27/08/2020

Zoo de Luján: un infierno de maltrato animal y precarización laboral

Hace unos días, en una inspección conjunta, personal del Ministerio de Ambiente de la Nación, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, la Policía Ambiental y la Municipalidad de Luján, se apersonó en el zoológico local para constatar «denuncias de abandono y maltrato animal» (Ladran Sancho, 25/8).

Los inspectores realizaron un operativo sorpresa, repitiendo una modalidad que habían efectuado en el mes de febrero de este año. En la presente requisa, se encontraron con las fajas rotas de la clausura anterior en algunos sectores. Los vecinos de la zona y trabajadores del lugar describen un terrorífico panorama y lo hacen de manera encubierta para evitar las represalias de sus dueños.

Se denuncian desde quemas y matanzas indiscriminadas hasta el hacinamiento y mal estado de salud de los animales, pasando por especies muertas en depósitos putrefactos con las que se alimentan a otros ejemplares vivos. Además de entierros de grandes animales como elefantes y leones, debajo de sus propias jaulas.
Otra cuestión que se imputa a los propietarios es alterar el inventario de especies en el establecimiento, violando la normativa provincial de fauna. O lo más peligroso, el ingreso de los turistas a los recintos para estar junto a animales previamente dopados.

A esto se suma la situación de muchos de los trabajadores del zoo, que desempeñan sus tareas de manera totalmente precaria en exposición a riesgos sanitarios y de accidentes y con magros salarios y contratos en negro.

Tengamos en cuenta que el dueño del «Zoo Luján» goza de una enorme impunidad de décadas. Con miles de denuncias y cuantiosas sanciones, siguió funcionando normalmente, salvo ahora por la pandemia del Covid-19. Un verdadero protegido de los diferentes gobiernos de turno provinciales y municipales.

Por el cierre definitivo del Zoo

Apelando a la demagogia, el defensor del pueblo provincial Guido Lorenzino, manifestó que el zoo de Luján
«debe reconvertirse lo antes posible» (El Civismo, 25/8). Pero es fundamental que con los vecinos, las organizaciones ambientales, protectoras de animales y profesionales veterinarios impulsemos una campaña por su inmediato cierre.

Algo que debemos tener en cuenta en la urgencia es el reclamo al Estado para que esté a cargo del cuidado y alimentación de los animales existentes, hasta tanto se resuelva su traslado.

Un plan de acción para posteriormente discutir una salida para el zoológico, que debería convertirse en un espacio con fines educativos y recreativos, trasladando a los ejemplares a áreas protegidas y preservando las fuentes de empleo de sus trabajadores bajo condiciones dignas.

 

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