07/07/2020

“Infectadura psi”: El Decano de la Facultad de Psicología UBA contra la cuarentena

Por Hernán Scorofitz, Luciano Arienti Apel Salud Mental

El Decano de la Facultad de Psicología de la UBA, Jorge Biglieri, se ha lanzado como cara visible “psi” de la campaña anticuarentena. En una entrevista con Clarín (5/7), se vale de presuntos argumentos del campo de la salud mental para atacar el aislamiento social.

El verso de la “infectadura”

El Decano se prende al discurso que pretende emparentar la cuarentena con la “infectadura”. Así, apela a la “responsabilidad individual” (obviando el problema de la responsabilidad sanitaria del Estado), y plantea que el gobierno recurre al “miedo” debido a su carácter “paternalista”, lo cual llevaría a que “de la mano del ‘yo te cuido’ viene el ‘yo decido por vos’”. Su salida, ambigua, sería que “en lugar de apelar al miedo se debería invertir en psicoeducación”.

En la misma línea anticuarentena, muestra la hilacha y ataca la (por demás escasa) ayuda social con una versión “coaching” del cuento liberal de que no habría que dar pescado, sino enseñar a pescar: “no es bueno generalizar el asistencialismo sin un proyecto para que la gente salga de esta situación. En Europa y EE.UU. hay planes para los desocupados, pero son coyunturales. Acá hay que generar las condiciones para que cada uno se desarrolle y alcance el máximo de su potencial. Porque los que no tienen independencia económica pierden la libertad”.

Biglieri hace uso de un estudio -de su propia gestión- sobre las terribles consecuencias psíquicas de la cuarentena en nuestro país, incluyendo el pasaje de las patologías de ansiedad a depresión, la crisis en vínculos familiares y de pareja, las derivadas del contexto económico, el desgano y la pérdida de sentido debido al confinamiento, entre otras. Sin embargo, no las esgrime para plantear las necesarias medidas de cuidado en salud mental, sino para demonizar el aislamiento social.

Pero un análisis honesto de estos datos no debería llevar a la conclusión del Decano de Psicología, sino a postular exactamente lo contrario. Lejos de estar ante un estado “paternalista” que avasalla las “individualidades” -como porfía Biglieri-, el desdén hacia las inevitables consecuencias en la salud mental de la población durante la cuarentena habla de un gobierno que se desentiende de sus responsabilidades políticas en salud mental.

¿Esencialidad del psicólogo?

El Decano de Psicología también operó como vocero de una controvertida campaña: el reconocimiento de la “esencialidad” de la actividad del psicólogo en el AMBA, incluso en pleno ascenso de la curva de casos de Covid-19.

Sin embargo, nada dijo de los miles de trabajadores de la salud mental que ya desarrollan su tarea presencialmente en hospitales, en dependencias del estado y en discapacidad, especialmente en aquellos tratamientos de mayor complejidad, y a ambos lados de la Gral. Paz. Tampoco, de la falta de protección adecuada, ni de la precariedad laboral en la que se encuentran.

Más que una defensa de aquellas terapias vinculadas a determinada patología específica -donde no sería posible sostener una atención virtual, a la vez que tampoco se podría permanecer sin ella-, el Decano parece responder a los intereses corporativos de algunas asociaciones de psicólogos que reclaman abrir los consultorios privados y, especialmente, los lucrativos centros de atención psicológica, también del ámbito privado.

Puertas adentro de la Facultad, la “esencialidad” se traduce en la imposición de una “virtualidad forzosa” que, por las condiciones de precarización y sobreexplotación laboral, está generando en el personal docente y no docente los mismos “trastornos” que el Decano recita sobre la cuarentena. A pesar de esto, sigue negando la conformación de un comité de crisis paritario, tal como reclama Agd-Uba.

Además, en vez de servirse de los dispositivos de intervención ya existentes (a cargo de diversas cátedras e investigadores) optó por lanzar emprendimientos de dudosa metodología, ligados a sus aliados políticos. El más significativo es el Observatorio de Psicología Social Aplicada que, como contrapartida al relevamiento de datos sobre la cuarentena, engrosa las cajas de fondos discrecionales (recursos propios) ofreciendo servicios destinados a sectores empresariales.

“Negacionismo” de las consecuencias psíquicas, la cara complementaria

Por su parte, distintos referentes y funcionarios kirchneristas del campo de la salud mental (muchos de ellos integrantes de la minoría del claustro de Graduados de Psicología, aliado al gremio Feduba) han salido a fustigar las publicaciones que alertan sobre las consecuencias psíquicas de la cuarentena como “estigmatizantes”. Formulan que “lo que angustia es la pandemia, pero no la cuarentena” (sin ningún tipo de evidencia empírica).

Pretenden valerse de la campaña derechista anticuarentena de la gestión de Psicología de la UBA para encubrir la absoluta ausencia de medidas sanitarias estatales y políticas activas en el campo de la salud pública y mental, cuyo fin sea atenuar el inevitable impacto subjetivo del aislamiento social en vastos sectores de la población.

Al momento, no ha habido ningún relevamiento epidemiológico en salud mental por parte de la Dirección Nacional de Salud Mental (dependiente del ministerio de Salud de la Nación), ni tampoco Plan de Emergencia. No hay un solo profesional de la salud mental en el “equipo de expertos” de asesoramiento presidencial.

Así, nada más funcional a la derecha anticuarentena que el “negacionismo” sanitario y epidemiológico. Un antecedente de este mecanismo ocurrió en marzo del 2015 cuando Axel Kicillof, en aquel momento a cargo de la cartera de Economía, evitaba dar a conocer el índice de pobreza bajo el argumento de que su medición sería una práctica estigmatizante, lo cual dio aire a una campaña de la entonces oposición derechista.

Por un Plan Nacional de Emergencia en Salud Mental

La mejor defensa del cuidado de la salud mental frente a la pandemia y a la cuarentena -entendida como una medida sanitaria primordial- requiere de un Plan de Emergencia en Salud Mental Nacional, que reorganice de emergencia todo el sistema, priorizando el nivel primario de atención, las acciones social comunitarias -preventivas -, con equipos interdisciplinarios en el nivel primario y los relevamientos epidemiológicos en salud mental, bajo gestión de los trabajadores y profesionales. En salud mental, también urge la centralización de todo el sistema de salud bajo gestión pública y de sus trabajadores.

 

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