05/04/2001 | 701

Se viene el golpe cavallista en la universidad

Los días de Shuberoff en el rectorado de la UBA estarían contados. El mecanismo del golpe, que ha puesto de moda la política patronal, está a punto de debutar en la universidad. Las denuncias de corrupción en la UBA, apuntan a encubrirlo con el verso de la transparencia. La movilización universitaria que provocó la caída de López Murphy, compromete a Cavallo-Delich a infligir una derrota general a los universitarios.


Shuberoff, un peso muerto


Delich habla que desarmar «la corporación universitaria», que considera un «obstáculo para las transformaciones» (Página/12, 27/3). En el paquete entra Gottifredi, secretario de Educación Superior y ex-rector de la Universidad de Salta, también de la «corporación» (ídem).


No es casualidad que Delich haya incorporado como viceministra a la Montoya, vinculada a Llach. A la vez, en la Secretaría de Educación Superior quiere colocar a Stubrin o Pugliese, dos integrantes de la Coneau (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria). Esta comisión tiene la facultad de evaluar las carreras y aprobar los planes de estudio y los títulos. La Coneau exige a la UBA que adapte sus estatutos en base a la Ley de Educación Superior. Pero Shuberoff hasta ahora se viene resistiendo porque la ley sustituye el actual claustro de profesores por un claustro único docente, lo que desarma a la camarilla que sustenta al rector. Shuberoff es víctima de su propia política y, sobre todo, representa una expe-riencia agotada.


Privatización


El nombramiento de un representante de la Coneau en la Secretaría de Educación Superior es un aspecto clave de la política privatista. Este organismo viola la autonomía universitaria, pues autoriza al Estado a modificar el contenido de las carreras, las formas de ingreso, el desarrollo de los posgrados, las reformas curriculares y, lo que no es menor, la validez de los títulos. Es conocido que se quiere implementar un mecanismo de revalidación permanente de los títulos que dejaría sin ejercer a muchos profesionales.


Delich señaló que quiere introducir los criterios de «productividad» en la distribución del presupuesto. Exactamente lo que quiso hacer Llach, que debió dejar su cargo por la oposición de la «corporación universitaria».


Por la Asamblea Universitaria


La crisis en la UBA y en el conjunto de las facultades está, entonces, en su máximo desarrollo.


El argumento de la lucha contra la corrupción se usará, como en el pasado, para privatizar. Se busca explotar el odio que se ganó merecidamente Shuberoff para confundir al movimiento universitario.


El movimiento estudiantil, docente y no-docente debe intervenir en forma independiente en la crisis. Frente al golpe del gobierno y las maniobras palaciegas del aparato radical hay que movilizarse para que se convoque a la Asamblea Universitaria, que debe elegir una dirección de la universidad que sea capaz de enfrentar la ofensiva capitalista.

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