Universidad
14/10/2026
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Fiuba: una interna entre Martínez y el MLI que solo bloquea al movimiento estudiantil
La no preparación de la marcha universitaria y la falsa normalidad.
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Cambio de Base
Estamos a pocos días de una nueva marcha por el financiamiento universitario. No es un dato menor: hace más de un año que el gobierno de Javier Milei, con fallos judiciales de por medio, no cumple con una ley que ayudaría a recomponer el destrozado salario de los trabajadores universitarios. Ese mismo salario compone entre el 85% y el 90% del presupuesto para las universidades nacionales.
Este dato es muy importante, porque la Fiuba (Facultad de Ingeniería) actualmente está sufriendo una sangría docente histórica: 342 docentes renunciaron desde que inició el conflicto, ubicándose en segundo lugar solo por detrás de la Facultad de Ciencias Exactas.
Los estudiantes lo estamos sufriendo directamente con la oferta horaria reducida, al haber cada vez menos docentes que pueden garantizar las comisiones. A esto hay que sumarle la reducción a su mínima expresión de las materias de verano. Las posibilidades reales de organizar una cursada en condiciones son cada vez menos, y más aún si tenemos en cuenta a los estudiantes que trabajan. La mejora en la prioridad no puede solventar la falta de comisiones en horarios no laborables, siendo que las pocas que hay en materias de carrera se llenan en los primeros días de inscripción. No es de extrañar que la duración promedio de la carrera, con reformas y todo, siga rondando los 8 o 9 años, y que la tasa de deserción promedio supere el 70%. Sin docentes ni condiciones, es imposible cursar.
Todo este contexto habla peor del no accionar del CEI, que no solo no se ha encargado de convocar siquiera a un plan de lucha o visibilización propio de los estudiantes, sino que la conducción del centro, el MLI -grupo que mantiene un acuerdo con el rectorado de la UBA para cogobernar- ha gastado su energía en una interna con el actual decano, Alejandro Martínez. Desde comienzo de año hemos visto cómo la conducción, que a pesar de sus quejas dirige la Secretaría Académica que tuvo retenidos los títulos intermedios, estuvo en una escalada contra el decano. Pero no denunciando que, por ejemplo, obligó a los no docentes en paro a armar una guardia mínima, atacando su método de lucha, sino reclamando por el uso de los recursos de la facultad. Ahora que la sábana es corta, se lavan las manos de que fueron ellos mismos los que ayudaron a Martínez a llegar al decanato. La gran lucha del CEI contra el ajuste fue poner una cartelera al lado de su cuartito.
La disputa de poder al interior de la Fiuba, que tuvo como victorioso al MLI y su armado, fue una lucha subterránea por los recursos de la facultad y por quién va a terminar de poner el gancho. Esto estuvo muy lejos de los problemas reales de los estudiantes de la Fiuba, a falta de un CEI que siquiera convoque acciones; ya no digamos una asamblea, como pasa en el resto de la universidad. Todo este cuatrimestre fue reinado por una falsa normalidad impuesta por el propio centro y sus agrupaciones, que le echan la responsabilidad a los estudiantes por la falta de organización. Estamos en el mundo del revés. Vivimos en carne propia lo que es un centro de gestión de las autoridades, y el futuro solo plantea una profundización de ese camino, con el MLI terminando de echar raíces en el gobierno de la facultad.
Desde Cambio de Base vimos otro camino. Allí donde se paraba a un estudiante para discutir, se encontraba una voz de preocupación ante la situación universitaria y nacional. El problema no son los estudiantes, sino la orientación de un centro que, en pos de su rosca de poder, decide conscientemente no organizar al estudiantado, continuando la línea del rectorado en la UBA. El 15 no puede ni debe ser una parada, sino un paso más para profundizar el reclamo contra el gobierno de Milei, por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, por más presupuesto y por un CEI que realmente organice a los estudiantes y que no los use como fichas en una rosca de poder.




