24/06/2020

Trabajadores de cultura: por qué luchamos por compensación salarial sin contraprestación

Por Julio Cortés Actuemos

Desde la declaración del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, el 19 de marzo, y aún antes de esa fecha, les artistas y técnicxs escénicxs no tienen ingresos. Las funciones, entrenamientos, ensayos y clases quedarán para otro momento que, ante los vaivenes del desenvolvimiento de la pandemia, no se avizora inmediato.


La respuesta oficial se vehiculiza –mal y tarde- a través de los organismos de fomento: Instituto Nacional de Teatro (INT), Fondo Nacional de las Artes o Proteatro, por ejemplo. Su característica es que se otorga por única vez, llega a un universo muy reducido de compañeres, y los montos son misérrimos.


Es por eso que se fueron desarrollando diferentes alternativas organizativas, pujando por obtener satisfacción de reclamos cuya urgencia se potencia día tras día. Desde  la agrupación Actuemos fuimos promoviendo asambleas abiertas (dos nacionales y dos provinciales, en Santa Cruz y Provincia de Buenos Aires) donde se delineó un programa nacional, encabezado por el reclamo al Estado de una compensación salarial (subsidio) de $30.000 mensual hasta que podamos volver a trabajar, que va cobrando popularidad y que resulta común a otros sectores (Músicxs OrganizadxsFotógrafxs y Realizadorxs Audiovisuales). Y de inmediato, el Ingreso Familiar de Emergencia y Tarjeta Alimentaria para todes les que no los hayan recibido.


Sin embargo, los gobiernos combinan las mencionadas “ayudas” con variantes de “políticas de auxilio con contraprestación”, como la que anuncia la gestión Kicillof en Buenos Aires a través del Programa Mi Vida en Cuarentena “que brindará apoyo económico a 500 realizadores teatrales, con un monto de $ 8.000 por beneficiario, distribuido entre artistas de unos 74 municipios de la provincia” (Contexto, 17/6). O el Concurso Nacional de Actividades Performáticas en Entornos Virtuales, por el que el INT otorga a quienes fueran seleccionadxs $10.000 para “contribuir al desarrollo de diversas propuestas creativas, que de manera individual o grupal, desde su lugar físico de aislamiento social, obligatorio y preventivo, confluyan en un hecho artístico utilizando como soporte de creación y difusión la intermediación tecnológica” (web oficial). Se suma también a la marea “contraprestadora” la iniciativa unipersonal de un colega publicada en la edición de Página12 del 19/6, por una tarjeta alimentaria para artistas: “alimentARTE podría llamarse y podría otorgar a les artistas el mismo monto que la que entrega Desarrollo Social (de 4 a 6 mil pesos), con la diferencia de que aquí entraría en juego una contraprestación”, que podría tomar -entre otras formas- la de funciones cuando se levanten los telones”.


Sin entrar todavía en la cuestión de “la contraprestación” en tanto tal, el problema es que el Estado ya colocó un piso para ella con referencia a funciones: $21.683 es el mínimo que, a través del Plan Podestá, paga el INT por una función para un elenco de dos personas. Es decir que el monto de la eventual alimentARTE sería 100% a la baja. Más aún, lo que para todes –menos para el colega que hace la propuesta- queda claro, es que la “contraprestación” YA se realiza, no solo a través de trabajos por los que las plataformas digitales cobran siderales sumas y NO PAGAN canon alguno, sino por las múltiples propuestas que circulan por las redes y son consumidas por miles de espectadores virtuales que así “ven mas entretenida la cuarentena” -como tan burdamente describiera el presidente Fernández-, sin que les artistas obtengan en la inmensa mayoría de los casos alguna retribución económica. Técnicamente, el Estado es deudor de les artistas que ya “contraprestaron”.


¿Cuál es la función económica de la “contraprestación”?


A la función simbólica, reaccionaria, de apelar a la culpa del desempleado o sin ingresos por recibir un dinero “sin trabajar”, colocando la responsabilidad en el sujeto que así estaría en deuda con el Estado y con sus semejantes, debemos reconocerle una función material, económica, en este estadio de crisis del modo de producción capitalista, preexistente y agravada ahora por la pandemia, que puede resultar en una depresión superior a la de 1929. La salida que siempre encontró hasta ahora el régimen social capitalista es la destrucción de fuerza productiva (puestos de trabajo con estabilidad, condiciones laborales, convenios colectivos) y de capital (empresas que irán a la quiebra con su reguero de desempleados), como condición para intentar abrir un nuevo ciclo de acumulación capitalista que necesita de una gran masa de desocupados para ser posible.


