17/12/2019

Netflix, un Jesús gay y los gritos en el cielo de los Bolsonaro y las iglesias

La campaña de censura contra “La primera tentación de Cristo”, un especial navideño del grupo comediante brasileño Porta Dos Fundos.

 


Es nochebuena y Jesús está por volver de vagar 40 días por el desierto. En su casa lo esperan con una fiesta sorpresa para celebrar su cumpleaños 30, pero la sorpresa la dará él al llevar a su casa a un compañero invitado. Así presenta el grupo comediante brasileño Porta Dos Fundos su especial de Navidad para Netflix, un corto de 46 minutos estrenado el 3 de diciembre que imagina un Jesús gay y ha sido respondido con una campaña de censura que tiene entre sus portavoces a Eduardo Bolsonaro, diputado federal e hijo del presidente Jair Bolsonaro.



“Estamos a favor de la libertad de expresión, pero ¿vale la pena atacar la fe del 86% de la población? Queda la reflexión”, señaló en Twitter Eduardo Bolsonaro, en sintonía con los ataques de las iglesias católicas, evangélicas y de otras profesiones. Desde el llamado del obispo Henrique Soares da Costa a los creyentes católicos a darse de baja de sus suscripciones a Netflix como “ofrenda a nuestro señor” hasta las demandas judiciales contra los comediantes: más de 30 centros religiosos iniciaron una acción civil este fin de semana por “daños”, demandando una compensación correspondiente a la facturación de la película y apuntando a un total de 2 millones de reales (500 mil dólares), y hubo otras demandas contra ellos como la de la Asociación de Juristas Islámicos. A su vez, los sectores clericales promueven un petitorio en change.org para que la plataforma de streaming saque de su programación el especial, cuyas dos millones de firmas recolectadas dan cuenta del ascendente en el país del clero, que ha sido aliado de los sucesivos gobiernos desde hace décadas.




En este film satírico, se cuenta una fiesta de cumpleaños hipotética en la que Jesús vuelve del desierto adonde fue a descubrirse, trayendo consigo a su casa a un cautivador joven, la noche en que María y José planean contarle que es hijo de Dios y tiene por tanto un destino divino. La comedia burlesca presenta a Dios como un amante acosador de María, quien no puede resistirse a sus encantos y engaña a José, echando por tierra la historia de su figura virginal. La producción, con un humor por momentos algo chabacano, va en línea con otras producciones de Porta Dos Fundos: para la navidad del año pasado estrenaron La última curda, una versión de la última cena en la que los 12 apóstoles se embriagan y al despertar al otro día no recuerdan que paso con Jesús.


Fabio Porchad, quien interpreta al novio de Jesús en el film cuestionado, se manifestó en Twitter sobre la polémica. "Chicos, pueden dejarme resolverme con Dios, está bien, no hay de qué preocuparse. Ahora pueden estar enojados de nuevo por la desigualdad que destruye nuestro país. Pero tienen que estar enojado por el mismo fervor, ¿de acuerdo?”, señaló en relación a la crisis social que atraviesa Brasil y se ha profundizado con las políticas de ajuste.






La avanzada contra La primera tentación de Cristo registra numerosos antecedentes, entre ellos la eliminación en abril de un spot publicitario donde se veían parejas LGBT de la televisión y las tentativas –hasta ahora frustradas- de Jair Bolsonaro por condicionar la entrega de fondos para la producción cinematográfica a criterios homofóbicos. Entre los más recientes, el intento en septiembre de censurar en la Bienal del Libro un cómic que incluía un beso gay, con el intendente de Río de Janeiro tildando a la historieta de “contenido sexual inapropiado”.


Las enormes protestas ante esa tentativa volvieron a mostrar el potencial de movilización del colectivo LGBT, que en junio de este año concretó una Marcha del Orgullo de más de 3 millones de personas en San Pablo.


Las disidencias enfrentan desde hace tiempo la asonada discriminatoria y de crímenes de odio, que colocó a Brasil en 2017 como el país con mayor índice de asesinatos de trans, y repudian a un mandatario fascistoide y abiertamente homofóbico cuyos discursos y políticas estimulan –ya desde su victoria electoral– esta barbarie, incluida la proliferación de las fuerzas represivas y el estímulo al clero, que sanciona discursos de odio desde los púlpitos religiosos. Ello como parte de una línea de ataques contra el conjunto de los movimientos y reivindicaciones populares y democráticas -de la mujer, ambiental…- y contra el activismo obrero y popular.


Este poder es el que levanta su dedo acusador contra la comedia.



 

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