Cultura
29/7/2026
Abajo la derogación de la "Ley del Libro": Milei avanza contra la cultura y las librerías independientes

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El gobierno de Javier Milei sumó un nuevo ataque contra la cultura al impulsar la derogación de la Ley del Precio Único del Libro (Ley 25542), una norma que desde 2001 garantiza que las publicaciones tengan el mismo precio en todo el país y protege la existencia de librerías de barrio y editoriales independientes frente al poder económico de las grandes cadenas y plataformas de venta. Bajo el argumento de la "libre competencia", la derogación abre la puerta a una mayor concentración del mercado editorial y pone en riesgo cientos de puestos de trabajo vinculados al libro.
Si bien con la ley vigente algunas plataformas de comercio electrónico ya vienen incumpliendo el principio del precio único, ofreciendo descuentos o valores distintos de los sugeridos por las editoriales, la respuesta no puede ser eliminar la regulación sino hacerla cumplir. La derogación de la ley no corregirá esas irregularidades; por el contrario, las legalizará y profundizará una competencia desigual en favor de las grandes plataformas y cadenas comerciales.
La ley vigente impide que las empresas con mayor poder económico utilicen descuentos permanentes para expulsar del mercado a los pequeños comercios. Sin esa protección, los grandes grupos podrán imponer precios para concentrar las ventas, dejando sin posibilidades de competir a las librerías independientes y a las editoriales de menor escala. El resultado será una mayor concentración del mercado del libro y un golpe para toda la cadena editorial.
Las librerías independientes cumplen, además, un papel cultural que difícilmente pueda ser reemplazado. A diferencia de las grandes superficies o de las plataformas digitales, las librerías de barrio son espacios de encuentro entre lectores, autores, docentes y vecinos, donde la recomendación personalizada, la presentación de libros, los debates y el vínculo cotidiano forman parte de la experiencia de acceder a la lectura. Su desaparición no implicaría únicamente el cierre de comercios, sino también la pérdida de espacios fundamentales para la circulación de la cultura y el pensamiento crítico. Lejos de democratizar el acceso al libro, la reforma amenaza con reducir la bibliodiversidad y concentrar aún más la producción y comercialización editorial en manos de un puñado de grandes empresas.
La ofensiva contra la Ley del Libro no constituye un hecho aislado. Forma parte de una política sistemática de desmantelamiento del sector cultural. Durante el último año el gobierno avanzó con despidos, recortes presupuestarios, el vaciamiento de organismos culturales, el ataque a las bibliotecas populares, el desfinanciamiento del Instituto Nacional del Teatro y la eliminación o reducción de numerosos programas de fomento a la producción cultural. La cultura es presentada como un gasto para justificar un ajuste que favorece los negocios privados y la concentración del mercado en manos de grandes empresas.
La eventual baja de algunos precios que promete el gobierno difícilmente se sostenga en el tiempo. La experiencia internacional muestra que, cuando desaparecen las regulaciones que protegen al sector, el resultado suele ser una mayor concentración empresarial. Una vez eliminada la competencia de las librerías pequeñas, los grandes grupos adquieren una posición dominante para fijar las condiciones del mercado. Quienes pagan las consecuencias son los trabajadores del sector, las editoriales independientes, los autores y los lectores, que encuentran cada vez menos variedad de títulos y menos espacios de acceso al libro.
El rechazo a la derogación de la Ley del Libro debe inscribirse en una pelea más amplia contra el ajuste de Milei sobre la educación y la cultura. No alcanza con preservar una norma mientras el presupuesto para bibliotecas, escuelas, universidades y políticas culturales continúa siendo recortado. Es necesario garantizar el financiamiento de las bibliotecas populares, fortalecer a las editoriales independientes, proteger a las librerías de barrio y asegurar el acceso de toda la población a la producción cultural.
Frente a esta nueva ofensiva del gobierno, corresponde impulsar la organización de trabajadores de la cultura, docentes, escritores, editores, libreros y lectores para derrotar la reforma. Abajo la derogación de la Ley del Precio Único del Libro. Ningún ataque a la cultura, por el acceso popular al libro.



