25/06/2021

El Consejo Directivo aceptó la renuncia del decano de la FADU

Queda a la luz el entramado de impunidad y violencia de género en la facultad.
Por Maia B

En el día de hoy se votó el pedido de renuncia del decano de la Facultad de Diseño y Urbanismo de la UBA, Guillermo Cabrera, durante la sesión ordinaria del Consejo Directivo, luego de cumplirse los tres meses de la licencia que había solicitado tras ratificarse una denuncia por abuso sexual y acoso laboral en su contra.

La carta del decano

Tanto en su pedido de licencia como en la carta de renuncia, el Decano sostuvo tener la confianza para “demostrar su inocencia ante la justicia” y se refirió a la denuncia por violencia de género como un “tema personal”. A los pocos minutos se hizo sentir el rechazo en las redes sociales ante estas declaraciones. Hace años existe un movimiento de mujeres y disidencias que se esfuerza por sacudir la estructura de maltrato, tan normalizada en la Fadu.

Pero la carta va más allá, el decano aprovecha la jugada para reivindicar todos sus años como funcionario, relatando una Fadu que “fue ejemplo de didáctica en la pandemia, con concursos transparentes, con grandes avances en las condiciones tecnológicas y edilicias y atribuyéndose la visibilización de las problemáticas de género y la gestión con mayor participación de mujeres en cargos jerárquicos”. Nada más lejano de la realidad que viven docentes, estudiantes y trabajadores de la facultad.

Quienes transitan los pasillos cotidianamente, conocen las consecuencias tanto de esta gestión como las anteriores, conformadas por coaliciones entre radicales, peronistas y macristas. Éstas son las responsables de no garantizar a la comunidad educativa ni dispositivos ni conectividad durante la pandemia y de iniciar las clases recién el 18 de junio. De mantener a miles de docentes ad honorem y sin designación; de sostener condiciones edilicias deplorables, con baños clausurados y ventanas rotas en los talleres. Son los responsables de acreditar la carrera de arquitectura a la Coneau, degradar los planes de estudio y ensanchar el negocio de los posgrados arancelados; de digitar los concursos para controlar el padrón de profesores y mantenerse dentro de la minoría que tiene el poder.

En materia de género, la Fadu es conocida por su inequidad estructural. La brecha se intensifica al ascender en la carrera académica: los cargos de titular están ocupados por un 30 por ciento de mujeres y 70 por ciento de varones, mientras que en los cargos de ayudante de primera y de segunda las mujeres representan el 51 por ciento y los varones el 49. En la Carrera de Arquitectura, de un total de 66 cargos regulares de profesores, 64 corresponden a profesores varones y solo 2 a profesoras adjuntas. Este claustro de profesores , que representa menos del 10% de les docentes de la Fadu, constituye la mitad de los votos del Consejo Directivo que eligen al gobierno de la facultad. De ese gobierno depende la Unidad de Género.

Sin convenio colectivo (dado que la UBA rechaza su aplicación), además de los ad honorem y no designados, toda la planta docente carece de estabilidad laboral. Esa misma precariedad laboral es la base para que se produzcan todo tipo de maltratos y abusos. Bloquea las denuncias por la presión que implica la posible persecución y hasta despidos o porque una vez realizadas, se bloquea su investigación.

Un caso testigo

Hace pocas semanas se hizo pública la denuncia de violencia de género contra el Decano en una entrevista que la víctima le brinda a Página 12. Allí explica haber sufrido acoso laboral, hostigamiento, hechos de abuso sexual y no haber recibido asistencia por parte de la Unidad de Género. Finalmente, al solicitar el traslado hacia otro espacio de trabajo, se topó con el maltrato laboral de una facultad que la precariza dándole una contratación anual.

La punta de un iceberg

La acusación contra Cabrera puso en evidencia el entramado que sostiene la violencia de género en una facultad plagada de denuncias de abuso sexual ante las cuales el accionar de la Unidad de Género creada en 2017 fue casi nula.

Hubo casos que trascendieron producto de la organización de docentes y estudiantes. Lograron que Fernando Madedo, denunciado en diferentes facultades por acoso, no fuera puesto a cargo de una cátedra; o que Pereyra, también denunciado por violencia, después de distintas acciones docente/estudiantiles, sea separado del dictado de clases por la cátedra. La agrupación naranja de docentes universitaries y pre de la UBA como dirección de la Secretaría de géneros de AGD UBA, se hizo presente en la sesión de CD donde fueron tratadas las denuncias contra Madedo e intervinimos acompañandolas y exigiendo su separación preventiva. Las autoridades en ambos casos no quisieron tomar medidas preventivas durante la investigación y son muchos los casos que hasta el día de hoy continúan impunes.

Como avanzamos las mujeres y diversidades

Todo el proceso abierto a partir de la denuncia y que culminó con la renuncia del Decano es un paso adelante para las mujeres y diversidades de la Fadu. Entre otras cuestiones nos demuestra que es necesario profundizar la organización y exigir las transformaciones necesarias en la Universidad para terminar con la violencia de género.

El protocolo de acción institucional y la Unidad de Género digitada por las autoridades mostraron sus límites para dar una salida. Necesitamos un organismo electo por docentes, estudiantes y no-docentes, que cuente con presupuesto y un equipo interdisciplinario capaz de dar asistencia y respuesta a las denuncias.

También es necesario terminar con la precarización laboral y democratizar los órganos de gobierno de la Universidad.