23/03/2021

“La literatura es un laboratorio de ficciones que interviene en el espacio social”

Entrevistas a Nora Domínguez y Lucía de Leone, autoras de “Historia feminista de la literatura argentina”.

Entrevistamos a dos de las autoras que forman parte de Historia feminista de la literatura argentina, editado por Eduvim.

Nora Domínguez es profesora asociada de Teoría Literaria I en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y una de las directoras de la Historia feminista de la literatura argentina. Lucía De Leone es profesora de Teoría y Análisis Literario de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires y una de las coordinadoras de En la intemperie. Poéticas de la fragilidad y la revuelta, tomo 5 de la Historia feminista de la literatura argentina.

Entrevista a Nora Domínguez

-¿Por qué era necesaria una historia feminista de la literatura?

-Porque una lectura feminista reordena lo instituido por los programas universitarios, escolares y el conocimiento público de la literatura de otra manera, con una perspectiva feminista. Esto quiere decir enfocando autores y autoras con otros puntos de vista, no con los olvidos, relegamientos, ausencias que en general se han practicado.

Esto ha determinado diferentes estrategias de las mujeres, como el famoso uso del seudónimo masculino para ser leídas. La literatura ha sido una institución patriarcal con formas de distribución y valoración muy estrictas; literatura femenina, literatura viril, letrada y popular. Esto desde ya que ha ido cambiando.

Sin embargo, a la sombra de quienes se constituyeron como autores canónicos, o quienes fueron publicados y leídos por instancias con poder había una masa de escritoras en las diferentes décadas menos consideradas y leídas. Hoy este fenómeno ha cambiado. Las diferentes estrategias de visibilización, quiénes conformaban un canon y quiénes no, como reordenar géneros literarios, grupos literarios, etc., hace a la tarea de conformar una nueva historia. Una nueva historia implica tener en cuenta que la historia literaria en sus vínculos con la historia política también tiene que ser sostenida en una historia de las relaciones de género.

-¿Por qué se entiende el feminismo como una pluralidad? ¿Qué significancia política tiene la existencia de varios feminismos?

-El feminismo es de hecho plural. Es imposible concebir un único feminismo. Hay feminismos políticos, feminismos populares, académicos, pero también dentro de las mismas corrientes epistemológicas hay un feminismo de la igualdad o de la diferencia, feminismos esencialistas, feminismo marxista, posmoderno (pueden llamar algunes, más allá del término poco feliz). El valor político de esta variedad abre el debate y la discusión de las diferentes posiciones porque los feminismos discuten también posiciones políticas más generales, proyectos políticos de todo tipo. El feminismo actualmente permea todas las dimensiones de la vida social, cultural y política.

-¿Qué diferencia tiene esta historia respecto de las historias de la literatura existentes?

-En principio y de manera muy general se tienen en cuenta las escrituras, poemas, crónicas, ensayos, vida social y literaria de las mujeres pero también de las disidencias sexuales. Tener en cuenta este corpus de análisis ya es una diferencia porque las historias anteriores hicieron entrar estas escrituras de manera muy parcial, muy secundaria, a lo sumo un capítulo separado.

-¿Por qué hablar de literatura es hablar de cuerpos?

-Porque en la literatura hay cuerpos: de autores, autoras, hay voces, hay críticos y críticas que leen. Es decir todas estas posiciones son posiciones generizadas. También hay cuerpos de novelas, cuerpos críticos.

-¿Cuál sería el rol de la literatura en la lucha por los derechos de la mujer?

-Es un discurso social más y una práctica que trabaja con la imaginación y el lenguaje y puede ser moldeada y moldear a les sujetos. La literatura es un laboratorio de ficciones que interviene en el espacio social proponiendo formas alternativas a nuestros modos posibles de estar en el mundo. En este sentido, se hace cargo de las injusticias, carencias, precariedades, las narra, las representa. No es un panfleto que denuncia sino que experimenta con nuevas voces y discursos que puedan abrir las puertas imaginarias para nuevos derechos. Y porque además es un reservorio histórico acerca de cómo otras épocas representaron esas situaciones de vulnerablidad.

-¿Cómo se insertan los feminismos en la lucha de clases?

-Los feminismos atraviesan todas las luchas. Se insertan aportando que los términos de esas luchas hay que mirarlos sabiendo que siempre se trata de sujetos ocupando también posiciones de género.

 

Entrevista a Lucía De Leone

-El título de este tomo trata de conciliar una supuesta contradicción. ¿Cómo se conjugan la fragilidad y la revuelta?

