24/07/2008 | 1047

Debate en Sociales: El conflicto rural

Schuster-Altamira

El jueves 17 se desarrolló en la facultad de Ciencias Sociales un debate del que participaron Federico Schuster, decano de la facultad, y Jorge Altamira, dirigente del PO. La actividad, convocada para discutir «El campo, el gobierno, la crisis política», se desarrolló algunas horas después de que fuera rechazada la resolución 125 en el Senado. Asistieron 400 personas.

El decano Schuster defendió las retenciones. Aclaró que es necesario distinguir el apoyo a las políticas estatales del apoyo al gobierno del momento. Consideró la aplicación de las retenciones como una medida progresiva en sí misma, que debía ser apoyada más allá del destino de lo recaudado. En este punto, se planteó el interrogante de si el gobierno «no supo, no quiso, o no pudo avanzar realmente en un proceso de redistribución». Al final, aseguró que la derrota del kirchnerismo dificultará la aprobación de la nueva Ley de Radiodifusión.

Para Altamira, la derrota del proyecto oficialista puso al desnudo el fracaso del proyecto kirchnerista de «construcción de poder» (de arriba abajo). El gobierno, señaló, perdió las rutas en manos de las patronales rurales, se le dividieron el PJ, la CGT y la CTA y, finalmente, perdió al vicepresidente.

Schuster planteó que los grandes episodios históricos del país habían sido, en su forma, conflictos interburgueses, en los que uno de los sectores tomaba posiciones históricas o relativamente progesistas. Altamira reconoció que esto era así y añadió que, hasta cierto punto, la revolución inglesa, la francesa y la rusa fueron también, en su forma, conflictos interburgueses, lo mismo la revolución del ’90 u octubre del ’45. Pero en todos estos conflictos, señaló, había un planteo de autonomía nacional o de transformación social del orden entonces existente.

No en el conflicto entre los ruralistas y el gobierno, «dos grupos comerciales que buscaban repartirse una renta extraordinaria» en el marco de la estructura social histórica del agro argentino, incluso de su reforzamiento. «Kirchner, dijo Altamira, en ningún momento le disputó a la patronal sojera el campo argentino, empezando por los trabajadores rurales». Si lo hubiera hecho, aclaró, «el conflicto hubiera seguido siendo interburgués, pero un partido revolucionario habría tenido que apoyarlo en nombre de la potencial transformación social que implica la movilización de los obreros rurales».

Para el dirigente del PO estamos ante una crisis del régimen político: «El intento de reconstrucción de la economía argentina después de 2001, encarado por el kirchnerismo, ha entrado en una impasse completa», como lo demuestran la inflación y el secuestro del 50% del presupuesto nacional para subsidiar empresas y ramas.

Uno de los puntos fuertes del debate fue el señalamiento de Altamira de que la izquierda campestre, al defender a los «chacareros» capitalistas y su frente con los terratenientes y fondos de inversión, se convirtió en socia política de la estructura histórica explotadora del campo argentino, o sea del monopolio del latifundio capitalista asociado al capital financiero. La defensa del ‘pequeño productor’, en estas condiciones, es históricamente reaccionaria.

«Sin revolución agraria, no hay transformación social en Argentina», enfatizó Altamira. Para ello la obligación de los socialistas argentinos es organizar al proletariado rural en todo el país.

Hacia el final, Altamira se refirió a las tres ‘cartas abiertas’ firmadas por numerosos intelectuales y académicos, incluido Schuster. Altamira denunció que esas ‘cartas’ esquivan una definición sobre la crisis agraria e incluso las propias retenciones, con la pretensión de discutir los «relatos» que se han construido en su torno. Se colocan por encima del muro en la confrontación, pretendiendo sin embargo jugar un rol clarificador: «No dicen sí, no dicen no, y no dicen tampoco todo lo contrario».

Altamira destacó el carácter reaccionario de las ‘cartas’ por denunciar «la agitación callejera contra las instituciones» porque, dijo, «el protagonista histórico de esa agitación son las masas». Lo que «hay que denunciar (es) el carácter de clase (capitalista y golpista) de esta agitación callejera (de la derecha) pero no la agitación callejera contra las instituciones».

Cerró su intervención criticando la manipulación que ejercen los medios de comunicación, pero aseguró que los procesos sociales terminan imponiéndose a las operaciones de prensa, siempre que los explotados multipliquen sus esfuerzos por construir medios de prensa y comunicación propios.

Una gran cantidad de preguntas de los presentes reflejaron el enorme grado de deliberación popular que ha abierto esta crisis política.

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