29/06/2021
Calentamiento global

El derrumbe en Miami aviva el debate sobre los efectos del cambio climático

Sobre el colapso del Champlain Towers South.

La madrugada del jueves 24 se derrumbó parte del Champlain Towers South, un edificio de 12 niveles con más de 130 departamentos, situado frente al mar en la zona de surfside en Miami Beach. Al dia de hoy se contabilizan 11 muertos y más de 150 personas desaparecidas, entre ellos varios argentinos. Mientras continúa el trabajo a contrarreloj de los socorristas se difunden todo tipo de especulaciones alrededor de las causas que produjeron el colapso, sobre las cuales las autoridades aún no dictaminaron.

Si bien se dio a conocer un informe de ingeniería del año 2018 que alertaba problemas estructurales, el edificio había pasado la reciente inspección municipal por sus 40 años y no se advertía nada preocupante para producir semejante desplome. En torno a ello se difundieron varias denuncias sobre corrupción y sobornos de para sostener la habilitación sin realizar las inversiones necesarias para su mantenimiento. Los empresarios de la especulación inmobiliaria y los funcionarios estatales deben ser sentados en el banquillo de los acusados para esclarecer este siniestro.

La necesidad de realizar inversiones esenciales está relacionada al flagelo de las inundaciones costeras que azota a Miami y todo el estado de Florida. Es que el edificio se asienta en un “humedal recuperado”, compuesto por arena y un relleno orgánico, sobre un lecho de piedra caliza porosa. Este actúa como una esponja dura agujereada, permitiendo que el agua subterránea se eleve al mismo nivel que el océano. El relleno se hunde naturalmente y el hundimiento empeora a medida que aumenta el nivel freático. El contacto exponencial con el agua salada podría haber lavado el suelo generado un sumidero, o corroer el acero de los cimientos.

En un estudio hecho por la Universidad Internacional de Florida (FIU), el geólogo Shimon Wdowinski detectó un hundimiento de hasta dos milímetros por año entre 1993 y 1999 en el área donde se encuentra el Champlain Towers South (BBC).

Esto encendió las alarmas para pensar que hechos semejantes puedan afectar de igual manera al resto de los edificios, y avivó nuevamente el debate sobre el cambio climático y el peligro que corren las ciudades costeras de todo el mundo si continua elevándose el nivel del mar.

Debido a que la tasa de derretimiento de hielos en los polos se ha incrementado significativamente desde 1992, y a que las aguas frescas vertidas en los océanos han desacelerado la Corriente del Golfo, Florida es particularmente vulnerable (sealevelrise.org).

Cuando se combina con la atracción gravitacional de la luna y el sol provoca las altas “mareas rey”, que inundan la ciudad cada vez más reiteradamente, amenazando los reservorios de agua potable y los sistemas sépticos que ya están fallando. A su vez esto incrementa el potencial dañino de los huracanes como el Irma -de 2017.

La exposición a esta situación es total, ya que toda la isla barrera de Miami Beach se ha expandido sobre la base de la deforestación de los manglares, ecosistemas costeros que actúan como barreras contenedoras del agua y tienen la capacidad de almacenar hasta diez veces más carbono que muchos bosques tropicales. Estos han sido destruidos con el fin de avanzar en la construcción de lujosos condominios y casas con acceso privado al mar. Una mercantilización total del paisaje al servicio de una ultraminoría pudiente.

Esta construcción de la ciudad a contranatura y en favor de los intereses capitalistas, especialmente inmobiliarios y del turismo, ahora se ve amenazada. Si los peritajes confirman que el aumento del nivel del mar fue la causa del derrumbe, los desarrolladores alertan que podría desatar un desplome en la valorización de las propiedades en el frente costero, donde tienen mansiones ricos y famosos de todo el mundo. El valor promedio de las propiedades inmobiliarias allí llega al medio millón de dólares, y el 40% de la recaudación por impuestos municipales a la propiedad proviene de esos bienes raíces.

Es por esto que los gobiernos de las ciudades costeras y toda Florida pretenden gastar casi 4.000 millones de dólares en diques de dos metros de altura, enormes cañerías subterráneas y pozos para controlar el rápido flujo de agua. Pero como sea, de no revertir la destrucción de los ecosistemas y la emisión de gases de efecto invernadero que producen el calentamiento global y el derretimiento de los polos -de lo cual Estados Unidos es de los principales responsables-, todo esto será en vano mas temprano que tarde.

El “Green New Deal” del presidente Joe Biden, que propone ambiciosas metas para ir hacia una transición energética hacia fuentes limpias, es un intento por recomponer la hegemonía del imperialismo yanqui. Sin embargo, el derrumbe del Champlain Towers South es una buena metáfora de que los cimientos de su poderío están corroídos por la crisis capitalista mundial, que es la evidencia del agotamiento de todo un régimen social y se expresa así en el corazón de la principal potencia.

Por esto mismo, las promesas de Biden son papel mojado, porque los estímulos fiscales y financieros no van a parar a la innovación productiva sobre bases verde sino a la especulación bursátil; y porque se muestra incapaz de afrontar una reconversión real tanto en lo que hace a la producción petrolera y gasífera como en el carácter depredador de los emprendimientos capitalistas, tal como sale a la luz ahora sobre los negocios inmobiliarios en Miami.

Esto mismo vale para los gobiernos de todo el mundo y especialmente para la Argentina, donde el Frente de Todos hace demagogia con la creación del Ministerio de Ambiente, pero avanza a paso firme la construcción de barrios cerrados y hasta de obra pública (para garantizar negocios capitalistas inmobiliarios y productivos) en áreas de humedales, lo cual agrava el drama de las inundaciones y la crisis hídrica. No es una cuestión aislada sino una característica general de toda la política económica, en un país que ha sufrido durante la pandemia devastadores incendios para avanzar con el agronegocio, que firma un convenio con China para la instalación de granjas porcinas industriales, subsidia el fracking e incentiva nuevos emprendimientos de la megaminería contaminante.

El colapso de semejante torre en Miami puso a la vista de todo el mundo la necesidad de una planificación urbana, que responda a las necesidades sociales, sea compatible con la naturaleza y sostenible en el tiempo. Es una tarea que solo los trabajadores pueden emprender, contra la depredación capitalista del ambiente.

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