04/05/2020

¿Cómo debe ser la regularidad en las universidades en tiempos de clases virtuales?

Vamos por la regularidad incondicional y la defensa de los derechos estudiantiles.
Por Fede Casas secretario de Enseñanza de la FUA

Desde hace ya varias semanas avanza en la mayoría de las universidades y facultades del país la implementación de la llamada “educación a distancia”. Como hemos señalado desde las páginas de Prensa Obrera, la misma tiene bases sumamente precarias y se está transformando, en términos generales, en un “sálvese quien pueda”, donde estudiantes y docentes quedan a su suerte.


Por más que la Secretaría de Políticas Universitarias “recomendó” la reelaboración de los calendarios académicos, aceptando que esta virtualización a escala de todo el sistema universitario era muy problemática, la realidad es que las cursadas on-line continúan en todo el país. Si bien la UJS y el Partido Obrero defienden, como lo hacen los movimientos estudiantil y docente, la modalidad presencial de cursada, es necesario intervenir frente a esta modalidad, a la cual se recurre en esta situación de emergencia y aislamiento derivada por el coronavirus.


La improvisación del gobierno y las autoridades continúa…


En primer lugar, es necesario señalar que no se han tomado, hasta el momento, las medidas necesarias para garantizar el acceso a la totalidad de les estudiantes a este tipo de cursadas. Muches de elles no cuentan con las herramientas tecnológicas o la conectividad necesaria para asistir a las clases y acceder a los contenidos. La liberación de los datos móviles para los dominios de las universidades es una medida acotada, ya que depende mucho de las áreas de cobertura, y deja en general por fuera a las aplicaciones de videollamada. Ya los primeros datos que aparecen de relevamientos y encuestas, que realizan las instituciones y también distintas agrupaciones estudiantiles, dan cuenta de una deserción altísima en las cursadas virtuales.


En segundo lugar, el intento de una virtualización forzosa chocó de lleno con una situación crítica precedente del sistema universitario, fruto de la falta de inversión presupuestaria que es la regla en los últimos años. Un dato saliente es que la educación argentina transita el 2020 sin presupuesto votado, con la prórroga del que rigiera en 2019, cuando existe casi un 60% de inflación interanual.


En el caso de les docentes, es innegable que la virtualización implica una mayor precarización de su labor (mayor cantidad de horas, reelaboración de las propuestas pedagógicas, y un largo etc.) que no está contemplada en el Convenio Colectivo de Trabajo y que, para colmo, no ha sido discutida, por parte del gobierno y las autoridades, con ninguna de las representaciones gremiales.


En el caso de les estudiantes, también brilla por su ausencia la discusión con sus representaciones, y llegamos al día de hoy sin claridad sobre los métodos de asistencia y evaluación que regirán este período de emergencia y excepcionalidad. La improvisación general ha llevado a que cada cátedra en particular defina respecto a estas cuestiones, derivando esto en arbitrariedades de todo tipo, pasando por arriba derechos estudiantiles.


¿Qué debe plantear el movimiento estudiantil?


Es de primera importancia que, frente a la situación planteada, en cada centro de estudiantes y federación del país se impulse el debate. Se viene expresando por abajo un descontento de les estudiantes con el sinfín de problemáticas que trae aparejada la virtualidad, y es necesario que se elabore un programa de reclamos en consecuencia en cada facultad del país, atendiendo las cuestiones generales y específicas de cada lugar.


En ese sentido, la UJS-PO planteó en la última Junta Ejecutiva de la Federación Universitaria Argentina impulsar una campaña para que la virtualidad no deje a nadie afuera de la Universidad. Como base, se debe establecer la regularidad incondicional para todes les estudiantes de las universidades hasta el próximo año, que reconozca la cursada virtual desarrollada para quienes pudieron acceder y que no tenga ninguna consecuencia académica ni resulte en alguna penalidad para les estudiantes que no pudieron hacerlo, por el motivo que fuera. La regularidad académica, cabe decirlo, es importante además para el acceso a las obras sociales, becas y, en casos como el de la provincia de Buenos Aires, al beneficio del Boleto Educativo Gratuito que conquistara hace algunos años el movimiento estudiantil.


Respecto al problema de los regímenes de promoción de las materias, rechazamos cualquier intento de cambiar las promocionalidades de forma arbitraria (pasando de promoción directa a promoción libre, por ejemplo) lo cual funcionaría hoy como una medida restrictiva y limitacionista para el conjunto de les estudiantes, e implicaría que no haya ningún reconocimiento para quienes hacen el esfuerzo y logran acceder a las clases virtuales.


Otro punto importante tiene que ver con las modalidades de las evaluaciones, es decir el formato en el que se establecerá la acreditación de los contenidos. Planteamos que en este punto se debe establecer un debate entre docentes y estudiantes para trazar criterios pedagógicos de evaluación que no afecten los derechos estudiantiles referidos a los regímenes de promoción. Respecto a esto, las posibilidades son múltiples y tendrán que contemplar las particularidades de las materias (no es lo mismo materias mayormente teóricas que prácticas, por ejemplo) y los plazos que se establezcan sobre el retorno de las cursadas presenciales. Como cuestión transitoria, pueden tenerse en cuenta formatos que ya suelen utilizarse, como pueden ser los trabajos finales integradores de contenidos, o incluso posibilidades más específicas como la exposición oral o defensa de trabajos a través de las plataformas a disposición. En todos los casos se debe proceder en acuerdo con docentes y estudiantes involucrados.


Para atender la realidad de les miles de estudiantes que hoy se están quedando afuera, las universidades en su enorme mayoría no han siquiera impulsado un relevamiento de la situación estudiante por estudiante, la medida más básica de todas. Un estado de situación concreto y el destino del presupuesto necesario servirían para garantizar el acceso a las herramientas tecnológicas y la conectividad para la totalidad de estudiantes y docentes, y tomar medidas extraordinarias, como un plan de contingencia académico, para incluir a quienes hoy se están quedando afuera de las cursadas.


Por último, es necesario combatir el hecho de que la crisis social se empieza a traducir en una deserción récord, y para eso es necesario reforzar una asistencia material a les estudiantes. Reclamamos la adjudicación inmediata e irrestricta de la beca Progresar a todo estudiante que la solicite y su incremento a 10.000 pesos, el funcionamiento, a través de becas alimentarias para evitar las concentraciones, de los comedores universitarios, y un plan integral de becas que contemple todas las necesidades estudiantiles.


Exigimos que el Ministerio de Educación, el CIN (Consejo de rectores) y la Secretaría de Políticas Universitarias reciban en pleno a la Junta Ejecutiva de la FUA, como ya fue solicitado, para llevar estos reclamos a quienes corresponde.



 



 

También te puede interesar:

La llegada de distintas “celebridades”, exdeportistas y personajes de los medios para esquiar desató el rechazo de la población.
Con estudiantes de las diversas carreras del profesorado, sesionó la asamblea virtual convocada por la Lista Roja-UJS Terciarios.
Basta de cinismo, deben intervenir los trabajadores.
Schiaretti reconoce que el desgranamiento alcanzaría a más del 20% de los alumnos y alumnas.
Además de antipopular e inconstitucional, la medida desvía las verdaderas responsabilidades en la propagación del virus.