22/09/2020

Radiografía de la pobreza y desocupación en CABA

Los números del primer semestre de 2020.
Por Viole Ta

El Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires recientemente ha lanzado su publicación periódica titulada “Condiciones de vida en la Ciudad de Buenos Aires: indigencia y pobreza por ingresos y estratificación. 2do. trimestre de 2020” correspondiente a los datos del primer semestre de este año. Un análisis de los mismo permite caracterizar en concreto el panorama en el cual la supuesta “ciudad más rica del país” muestra su expresión más acabada hacia la miseria social.

Una ciudad cada vez más empobrecida

Es así como el 33.6% de los porteños se encuentran bajo la línea de pobreza, representando un 10% más que durante el primer trimestre de 2020. Esto significa que hay más de un millón de personas que no alcanzan el monto estimado de la Canasta Básica Total, que además de alimentos está compuesta por rubros como vestimenta, salud, transporte, entre otros. Dentro de ese porcentaje, casi el 16% de los trabajadores de la Ciudad se encuentran bajo la línea de indigencia, es decir que no alcanzan siquiera el valor de la Canasta Básica de Alimentos.

Al verlo en función de los hogares, el porcentaje de pobreza se aproxima al 26%. De esos hogares, los encabezados por las mujeres tienen una incidencia de la pobreza del 37.8%, resultando significativamente superior a los encabezados por los hombres que se encuentran en el 29.9%.

Otro dato que resalta es que los hogares con niños menores de 14 años tienen una incidencia de la pobreza del casi 44%.

En la comparación interanual entraron en la pobreza 353.000 habitantes de CABA. El dato llamativo es que el aumento de casi 10 puntos porcentuales, de un año a otro, se expresa a partir del crecimiento de la indigencia entre estos años, lo cual se ha triplicado. La mayor aceleración se registra para entre el primer trimestre 2019 y 2020. En el extremo se destaca que son 48.000 hogares los que percibieron un ingreso 0 en el período, siendo casi cinco veces más que en 2019.

El propio informe concluye, a partir de análisis histórico del período de registro (2015-2020), que estamos en presencia del momento donde la pobreza arribó a sus niveles más altos, a partir de un empobrecimiento general de la población. Los estratos más altos se reducen porcentualmente en función de un achicamiento concentrado en lo que llaman “los sectores medios” (los hogares compuestos por un ingreso que se encuentra entre el 1.5 y 4 veces la Canasta Total de Alimentos). De nuevo, resalta la expansión de la indigencia y se planta en su valor más alto de toda la serie histórica.

Otro de los aspectos que se explica es que, en parte, la profundización de la pobreza se debe a que en la Ciudad hay 323.000 personas que perdieron su empleo en los primeros seis meses del 2020. Incluso que, quienes conservaron su empleo, vieron un golpe a su capacidad adquisitiva con una variación de precios que se encuentra en el orden del 40%.

Los irrisorios montos de la asistencia social por parte del Estado dan cuenta de lo insuficiente que resulta y que ni siquiera funcionan como un paliativo frente al crecimiento de la miseria.

El salario en su peor momento

Durante el mes de agosto de 2020 la Canasta Básica Total de CABA se calculaba en $45.933, correspondiente a un hogar compuesto por dos adultos de 35 años activos económicamente, propietarios del hogar y con dos menores a cargo. Mientras que la línea de indigencia ronda los $24.000 para la misma conformación familiar. Estos valores representan un aumento interanual del orden del 45%-49% que visto al calor del ajuste salarial pone de manifiesto el tenor del ajuste que pulveriza los bolsillos obreros.

El 50% de los trabajadores porteños, según datos del mismo organismo, alcanza la suma mensual de $48.000, es decir el mismo valor calculado para la línea de pobreza del grupo familiar. Este indicador toma relevancia para poder medir la situación salarial, ya que resulta descriptivo en la medida que no se encuentra influenciado por los extremos, como si lo hace el promedio, de forma tal que presenta un valor considerablemente más elevado y no tan representativo de las condiciones de vida.

La tendencia a la depreciación del peso con el impacto que conlleva en la inflación y desvalorización de los salarios que provocaron, entre otras cosas, las nuevas restricciones a la compra de dólares, echan combustible en una población ya profundamente empobrecida.

