22/03/2018

Murió René Houseman, uno de los mejores de la historia del fútbol argentino

Borracho le hizo un gol a River, al “Pato” Fillol, por el Metropolitano de 1977. Enseguida pidió el cambio y se fue a su casa.


El día anterior, sábado a la noche, habían bautizado a su hijo. En la tarde del domingo todavía le duraba la borrachera y así llegó a la cancha. Los dirigentes no querían dejarlo jugar, pero él pidió que lo dejaran dormir “una siestita” para reponerse un poco. Al rato, todavía bastante borracho, entró en la cancha, le hizo el gol al “Pato” y se fue.


Otra vez, en un partido del Seleccionado contra Brasil, le hizo un caño a Pelé.


Tipo sentimental. En algunos partidos, cerca del final, simuló lesiones y pidió el cambio “para que pudiera cobrar el premio por haber jugado algún pibe que andaba mal”.


También era hombre de rencores fuertes. Se odiaba sin más con Daniel Passarella. Una noche, en una comida en la que estaban ambos, Passarella se le acercó para aclarar el “mal entendido” y superar la situación. “Todo bien, pero cuando lo vi venir lo esperé con un cuchillo en el bolsillo. Por las dudas ¿viste?”


Por esas cosas le decían “el Loco” a René Houseman, uno de los mejores gambeteadores, seguramente uno de los jugadores más habilidosos de la historia del fútbol argentino.


Había nacido en una villa miseria de La Banda, en Santiago del Estero, en 1953. Este jueves 22 lo mató un cáncer de lengua a los 64 años. 


Fue campeón en ese Mundial sanguinolento, tétrico, de 1978, y le dio la mano a Jorge Videla. “Es una de las cosas de las que más me arrepiento en mi vida”, dijo alguna vez. “Yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando con la represión, si sabía creo que no jugaba”. Una diferencia, después de todo, con César Menotti, que lo llevó a Huracán en 1972 y lo dirigió en el Mundial videliano. Muchas veces dijo el DT: “Yo sabía perfectamente lo que pasaba, yo no era un boludo al que pudieran engañar”. Y aclaraba que su partido, el Partido Comunista, le indicó que siguiera al frente del Seleccionado.

En el año 2008, al cumplirse 30 años del Mundial, organismos de Derechos Humanos organizaron un partido de desagravio a los 30.000 desaparecidos bajo la dictadura. Sólo tres jugadores de aquel seleccionado participaron del mismo. Uno de ellos fue Houseman, quien recibió una medalla de reconocimiento de la mano de Norita Cortiñas. 


Jugó 289 partidos en Primera División, 277 de ellos en Huracán. Hizo en total 142 goles, 109 en el Globo y 13 en el Seleccionado. Tuvo pasos fugaces e intrascendentes por River e Independiente (estuvo en Independiente en 1984, cuando el equipo ganó la Libertadores y la Intercontinental, pero él sólo jugó tres partidos). También jugó en el exterior: el Colo Colo, de Chile; y el Amazulú, de Sudáfrica. Había empezado en las inferiores de Excursionistas, donde terminó su carrera en 1985, y en Defensores de Belgrano.


Peronista, una tarde Néstor Kirchner lo invitó y él concurrió a la Casa Rosada. “Me puse traje y todo”, contaba, aunque su recuerdo favorito era otro: el de un encuentro con Juan Perón quien, mientras la daba la mano, le dijo: “así que usted es el famoso Houseman”.


Este martes se murió, arrepentido de haber saludado a Videla. Fue campeón del mundo, le hizo un caño a Pelé y un gol borracho al “Pato” Fillol. Tal vez, el último de toda una generación. Tal vez, el mejor de ellos.

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