15/08/1996 | 506

Pacto menemista radical para destruir la UBA

A principios del mes de julio, se celebró en Mar del Plata una reunión extraordinaria del Consejo Superior de la UBA. Lo verdaderamente ‘extraordinario’ de la reunión fue, sin embargo, que formalizó un acuerdo entre los decanos radicales y el menemismo, en los términos dictados por el Banco Mundial. Con el visto bueno del menemista Ferreira (decano de Medicina), la reunión aprobó el proyecto de “reforma de la UBA” impulsado por Schuberoff y resolvió ponerlo en marcha a partir del ’98. El acuerdo alcanzado es sólo parte de una estrategia más general de radicales y peronistas, por lo que Ferreira declaró: “hubo un acercamiento con el Rectorado y en el futuro habrá más” (Página 12, 10/7).


Destrucción general


La “reforma de la UBA” consagra la destrucción de los estudios universitarios, al reducir las carreras a 4 años, los que a su vez serán divididos en dos ciclos de dos años cada uno. El primer ciclo, llamado de “base”, es una especie de CBC pero duplicado, ya que es de “formación general”, o sea, una excusa para dilatar el ingreso a las facultades (ése es el propósito del CBC) y depurar la matrícula estudiantil antes del ingreso a las carreras. Por su parte, el segundo ciclo de dos años, que será de formación específica, vendrá a reemplazar a las actuales carreras de… 5 años. Como es evidente, el segundo ciclo “no podrá reemplazar la formación de las carreras vigentes”, por lo que la “reforma” contempla la incorporación de un “tercer ciclo” de posgrados, los cuales son arancelados (actualmente, en la UBA, cuestan alrededor de 300 pesos mensuales) y restrictivos.


A los participantes de la “reunión extraordinaria” de Mar del Plata no se les escapó ni un detalle para asegurar el carácter limitacionista de la “reforma”. Según informa La Nación del 10 de junio, “el decano Ferreira consiguió, a último momento, la inclusión de una cláusula clave: serán las facultades, y no la UBA ni el Consejo Superior, las que tengan el control académico de cada uno de los ciclos que componen la reforma”. Con esta medida, cada facultad podrá manejar directamente su ingreso, teniendo el camino libre para implementar materias filtro y demás medidas limitacionistas. A su vez, esta resolución cumple otra reivindicación del conjunto de los decanos (no sólo de Ferreira), que es el manejo directo de los fondos presupuestarios que antes se dirigían al CBC y que eran controlados por la Universidad. Los CPI se generalizarán a toda la UBA, pero esta vez de la mano de los rectores radicales y centroizquierdistas. Ahora se comprende por qué Ferreira mostró una amplia satisfacción por el resultado de la asamblea y lo consideró un triunfo político de sus posturas (La Nación, 10/7).


La política impulsada por Schuberoff acarreará, sin embargo, una disgregación mayor de la UBA como universidad, ya que ésta no tendrá un sistema de ingreso único ni un control sobre los ciclos, que serán determinados por cada facultad. Esta política está en la línea del requerimiento del Banco Mundial, que apoya esta mayor ‘autonomía’, porque le permite realizar negociados directamente con las facultades sin la mediación de la burocracia que maneja el aparato de la Universidad.


La política de la FUBA


La FUBA (incluido el Frepaso y el Ptp) apoyó desde un comienzo la política impulsada por el rector Schuberoff. Sin embargo, en la reunión de Mar del Plata, ésta se negó a firmar el documento final por no contener “los principios democráticos básicos”. Cuando muchos diarios y analistas caracterizaban que estábamos en presencia de una crisis en las filas del radicalismo… la solución llegó. Esta se produjo cuando, de vuelta de “La Feliz”, el Consejo Superior de la UBA aprobó una resolución presentada por la propia FUBA, que afirma que “el proceso de reforma integral de la UBA se elaborará en el marco de la actual (sic) vigencia de los principios” (La Prensa, 11/7). La perfidia de la FUBA no tiene límites, ya que “bajo la vigencia actual de los principios” en la UBA, la privatización está en aumento, como lo demuestra la “venta de servicios” y los contratos con empresas privadas (UBATEC), así como el limitacionismo creciente en el ingreso, ejercido con el CBC.


La adaptación de la dirección de la FUBA a la política ‘educativa’ del gran capital es un camino sin retorno. Es necesario un cambio de política, para lo cual hay que clarificar la actual situación, dotarse de un programa y de una organización. La UJS llama a desarrollar una campaña contra esta reforma reaccionaria, formando comités de lucha, cuerpos de delegados, para oponerse a la reducción de las carreras; por la gratuidad de los posgrados; el ingreso irrestricto; el aumento del presupuesto educativo, administrado por docentes y estudiantes; la defensa de la planta docente. Es necesario un congreso de base de la FUA y la CONADU, que decrete la huelga docente-estudiantil por este programa.