28/09/2020

Incendio a metros del Puerto Regasificador de Escobar

Un peligro siempre latente.

El 25 de septiembre, mientras se desarrollaba una gran jornada de movilizaciones en el marco de la Huelga Mundial por el Clima, los bomberos de cuatro localidades de Escobar (Belén, Maschwitz, Maq. Savio y Garín), la Brigada Forestal y refuerzos de cuarteles de Campana, Don Torcuato, Tigre, Cañuelas y Zárate, luchaban para extinguir un incendio en el Delta del Paraná que amenazaba con convertirse en uno de los desastres más grave de nuestra historia. Es que el incendio llegó a unos cientos de metros del Puerto Regasificador instalado en el km 74 del Río Paraná de las Palmas, en el partido bonaerense de Escobar.

Este puerto regasificador fue inaugurado el 8 de junio de 2011 por la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner, el gobernador Daniel Scioli, el ministro Julio De Vido y el intendente Sandro Guzmán. Muchas agrupaciones ambientalistas denunciaron en su momento las graves irregularidades en la instalación y funcionamiento del puerto, anticipando que podría provocar una catástrofe de dimensiones inimaginables.

Al comenzar las operaciones, empezaron a llegar buques cargados con Gas Natural Licuado, que contiene grandes cantidades de metano, concentrando unas 600 veces el gas en estado gaseoso. El Estado creó así un riesgo de explosión equivalente a unas 55 bombas atómicas similares a las lanzadas en Hiroshima. El alcance de desastre está calculado en un radio de 50km, por lo que alcanzaría a muchos distritos de la provincia de Buenos Aires e inclusive a la Ciudad de Buenos Aires, a millones de habitantes de la zona más poblada de nuestro país.

El puerto regasificador forma parte de la reacción ante una crisis energética fenomenal que amenazaba con producir un desabastecimiento para la producción y la población. El Estado ha sido cómplice del vaciamiento desde las privatizaciones menemistas hasta la actualidad, abandonando la inversión y el mantenimiento del sistema energético hasta llegar a esta desesperada inyección de gas, sin tocar las ganancias de los pulpos capitalistas.

El ambiente también sufre las consecuencias directas de la instalación de este puerto. 500 millones de litros del agua del río son usados, a los que se les agrega cloro para el proceso de enfriamiento, y luego devueltos al caudal con varios grados menos. Esto afecta la fauna y la flora de todo el ecosistema, y modifica agresivamente el ambiente, como el dragado, las costas y las corrientes naturales de navegabilidad. Corren riesgo además los acuíferos subterráneos Pampeano y Puelche, las reservas de agua dulce más importantes de la región y del país.

Los humedales, hasta la localidad de Los Cardales, son también modificados violentamente y la naturaleza lo manifiesta con las inundaciones de las poblaciones en todo el recorrido del Río Luján, como viene ocurriendo hace años, sin que se den soluciones definitivas a este problema. Miles de familias trabajadoras quedan sin sus viviendas y sus pertenencias, y sin posibilidades de llegar a una casa propia y digna.

Para dar una verdadera salida a este problema es necesario un planteo obrero y socialista, con acciones concretas para detener tanta negligencia y corrupción, que ponen en verdadero peligro latente a millones de personas.
Esta vez fue solo una alarma, el fuego no llegó a consumar el desastre. Pero continuaremos viviendo sobre un polvorín.

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