¿Y la contraprestación y la tarjeta alimentARTE?


Fue el movimiento de trabajadorxs desocupadxs quien lidió inicialmente con esta idea de la “contraprestación” cuando en 1996 (como se ve, es una “idea” que atrasa por lo menos unos 24 años) “el gobierno menemista lanzó los ‘Planes Trabajar’, una ocupación transitoria de trabajadores desocupados que no podrá tener una duración inferior a los tres meses ni superior a los seis meses en los que el trabajador realizará obras sociales de infraestructura social y económica. Como se trata de una “ocupación” y no de un trabajo, el trabajador no recibe un salario sino ‘ayuda económica no remunerativa’, sin aportes jubilatorios, cobertura social, por accidente o fallecimiento” (Luis Oviedo, Una historia del Movimiento Piquetero, editorial Rumbos, 2001, pág. 37). El objetivo era disciplinar a les trabajadores desocupadxs a cobrar por debajo del trabajo conveniado y destruir las conquistas laborales como jubilación, indemnización, etc. Los trabajadores desocupados de algunas organizaciones (Polo Obrero en primer lugar) comprendieron perfectamente esto y lucharon –y consiguieron- como medida de emergencia, subsidios, cuyo significado es opuesto al de planes que implican contraprestación, dado que en este caso se exige al Estado “como capitalista colectivo que sostenga a los trabajadores” (ídem) y evitando que los “planes” operen como salario a la baja de los trabajadores que permanecían ocupados, ligando así el movimiento entre ocupados y desempleados. Exactamente lo opuesto a lo que propone el colega levantado en la nota de Página12: si por una tarjeta alimentaria de entre cuatro o seis mil pesos se “contraprestara” con funciones, ese es el precio-techo (hiper bajo) por el que pagarán las próximas.


La “contraprestación” resulta entonces funcional a la precariedad laboral de les artistas, que será sin dudas la clave para la reactivación capitalista de las industrias culturales. Ya se está materializando la destrucción de capital (cierre de salas, centros culturales, teatros oficiales en pésimo estado) y de fuerza de trabajo (suspensiones, despidos, pérdida de los escasos puestos de trabajo bajo convenio en la cultura), generándose un “ejército cultural de reserva” que espera su turno para ser superexplotado o convertirse al amateurismo. Lo que se avizora con total nitidez, por ejemplo, en las tareas de actrices y actores de la rama de publicidad, que denuncian polifuncionalidad (su casa como locación a ser modificada por ellos, tareas de escenografía en la misma, cumplir con tareas de maquillaje y vestuario, de iluminación y de cámara) todo por el mismo precio, mientras que les profesionales que cubrían tales roles están desempleades. Así lo expresaron en una nota enviada a la Asociación Argentina de Actores, cuya dirección burocrática sigue ausente sin aviso (se negó a realizar un reclamo colectivo por la IFE y Tarjeta Alimentaria para les asociados que no las perciben y necesitan), dando la espalda o incluso cuestionando la organización y lucha de asociados y no asociados.


El reclamo al Estado, liderado por el subsidio de los $30.000; el planteo de generar un impuesto a las ganancias capitalistas de las plataformas digitales (Netflix , Spotify, Amazon), la creación de trabajo virtual en blanco (plataforma digital federal, micros, programas, espacios en canales y radios oficiales y privados ) y la exigencia de la inmediata adjudicación de IFE y tarjeta alimentaria para todes es el programa que viene asimilándose por crecientes sectores del activismo cultural. Ha sido votado en las asambleas de Actuemos, en las realizadas por las agrupaciones  Músicos Organizados, Trabajadorxs Audiovisuales Precarizadxs, Asamblea de Trabajadorxs de la  Fotografía y  la Asamblea Cultural del Cono Urbano Sur. Juntos, después de marchar el 4 de Junio al Ministerio de Cultura de la Nación, convocaron recientemente a una gran asamblea nacional que votó una movilización el 25 de Junio a las 12 h a Plaza de Mayo y acciones en varias provincias y municipios del país, para imponer este programa que constituye la preservación de los convenios y la defensa del trabajo y del salario de artistas y técnixs, en abierta oposición a instaurar un régimen de “planes Trabajar” para el sector.

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