Cultura
23/8/2026
Fantasy, 25 años después: Loquero y el punk de los que quedaron afuera
Canciones desde los márgenes de una Argentina que se caía a pedazos.
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A un cuarto de siglo de uno de los discos fundamentales del punk argentino, Fantasy conserva intacta una incomodidad: la de una música que nunca necesitó embellecer la realidad para hablar de ella. Loquero hizo de los desplazados, la angustia, la violencia, la marginalidad y el desencanto una poética propia. Veinticinco años después, aquella realidad está lejos de haber desaparecido. Hay discos que envejecen como documentos de una época y otros que, incómodamente, parecen seguir hablando del presente. Fantasy, editado por Loquero en 2001, pertenece a estos últimos.
Son 17 canciones comprimidas en poco más de media hora. Punk, melodía, rabia, tristeza, sensibilidad y una guitarra que sonó “más limpia” que en discos anteriores (una excepción no planificada por la banda y por causa de una válvula de un amplificador defectuoso), aunque el ruido siempre estuvo presente. Pero también está el 2001. No como decoración histórica. Está en el disco. Está en la desesperanza, en los márgenes, en los comedores, en las cárceles, en los cuerpos golpeados y en esa sensación de que para una parte enorme de la sociedad el futuro directamente había dejado de existir. Y por eso resulta imposible escuchar Fantasy veinticinco años después sin escuchar también al país que lo produjo.
Fantasy comienza con “Atlántida”, y desde ahí Loquero avisa que no piensa hablar desde ningún lugar confortable. El sol sale, pero no para todos. No para los desplazados. No para quien está preso. No para quien depende de un comedor de barrio. En pocas imágenes aparece una Argentina que estaba llegando al final de una década devastadora. Privatizaciones, desocupación, precarización, pobreza creciente y represión fueron algunas de las consecuencias de la ofensiva capitalista de los años noventa.
El menemismo y la posterior Alianza que encabezaba De la Rúa habían prometido que el mercado traería prosperidad. Para millones trajo exactamente lo contrario. Y mientras buena parte de la cultura dominante vendía el espejismo del consumo y del éxito individual, desde los márgenes aparecían otras voces. Loquero fue una de ellas.
La crisis económica también es angustia. La exclusión también es soledad. La represión también es miedo. La ausencia de futuro también destruye subjetividades. Y Fantasy habla desde ahí. En sus canciones hay amor, abandono, obsesión, miedo, autodestrucción, ternura y violencia. Hay sujetos quebrados. Pero esos sujetos no flotan en el vacío. Viven en ciudades concretas, chocan contra instituciones concretas y son atravesados por una realidad social concreta.
El capitalismo intenta presentar el sufrimiento como un problema estrictamente individual. Si no conseguís trabajo, fracasaste. Si no soportas las condiciones en las que vivís, no sos suficientemente fuerte. Si estás solo, angustiado o desesperado, el problema está exclusivamente dentro tuyo.
Fantasy, aun sin formularlo en estos términos, permite escuchar otra cosa. Hay dolores íntimos que tienen historia. Hay vidas que se rompen también porque existe una organización social que expulsa, disciplina y abandona.
Un poco de recorrido
Loquero nació y creció dentro de la escena punk argentina de los años noventa. No fue una época políticamente neutra. Mientras desde el poder se proclamaba el fin de las grandes luchas y la victoria definitiva del mercado, una parte importante del punk mantuvo una cultura de resistencia: contra la represión policial, contra el servicio militar obligatorio, contra las instituciones represivas y contra una sociedad que ofrecía obediencia como único horizonte.
Los propios integrantes de Loquero recordarían años después aquella escena como un espacio atravesado por bandas fuertemente comprometidas con las luchas sociales. En ese recorrido, Loquero construyó además una trayectoria marcada por la autogestión, las giras interminables, el circuito independiente y una decisión persistente de mantenerse lejos de las fórmulas que prometían éxito rápido. Y esa coherencia también merece ser reconocida.
Porque en una industria cultural organizada alrededor de la rentabilidad, sobrevivir durante más de tres décadas sin convertir cada decisión artística en una operación de mercado no es un dato menor.
Fantasía, realidad, arte.
Bajo el capitalismo millones construyen pequeñas fugas para soportar una vida organizada alrededor del trabajo, la falta de dinero, las obligaciones y la incertidumbre, y la música puede ser una de ellas. Pero el arte tiene una particularidad: a veces aquello que comienza como refugio termina proporcionando un lenguaje para nombrar lo que ocurre afuera. Eso hizo Loquero para varias generaciones. Sus canciones no prometieron que todo iba a estar bien. No ofrecieron optimismo obligatorio. No transformaron el sufrimiento en una mercancía motivacional, por el contrario dijeron: esto existe.
Y en una sociedad que permanentemente exige esconder aquello que arruina su fotografía, decirlo también puede convertirse en una forma de rebeldía. Veinticinco años después, la trayectoria posterior de Loquero confirma que Fantasy no fue una casualidad.
Desde aquellos primeros años del circuito underground hasta una discografía que siguió creciendo durante más de tres décadas, la banda construyó una identidad reconocible sin quedar congelada en la nostalgia. Y quizá allí esté una de las razones por las que nuevas generaciones siguen encontrándose con sus canciones.
No se trata simplemente de nostalgia punk. Los jóvenes que hoy escuchan Fantasy viven otro momento histórico, pero reconocen muchas de las mismas heridas. Precarización laboral. Represión. Pobreza. Violencia institucional. Incertidumbre sobre el futuro. Una juventud a la que el capitalismo vuelve a decirle que tiene que acostumbrarse a vivir peor que la generación anterior.
Cambian los gobiernos, cambian los discursos y cambian las formas culturales. Pero los desplazados siguen existiendo. Los comedores siguen existiendo. Las cárceles siguen llenándose de pobres.
Por eso “Atlántida” no quedó encerrada en 2001 y no se trata aquí de romantizar la derrota porque la marginalidad no es hermosa, la pobreza no es poesía. Y es allí a donde estas melodías nos llevan, reconocer esa verdad para terminar con esas condiciones.
Veinticinco años después, celebrar Fantasy significa también reconocer a Loquero. Una banda nacida lejos del centro de la industria cultural, en Mar del Plata, que atravesó cambios de formación, crisis, giras, escenarios enormes y espacios mínimos sin abandonar una identidad construida durante décadas. Loquero produjo una obra capaz de mirar hacia aquellos lugares que el discurso dominante prefería no mirar.
El Fantasy como prólogo al estallido del 2001
En 2001, como sabemos, la Argentina explotó. Las masas salieron a las calles, enfrentaron el estado de sitio y voltearon gobiernos bajo una consigna que sintetizó el hartazgo acumulado durante años: que se vayan todos. Fantasy había nacido en las vísperas de aquel estallido. Para nada fue su banda sonora ni pretendió serlo. Fue otra cosa: el registro sensible de una generación que ya sabía, antes de diciembre, que algo estaba profundamente roto.
Hoy Loquero sigue tocando. Y Fantasy sigue incomodando. Quizá porque el mundo del que hablaba todavía está ahí.
La diferencia es no limitarse a sobrevivirlo, sino a transformarlo. La bronca puede transformarse en organización. La insatisfacción puede transformarse en conciencia. El rechazo individual puede encontrarse con otros y convertirse en lucha colectiva.




