Cultura

20/3/2026

"La vida recién comienza": una historia de vida, del interior bonaerense a la gran ciudad

Primera novela del docente Gabriel Lubo.

El autor nació en 25 de Mayo y reside actualmente en Buenos Aires

Gabriel Lubo es docente, militante gremial y del Partido Obrero y colaborador de Prensa Obrera. Publicado por Clara Better Ediciones, apareció "La vida recién comienza", una obra con componentes autobiográficos cuyas reflexiones resultarán familiares a todos aquellos que -como el autor- pasaron sus primeros años de vida en el interior para arribar más tarde a la gran ciudad.

Toda autobiografía implica un ajuste de cuentas con el pasado y una forma de romper el silencio. El protagonista de La vida recién comienza (a quien, por falta de imaginación, llamaremos Gabriel) vive en un pueblo pampeano olvidado por el progreso trunco de un país que se soñó potencia y se terminó revelando semi colonia dependiente, cuando el capitalismo pujante de la belle époque llegó a su fin. Allí vinieron a parar un grupo de inmigrantes gallegos como cualquier otro, escapando de la Guerra Civil y la persecución del fascismo. Pero los fantasmas cruzaron el océano con ellos, y como por una maligna herencia genética, pasaron a la generación siguiente: “No se puede huir de uno mismo. Uno se lleva fatalmente a sí mismo adonde vaya. Mis abuelos salieron de España escapando de la guerra, el fascismo y la pobreza, y recalaron en este pueblo con sus dos hijas pequeñas a cuestas. Los fantasmas del pasado convivieron con ellos hasta el final de sus días. La partida los salvó de una realidad abismal pero no de las huellas que esa realidad dejó en sus almas. Mis hermanos lograron irse del mismo pueblo al que habían migrado mis abuelos (…) La huida más sofisticada era la de mi madre, hundida en los fantasmas que mis abuelos habían traído de España, o en sus ramificaciones".

La vida recién comienza habla sobre la decadencia de un proyecto de país soñado por los marqueses sin título de la pampa húmeda y por inmigrantes de toda lengua y color que soñaron heredar parte de esa tierra y su libertad, y el resultado fueron un par de generaciones sin futuro que huyen o enloquecen (o huyen de la locura) hacia una nueva promesa, menos pretenciosa, en la gran ciudad. Para la última generación (la nuestra, la de Gabriel) es a la vez la historia de otro fracaso mucho más cercano, y con consecuencias aún más dramáticas para las ciudades pequeñas del interior: el vertiginoso ascenso y desplome de la Argentina neoliberal de Carlos Menem y sus cómplices, elevados a la categoría de próceres por la banda que actualmente los releva.

Pero también es una novela sobre el amor, la amistad y el arte (a saber, la música) como lugares de refugio y de búsqueda. Gabriel podría ser cualquier adolescente que, de tan inmerso en la violencia y la injusticia cotidiana, a duras penas las percibe, y busca en los otros, en los amigos, en amores, en las melodías de nuestra rica música popular, algún tipo de sentido para seguir existiendo, para salir adelante.

El autor renuncia a cualquier forma de romanticismo en las formas y el contenido. La escritura es cruda: oraciones cortas, contundentes, sin paliativos. Lubo aborda de frente y sin rodeos problemáticas tan brutales como la miseria, la soledad o la locura: “Parecía haber ciertos iluminados que pronunciaban grandes discursos sobre la locura, asociando alienación con libertad, y no sabían nada de una cosa ni de otra. 'Del Vieytes nos saludan', recitaba la cantante haciéndose la loca. 'Que vaya a saludar a mi vieja si tiene ganas de saber qué es la locura', pensaba yo”.

Y no es a pesar de eso, sino precisamente por eso, que su lectura toca fibras en el alma de cualquiera que haya sufrido en silencio y que conozca el trance cotidiano de luchar, rendirse y luchar de nuevo, como si todo dependiera de uno mismo, descubriendo frustración tras frustración que uno se encuentra inmerso en algo mucho más grande. Para que el lector haga sus propios ajustes de cuentas. Para que la empatía no deje jamás de dolerle en lo más profundo. Para seguir migrando colectivamente a una vida que merezca ser vivida, a pesar de las derrotas y los fantasmas a cuestas.

Una lectura de "Cometierra" de Dolores Reyes
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