29/07/2020

La burocracia de Aduba le allana el camino a la virtualización de Barbieri

La UBA cuenta con el mismo presupuesto que en 2018.
Por Camila Bartolomé Roca, Lucía Miguez Docentes ad-honorem Facultad de Medicina UBA

Barbieri, rector de la Universidad de Buenos Aires

Hacia fines de junio la Facultad de Medicina de la UBA lanzó junto con Aduba (Asociación Docente universidad de Buenos Aires) un curso de capacitación en “entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje” destinado a docentes. Lo que llama la atención (o no) es que lo haya lanzado a casi cuatro meses de iniciada la cursada virtual, cuando el cuatrimestre está terminando. Parece un mal chiste para les docentes, quienes hasta el momento, y a pesar de reclamarlo en numerosas oportunidades, no recibimos ningún tipo de capacitación para desarrollar nuestras clases en la virtualidad.

La realidad que esconde la virtualización

En medicina, al igual que en toda la universidad, la gestión impuso la virtualidad de manera forzosa e improvisada, llevando adelante un “como si” en cursadas, exámenes parciales y, recientemente, finales. Si las condiciones en la presencialidad ya eran difíciles para una facultad atravesada por un profundo ajuste, las de la virtualidad son aún peores. El presupuesto de medicina va en sintonía con el ajuste que desarrolla Alberto Fernández en educación, quien actualmente gobierna sin un presupuesto 2020 y lo hace, de hecho, con los restos del votado en 2018. Esto se traduce en las pésimas condiciones de cursada y de trabajo para les docentes, que cargamos sobre nuestras espaldas la continuidad del año académico sin ningún tipo de respaldo en términos de formación ni económicos por parte de quienes deberían garantizarnos los recursos necesarios para hacerlo. Todo lo contrario: hemos transitado el paso a la virtualización a costa de nuestro propio salario y jornada laboral, agudizando la precarización y flexibilización ya existentes. A su vez, esto se suma a una profunda deserción estudiantil, reflejo de la realidad de muches estudiantes que no cuentan con un entorno adecuado para el aprendizaje ni las condiciones mínimas de conectividad, las cuales por supuesto no fueron garantizadas por las autoridades ni por el gobierno nacional.

Particularmente, en esta casa de estudios, vemos una situación muy aguda: la gran mayoría de las cursadas es sostenida sobre la base del trabajo gratuito, habiendo al menos 8 mil docentes ad-honorem. A su vez, estos suelen ser estudiantes avanzados de la carrera o trabajadores de la salud que, en el marco de la pandemia, ven aumentada su jornada laboral en el sistema sanitario. Esto no es contemplado por las direcciones de las carreras, quienes no respetan la carga horaria ni el otorgamiento de licencias. Bajo la excusa de la vocación y el “orgullo UBA”, se esconde un combo de superexplotación que tiene como garantes al conjunto de las camarillas universitarias y sus agrupaciones estudiantiles, a la burocracia sindical y al gobierno nacional.

Aduba y las autoridades, dos caras de la misma moneda

Lejos de hacerse cargo de esta situación, las autoridades de la UBA han negado en varias oportunidades las pésimas condiciones en las que se está llevando adelante la virtualidad. En este sentido, el rector Alberto Barbieri dijo a mitad de mayo que estaban “listos para reforzar la virtualidad y arrancar la actividad de las 103 carreras de esa manera”. Sin embargo, como se mencionó antes, les docentes no recibimos capacitación alguna para dictar las clases en el contexto virtual. En cambio, nos vimos obligades a encontrar las herramientas didácticas para hacerlo, sin mencionar que tuvimos que poner a disposición nuestros propios recursos económicos y materiales (pagando desde la contratación de servicios de internet hasta la compra de dispositivos como micrófonos, computadoras, etc.), mientras las autoridades y su gremio miraban para otro lado. Esto, sin embargo, no se debe a una falta de entendimiento de las circunstancias por parte de la gestión de la Facultad de Medicina y de la UBA, sino todo lo contrario: siendo muy conscientes de la situación, buscan profundizar la orientación expulsiva de la universidad, desoyendo los reclamos estudiantiles y poniendo el peso de las cursadas sobre las cátedras y el cuerpo docente.

En este cuadro, el lanzamiento del curso y los elogios de las autoridades hacia Aduba no sorprenden. La orientación del gremio de las autoridades se puede ver de lejos: las direcciones de la universidad y de Fmed no podrían desenvolver el ajuste del gobierno sin que fuera de la mano de la burocracia sindical. Tras desconocer la cláusula gatillo de 2019, firmar la rebaja salarial de la paritaria de Fernández y no emitir palabra sobre la exclusión de los bonos de emergencia o el pago en cuotas del aguinaldo, Aduba se ha posicionado constantemente contra les trabajadores. La dirección de AGD-UBA ha impulsado un relevamiento de la situación de les docentes y ha convocado en numerosas oportunidades a asamblea general, en las cuales les trabajadores preuniversitarios y universitarios plantearon las dificultades antes mencionadas. Junto con ellas y con el reclamo por que las autoridades garanticen una adecuada capacitación y los recursos necesarios para desenvolver la cursada virtual, se colocó la necesidad de luchar por un aumento salarial y la inclusión en los bonos de emergencia de los cuales les docentes fuimos excluides a principio de año y durante la pandemia. En concordancia con esto y mientras Aduba mira para otro lado, AGD-UBA ha puesto en pie una campaña por la formación de comités de crisis paritarios en la UBA, movilizó contra el pago en cuotas del aguinaldo y el pasado 3 de julio convocó al primer paro docente en el marco de la virtualidad.

Queda claro, por lo tanto, que en vez de exigir condiciones dignas de trabajo en la virtualidad, Aduba solo promueve una política clientelar con el mencionado curso y que este solo sirve de lavada de cara para un gremio y una universidad que juegan con los derechos docentes y que están muy lejos de garantizar la capacitación que exigimos. Además, abre la puerta a la implementación de más programas de educación virtual en detrimento de la construcción colectiva del conocimiento y la formación profesional y le da al gobierno la excusa perfecta para seguir avanzando con el ajuste.

Un programa en defensa de la universidad y el trabajo docente

La educación virtual y a distancia que se busca instalar, con programas como UBA XXI, termina siendo una maniobra para abaratar costos y desfinanciar la educación. También es fundamental para que los gobiernos avancen en la privatización de la educación pública, teniendo como ejemplo cercano el recorte en las incumbencias implementado por la resolución 1.254.

Hoy, darnos a la tarea de generar instancias de deliberación colectiva para detener la avanzada sobre nuestros derechos, es fundamental. Exijamos comités de crisis paritaria en toda la UBA y rechacemos la precarización y flexibilización laboral. Vamos por una capacitación docente gratuita en todas las facultades que sea discutida con les trabajadores, esté incluida en la jornada laboral y que sea accesible a todo el plantel, garantizando los medios necesarios para esto. Denunciemos el curso del sindicato de las autoridades que solo sirve para esconder el abandono de les docentes y avanzar en la mercantilización de la universidad. La virtualidad no puede desarrollarse sin un aumento salarial docente y salario para los ad-honorem, junto con la garantía del respeto de la carga horaria, la entrega de recursos materiales y económicos y la no obligatoriedad en la toma de exámenes. Les estudiantes y docentes no podemos dar un solo paso hacia atrás, sino que debemos, más que nunca, fortalecer nuestros canales de organización de la mano de gremios como la AGD-UBA y los centros de estudiantes independientes. Las políticas de ajuste y privatización de la educación avanzan y solo la unión docente-estudiantil podrá darle pelea.

 

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