15/12/2021

Nueva escuela en la Unsam: ¿Desarrollo sostenible? ¿Capitalismo verde?

Presidenta Centro de estudiantes consejera CyT Unsam

Uno de los ejes de la reforma del Estatuto de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), de fines del 2019, fue la conformación de “escuelas” -lo que en otras universidades llaman facultades- a partir de los institutos existentes. Así, el Instituto de Artes se convirtió en Escuela de Artes a principio de año y en la última reunión de Consejo Superior de la Unsam se aprobó la creación de una nueva escuela conformada por tres institutos de investigación (a partir de los institutos bio/nano/agrobiotecnología se conformó la Escuela de Nanotecnología).

Ahora se pretende votar en la próxima reunión la unificación del 3IA (Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental), el Instituto de Transporte y el de Arquitectura, en una escuela, que quieren llamar “Escuela de Desarrollo Sostenible”.

Desarrollo sostenible – Capitalismo verde

Creemos que la conformación de la escuela debe abrir un debate sobre la orientación que lleva adelante la universidad respecto a este punto. Arranquemos por el nombre, que aunque a simple vista no parece significa bastante, y es un término criticado por académicos y activistas ambientales.

Desarrollo sostenible, o sustentable, es un concepto que nace en 1987 con la presentación por parte de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de las Naciones Unidas del informe “Nuestro futuro común”, cuyas resoluciones dan lugar al nacimiento del “Capitalismo verde” usado por grandes corporaciones y los gobiernos más poderosos. Es el término que toma luego hasta el FMI, dado que está asociado a la noción de crecimiento económico (que suele medirse en porcentaje de suba del PBI y se vincula a la productividad), pero “garantizando la satisfacción de las necesidades de las generaciones de hoy y las de mañana por igual”.

El concepto “desarrollo sostenible” es un recurso discursivo estratégico, un “greenwashing” que inventaron los gobiernos capitalistas para contener la pelea contra el extractivismo y para ocultar que es necesaria una transformación del sistema de producción para terminar con las políticas de destrucción ambiental y pobreza. La universidad que queremos debería repudiar el concepto de desarrollo sostenible, no levantar esta agenda impotente de “capitalismo verde”.

Varixs docentes, e investigadorxs del actual Instituto de Investigación rechazan este nuevo nombre que le quieren dar a la escuela de la que formarán parte. Compartimos el sitio web en el que comparten artículos, opiniones y fragmentos de libros críticos al paradigma del “desarrollo sostenible”.

El telón de fondo del problema del nombre es una cuestión de orientación de la universidad

Hace años, había en la Unsam un Centro de Estudios Para la Sustentabilidad. Lo dirigía Hugo Nielson, hoy jefe de Gabinete de la Secretaría de Minería de Nación y siempre férreo defensor de la megaminería. Este centro fue un legitimador y defensor de todo tipo de minería. Nielsen era a la vez secretario de Vinculación Productiva Sustentable de la Unsam, y desde dicha secretaría defendía esta misma orientación. Cito: “La megaminería no existe: es un invento para denostar a una actividad tan lícita como cualquier otra”.

El 3IA se crea más adelante, en 2008, y tuvo su origen en la Escuela de Posgrado de Unsam. El Centro de Estudios pasó a formar parte del Instituto. La oferta académica del 3IA es mas privada que publica, solo una parte de una carrera de grado (Ingeniería Ambiental, desde el cuatrimestre 5), cinco Carreras de especialización, dos maestrías, dos diplomaturas y dos doctorados. Pero más allá de esto, las investigaciones del instituto también dependen en gran medida de fuentes privadas, algo que se extiende al conjunto de la universidad pero que en el terreno de las ciencias ambientales es muy claro implica una importantísima pérdida de independencia en cuanto a las investigaciones. Un instituto cuyo financiamiento depende de las empresas, o hasta municipios que muchas veces generan desastres ambientales, está atada de manos para investigar a fondo cualquier impacto ambiental de las empresas en cuestión.

Por ejemplo: en noviembre 2020 el 3IA firma a través del Consejo Superior un convenio con Acumar (Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo). El convenio obviamente pone a nuestrxs investigadorxs, estudiantes, etc. a disposición del trabajo (en parte gratuito a través de prácticas profesionales) para Acumar. Pero además plantea seminarios, reuniones o talleres, en torno a las problemáticas de la cuenca con Acumar, y un llamativo “compromisos de confidencialidad y resguardo respecto de toda la información a su disposición debiendo acreditar dichas constancias antes del inicio de las tareas de estudio y/o investigación” para todos los estudiantes que participen.

Acumar es un ente estatal creado supuestamente para sanear la cuenca del Riachuelo pero que ha garantizado la contaminación sin control. Según Acumar hay más de 5.200 plantas fabriles radicadas a los alrededores de la cuenca. Y aunque siguen los basurales a cielo abierto y la mitad de los niños de Villa Inflamable sufren problemas de desarrollo psicomotor, la respuesta de Acumar descansa en el “autocontrol” de las descargas por parte de las empresas. ¿Qué se imaginan que informará Shell, empresa que de forma diaria desecha miles de litros de sustancias contaminantes al Riachuelo en Dock Sud? Quienes estamos comprometidos en la defensa del ambiente desde un cuestionamiento de fondo a todo el régimen social conformado por multinacionales como la de Klaukol, que en pos de mantener sus ganancias tienen barrios pobres enteros contaminados, queremos una universidad que tienda puentes con quienes se organizan, no compromisos de confidencialidad con las autoridades estatales que hacen oídos sordos y dilatan respuestas reales.

Estos debates queremos abrir hacia la conformación de la nueva escuela. Evidentemente las autoridades no: quieren votarlo de un día para otro en un Consejo sin participación y sin siquiera comisiones (espacio donde se presentan y discuten con anticipación los proyectos a presentar en el Consejo Superior). Rechazamos el nombre de “desarrollo sostenible”, y rechazamos la orientación privatista de la universidad. Vamos por la democratización, por una Unsam pública y gratuita, que ponga la construcción de conocimiento a disposición de las necesidades populares.

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