-Vivimos en un siglo que nos ha dejado a la intemperie desde muchos puntos de vista, como sujetos de derecho, por políticas neoliberales «de la muerte», como el extractivismo que instala metodologías de destrucción ecológica y poblacional. Hoy agregaríamos la pandemia y sus efectos biopolíticos. No obstante, ante este clima ominoso, encontramos que en las calles hay expresiones: una militancia organizada y muchos autoconvocados decididos a «cambiarlo todo». La lucha por la ley del IVE es un claro ejemplo. Lo que entendimos al armar este tomo sobre el presente era que toda esa fragilidad reinante estaba constantemente acechada (felizmente acechada) por un espítiru de revuelta. Una revuelta además que tomó una forma festiva, erótica, alegre, y que no por ello deja de ser insurrecta.

-¿Tiene particularidades la literatura escrita por mujeres?

-No hablaría en ningún caso de una esencia femenina en la escritura, más bien me interesa pensar qué pasó a lo largo de la historia literaria con la escritura de firmas femeninas/ feminizadas. ¿Por qué en las operaciones de canonización se las ubicó en sitios relegados o incluso por qué se «regionalizó» esa misma literatura en compartimentos diseñados por varones? La crítica y escritora francesa Helene Cisoux instaló el concepto de «escritura femenina» no para referir a una escritura sexualizada sino antes bien para caracterizar un tipo de escritura diferente, esa que roza con «el sonido de los átomos».

-Algunas organizaciones de mujeres impugnan la presencia en ellas de cuerpos feminizados. ¿Se observa esto en la literatura?

-Me parece cada vez más que la lucha feminista es la lucha de los cuerpos feminizados en todos los ámbitos de la cultura. Te diría que, por el contrario, hoy eso que marcás estaría casi desterrado. Lo que no implica que no sigan aplicándose o naturalizándose prácticas transfóbicas. En nuestro tomo aparecen directamente las voces trans hablando por sí mismas, sin intermediarios ni portavoces. La lucha es juntxs, no separadxs.

-Varios artículos del libro plantean la conformación de grupos performáticos —desde Belleza y Felicidad o Hacer Concha hasta H.I.J.O.S.— como una forma alternativa de hacer política. ¿Se contrapone esta forma a la forma tradicional de partidos políticos? Y, de ser así, ¿cómo?

-Los grupos que nombrás son muy diferentes entre sí y tienen distintos objetivos de reivindicación. Han convivido en la cultura. Entiendo que todos ellos han tenido su carga rupturista. Claramente H.I.J.O.S. tiene una representatividad política y un imaginario popular y una llegada internacional muy diferente a Belleza o Hacer Concha. Lo interesante es ver esa convivencia en la cultura.

-La lucha por el derecho al aborto marcó gran parte del período que abarca este tomo —período en el que pasaron gobiernos de distinta bandería política: Menem, De la Rúa, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Macri, Alberto Fernández—. ¿Por qué creen que se tardó tanto en conseguirlo? ¿Qué papel jugaron estos gobiernos? ¿Fue decisiva la movilización en las calles?

La influencia de la Iglesia, la moral católica que dijeron tener muchos gobiernos, los imaginarios sobre la práctica del aborto, las reacciones de la derecha han sido tan fuertes que esa discusión se fue posponiendo o vetando. El reclamo popular, la movilización en las calles, las organizaciones activistas y la persistencia de las feministas históricas más un clima epocal —digamos— más «abierto» se conjugaron para que la ley fuera posible incluso en pandemia. Hoy encontramos muchas expresiones culturales donde el aborto es protagonista.

-Aún en plena pandemia, no se ha reducido la cantidad de femicidios en el país. ¿Qué responsabilidad tiene el Estado en esta situación?

-Toda. El Estado no termina de comprometerse. Fue el caso de los últimos casos en los que vimos la cantidad de denuncias, avisos, medidas judiciales y el femicidio ocurrió igual. En nuestro tomo hay un artículo que se basa justamente en los modos en que aparecen los femicidios en la cultura y en el derecho. ¿No había femicidios en la literatura argentina o no se supieron leer, nombrar, analizar, reconocer?

-¿Es posible el triunfo de la lucha contra el patriarcado dentro del sistema capitalista?

-Hay que seguir intentándolo siempre, no bajar los brazos y sobre todo empezar por desnaturalizar prácticas machistas en los espacios domésticos, de trabajo, en la calle. Dejar de soportar chistes, piropos, expresiones, prácticas que construyen un imaginario permitido para los actos de violencia.

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