06/04/2021

Los docentes del Nacional de Buenos Aires adhieren al paro de la Conadu Histórica

La medida está planteada para el 6 y 7 de abril, contra la presencialidad sin condiciones y por el salario

Los docentes del Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA), que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA), resolvieron en asamblea el pasado 1 de abril de 2021, “no asistir a actividades presenciales en la semana del 5 al 9 de abril e iniciar la cursada el 5 de abril, a distancia, a través del campus del Colegio”. Esta decisión soberana de la asamblea vino como respuesta al inicio programado para el 5 de abril de la “cursada mixta presencial y virtual” que las autoridades del CNBA habían establecido y que indicaba la obligación de la presencialidad para esta semana. Como parte del plan de lucha, los docentes de CNBA votaron, además, participar del paro de Conadu Histórica el 6 y 7 de abril, para exigir una recomposición salarial y contra la presencialidad sin condiciones.

Los medios han dispuesto un ataque en regla contra la decisión tomada por los trabajadores docentes,  señalando un supuesto daño a los estudiantes que vuelven a ver truncado su “deseo de volver al colegio”, insistiendo en los problemas generados a los padres – y destacando entre ellos a los que tienen algún escaso reconocimiento mediático y pueden gozar de sus 5 minutos de fama- que ya tenían armada su semana. A su vez, el ataque mediático no se privó de poner al aire las reacciones -siempre críticas a los paros- de la cultura del click en Twitter y otras redes, ceder sus cámaras y micrófonos a las autoridades para que amenacen con descuentos a quienes no se presenten a trabajar de manera presencial, o, más concretamente, tratar de vagos a los docentes y de “minoritario” al gremio que los nuclea, la AGD.

Los medios de comunicación, en ningún momento pusieron en evidencia la falta de condiciones adecuadas para que los docentes puedan dictar clases en el medio de una crisis sanitaria que se profundiza día tras día.

Un largo proceso

Desde que se decretó el ASPO como respuesta a los primeros casos de COVID-19, la AGD UBA reclamó a las autoridades de la UBA la constitución de un comité de crisis para consensuar las condiciones y medio ambiente de trabajo en las cuales los docentes deben dar clases. En aquel momento, primó la imposición de una virtualización forzosa que desconocía -y sigue desconociendo aún- los gastos de las clases virtuales (de equipamiento y de conectividad) y la recarga laboral que ellas implican para los docentes. Hoy, aquel reclamo continúa y se suma al que apunta a construir y controlar los protocolos de una presencialidad que intentan imponer sin condiciones y que es la presencialidad postulada por las autoridades y tan defendida por los medios.

En el caso puntual de los colegios universitarios, el pasado 3 de marzo, en una reunión virtual con el secretario de Escuelas Medias de la UBA, la AGD UBA solicitó que se presentara el protocolo y la adecuación edilicia considerada para cada establecimiento, dado que cada uno tiene sus particularidades.  Ante la ausencia de respuestas, a mediados de marzo volvimos a enviar una nota solicitando recorrer con un especialista en Higiene y Seguridad las instalaciones de las escuelas preuniversitarias. Las autoridades del CNBA jamás respondieron las notas ni los pedidos.

La experiencia de los docentes que han tenido que dar clases en febrero y en marzo a primero y a segundo año se dio en el marco del aumento exponencial de contagios que se está produciendo en el AMBA. Para decirlo rápido, no se cumple con ninguno de los requisitos serios de un protocolo de seguridad frente al Covid. No hay distanciamiento social mínimo en el sistema de transporte público, que tanto docentes como estudiantes usan en gran número.

Dentro del colegio la situación no es mejor. Las autoridades pretenden que los docentes y los estudiantes retomen la presencialidad frente a la total ausencia de protocolos de limpieza y desinfección de las aulas. El personal para realizar esa tarea es insuficiente, y, es ridículamente escaso el tiempo disponible para “desinfectar” las aulas: 10 minutos entre la salida de un turno y la entrada del otro. Tampoco hay un protocolo de funcionamiento para los recreos y horas libres.

Por supuesto, si no existe ningún recurso para evitar los contagios, mucho menos para actuar frente a los mismos. No hay  un circuito de comunicación de casos sospechosos y positivos de Covid-19 que permita proceder eficazmente al aislamiento necesario, y se ha llegado a confesar, que “bajo ninguna circunstancia los preceptores serán aislados en caso de aparecer casos positivos en sus cursos”.

Todo esto en un marco de recorte de los programas de estudio que permitiría mantener el “como sí” de una educación pretendidamente de exigencia propia de una colegio de élite. Cabe destacar que no es muy distinta la situación del otro gran colegio de la UBA, el Carlos Pellegrini.

Todos al paro

El 6 y 7 de abril los docentes universitarios harán un paro de actividades, convocado por la Conadu Histórica. Sobran los motivos: ya pasó un mes de vencida la paritaria nacional y el gobierno con la inefable ayuda de los gremios (“mayoritarios” a decir de los medios “burocráticos” o “entregadores”, al decir de las bases docentes) se aprestan a sellar un acuerdo que seguirá dejando la inmensa mayoría de la docencia universitaria bajo la línea de pobreza. Hoy el cargo testigo cubre cubre 31% de la Canasta Básica Total y los salarios llevan perdidos 22% frente a la inflación desde octubre de 2019.

Vamos por todo nuestro pliego: ningún docente bajo la línea de pobreza; paritarias ya; respeto irrestricto del convenio colectivo de trabajo; reconocimiento de los gastos producidos por la virtualización y comités de crisis y control de los protocolos de la presencialidad. La pelea es la de siempre: organizarse para luchar.

 

   

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