América Latina: la misma cara de la moneda

Si bien los datos de la Ciudad de Buenos Aires pintan de cuerpo entero una realidad donde la pobreza y la pauperización creciente se expresan cada vez más, estos valores se encuentran en sintonía con los parámetros de la Argentina y de América Latina en su conjunto. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA se perdieron 950.000 puestos de trabajo en todo el país durante el primer semestre, además de que la pobreza aumentó en cuatro millones y la indigencia un millón más. Unicef estima que para fines del 2020 el 63% de los chicos serán pobres.

A nivel país la caída se compone por casi 300.000 dentro del empleo privado. Se destacan los 20.000 puestos perdidos dentro del trabajo en casas particulares, dejando a la deriva particularmente a un sector que concentra a las mujeres, incluso siendo que la gran mayoría de trabajadoras domésticas no componen el universo de los trabajadores registrados. A lo cual hay que agregarle los que se estiman aproximadamente 4,8 millones de empleo asalariado no registrados sobre los cuales se cree que las pérdidas rondan en más de 650.000 puestos de trabajo (OSDA). Si bien no hay registro concreto de la magnitud de los despidos en este sector, sí es claro que resulta el más golpeado por la crisis. El famoso decreto antidespidos, que ha quedado como papel mojado frente a las patronales, ni siquiera engloba a este sector.

América Latina, como los pronósticos anunciaban, se ha transformado en el epicentro de la crisis pandémica: no solo por la cantidad de contagios sino por el creciente aumento de la pobreza. Si bien la región ya encontraba cifras récord en pobreza, desigualdad y precarización laboral, la tendencia al crecimiento de la pobreza está más vigente que nunca. Según datos de la Cepal, los niveles de informalidad laboral ya se encontraban en el 53%, mientras que el déficit habitacional y acceso a los servicios básicos, como saneamiento y salud, ya era crónico.

En un informe del mes de mayo de este año informan que las proyecciones, que no son las menos optimistas, indican que la pobreza aumentaría al menos 4,4 puntos porcentuales (28,7 millones de personas adicionales) con respecto al año anterior, mientras que la pobreza extrema lo haría para 15,9 millones de latinoamericanos nuevos.

El coeficiente de Gini -que sirve para medir el nivel de desigualdad y es comúnmente utilizado para medir la desigualdad económica- indica un aumento en la región y se proyecta como un indicador que crecerá aún más en lo que resta del 2020 (Informe Especial Covid-19 N°3, Cepal).

El informe continúa con una referencia a que, producto de la debacle provocada por el virus, los objetivos 2030 de terminar con la pobreza en todo el mundo a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sustentable han quedado comprometidos. Una de las contradicciones imperantes en organismos como la Cepal es que el problema de la pobreza no puede resolverse bajo los márgenes de un sistema de depredación y explotación como es el capitalismo y mucho menos en su etapa de decadencia.

Necesitamos una salida de los trabajadores

Estos números desnudan una realidad cada vez más compleja. La cuarentena ha venido a profundizar una tendencia creciente a la pobreza y a la precarización en la Ciudad de Buenos Aires. La supuesta “opulencia” porteña queda restringida a un sector cada vez más reducido, mientras vastos sectores de trabajadores se empobrecen cada vez más y muchos de ellos directamente pasan a la categoría de “emergencia alimentaria”; es decir que directamente el hambre azota sus hogares.

Desde la bancada de Gabriel Solano en la Legislatura porteña se ha presentado un proyecto de ley que plantea el reconocimiento laboral de las personas que asisten a los comedores como trabajadores esenciales, poniéndolas bajo convenio y otorgándoles los derechos laborales correspondientes, con un salario igual al costo de la canasta familiar además de que se garantice la provisión de alimento correspondiente ya que si bien el hambre aumenta, la respuesta por parte del gobierno ha sido no abrir más comedores y no reconocer a sus trabajadores como esenciales.

Las tomas de tierras son otra de las múltiples expresiones de la miseria para la cual los trabajadores no encuentran otra respuesta que el reforzamiento de la policía y el aumento de la represión. El nivel del ajuste va a agudizarse cada vez más frente a las negociaciones con el FMI que reclamará ajustes fiscales y reformas de todo tipo. Los trabajadores necesitamos irrumpir en la escena política, con un programa propio, y para que no seamos los que paguemos el costo de la crisis.

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