24/09/2020

Acerca del curso de género en la UBA

Luchemos por la Educación sexual, laica y científica.

Hace unos meses se lanzó en las distintas facultades de la UBA el curso de capacitación obligatoria en género y violencia de género para toda la comunidad educativa, que se establece en la Ley Micaela, sancionada el 10 de enero de 2019. Esta semana se dieron a conocer las fechas de inscripción y de inicio para el claustro estudiantil. El curso se desarrollará de manera virtual, y tiene como objetivo, según sus formuladores, poder identificar la desigualdad de género y elaborar estrategias para su erradicación.

Lo primero que hay que destacar, es que el curso no fue lanzado por la buena voluntad de las autoridades de la universidad, sino que se impuso como una respuesta del Rectorado a la enorme lucha que viene desarrollando el movimiento de mujeres y diversidades desde hace ya muchos años, denunciando todas las formas de violencia a las que nos enfrentamos dentro y fuera del ámbito educativo.

Si bien ya es hora que se discutan estrategias para erradicar la violencia de género, no debemos perder de vista que las que impulsan esta capacitación son las mismas autoridades que año tras año votan presupuestos de miseria para las facultades, y luego hacen alarde de protocolos de violencia completamente vaciados. Son las mismas autoridades que encubren situaciones de violencia dentro de nuestras casas de estudio y que siguen implementando planes de estudio atravesados por el oscurantismo y la discriminación constante contra las mujeres y las diversidades sexuales y de género.

Por otro lado, si nos adentramos en el contenido de las clases, podemos ver que no se menciona la responsabilidad del Estado, que es el principal reproductor de la violencia que recae con mayor fuerza sobre las mujeres y diversidades en este régimen social. Consigna que el movimiento de mujeres viene levantando en cada movilización que se lleva a cabo. Pero además, esto pone de manifiesto la orientación de clase de estos contenidos, que incluso están dictados por figuras que hoy forman parte del propio Estado (como por ejemplo, Dora Barrancos, actual asesora presidencial “adhonorem”) evidenciando la cooptación del movimiento de mujeres que el mismo lleva adelante.

Otro punto a destacar, es el carácter obligatorio que pretenden darle al curso en este contexto, en donde la virtualidad forzada que las autoridades de la UBA impusieron frente a la pandemia limita el acceso de cientos de estudiantes a las distintas instancias académicas. Además, los contenidos y la metodología del curso, se impusieron de manera unilateral sin llevar adelante una discusión democrática en toda la comunidad educativa.

Finalmente, debemos cuestionarnos si la salida a todas estas problemáticas es la institucionalización de nuestros reclamos, implementado una capacitación paralela a las cursadas, que le lave la cara a las autoridades de la universidad y las distintas facultades. Lo que realmente necesitamos, es poner en pie la organización del movimiento de mujeres y diversidades, independiente del gobierno y las autoridades, que luche por la aplicación de la ESI laica y científica en todos los niveles educativos, incluyendo el universitario, y por un presupuesto acorde a las necesidades de lxs estudiantes, docentes y no docentes.

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