo, la unión de Fibertel y Arnet concentran el 95% del mercado de banda ancha), “no podrá ingresar en localidades con menos de 80.000 habitantes, y si ya estuviese en alguna de ellas, no podrá ofrecer el paquete de los cuatro servicios hasta el 1° de enero de 2019” (ídem).


El paso restante será la firma del decreto que habilite a Telefónica y Claro a vender televisión satelital para abrir el negocio del cuádruple play a los otros dos contendientes.


Este cuadro de hiperconcentración prenuncia no solo mayores límites a la libertad de expresión –antagónica a los monopolios capitalistas- sino también mayor precarización laboral y despidos de trabajadores. Forma parte de la historia de Clarín, desde 1976, una política empresarial de intimidaciones, amenazas, despidos para impedir la organización de sus trabajadores, como se manifestó en la brutal represión a fuerza de balas de gomas y gases contra los gráficos y la interna clasista de Artes Gráficas Rioplatenses (AGR) en enero de este año. Pero también es parte de esta historia la persistencia en la lucha y la organización de los trabajadores de prensa y de las telefónicas para defender sus derechos conquistados y sus organizaciones.


Esta, sí, es la madre de todas las batallas.

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