21/05/2021

Alto al fuego, un revés para Israel

Celebración del alto al fuego en Gaza.

Un alto al fuego bilateral entre Israel y Hamas puso fin desde las primeras horas del viernes a once días de bombardeos sionistas contra la Franja de Gaza, que dejaron 232 muertos y provocaron daños en decenas de escuelas, además de forzar el cierre del único laboratorio de pruebas contra el Covid-19 del enclave. Casi 17 mil viviendas resultaron destruidas. En la negociación intervinieron Estados Unidos, Naciones Unidas, Egipto y Qatar, estos dos últimos como nexos con la milicia islámica.

El presidente norteamericano Joe Biden volvió a reivindicar, en el anuncio de la noticia, el derecho de Israel a defenderse, en referencia al lanzamiento de cohetes por parte de Hamas. Esta impostura, que equipara la violencia de los opresores y los oprimidos, evita deliberadamente referirse a los desencadenantes de la escalada, porque muestran la responsabilidad del Estado sionista. La crisis actual empezó con la orden de la Corte Suprema israelí para desalojar a un grupo de familias en el barrio Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, en favor de nuevas colonias, y con el despliegue de militares en los lugares de rezo de la comunidad musulmana, durante el Ramadán (mes sagrado para esta confesión). Todo esto desató las movilizaciones más grandes de los últimos años, fuertemente reprimidas por las fuerzas de seguridad. El estallido mostró que la población árabe-israelí, que vive bajo un régimen de apartheid, había llegado a un punto de saturación, frente al sostenido desarrollo de los asentamientos (que alcanzó en 2020 la cifra récord en una década). La política de anexión del Estado sionista, que tiene en los hechos que mencionamos nada más que su último capítulo, es el motor de las recurrentes masacres que sufre el pueblo palestino.

El alto al fuego constituye un revés para Israel, que no ha podido quebrar la resistencia armada de Hamas y se vio desafiado por la movilización conjunta del pueblo palestino. El gobierno de Benjamin Netanyahu retrocede apenas unos días después de una histórica huelga general, sin antecedentes desde 1976, que unió a los árabes-israelíes y la población de Cisjordania. El temor a un levantamiento general fue advertido por Biden y la Unión Europea, que en los últimos días empezaron a plantearle a Netanyahu que aceptara un cese de hostilidades. También ha jugado su papel la enorme movilización internacional, con cientos de miles de personas en todo el mundo, especialmente Europa y Medio Oriente.

El jefe de relaciones exteriores de Hamas, Osama Hamdan, planteó que como parte del acuerdo había garantías de Israel de respetar los sitios de rezo y de no avanzar contra las familias de Sheikh Jarrah, pero esto fue enfáticamente desmentido por el ministro de defensa israelí, Benny Gantz. En Sheikh Jarrah, por lo pronto, la población advierte que la orden de desalojo aún no ha sido anulada y que se ha montado un fuerte despliegue de seguridad en el ingreso al barrio, que bloquea el ingreso de palestinos de otros lugares, pero permite pasar a las bandas de extrema derecha (Jerusalem Post, 20/5). Estas bandas son las mismas que atacaron las manifestaciones contra los bombardeos, muchas veces al grito de “muerte a los árabes”. A la vez, las fuerzas de seguridad volvieron a reprimir este viernes en la Explanada de las Mezquitas, a fieles que realizaban cánticos en apoyo a Gaza y celebraban el alto al fuego.

El asunto de Sheikh Jarrah, y en general todo Jerusalén Este, se ha vuelto una pulseada clave que concentra la atención del pueblo palestino y habrá que seguir su evolución.

Uno de los bombardeos sobre la Franja de Gaza.

El alto al fuego reactiva también la lucha política interna en Israel, que había quedado relativamente apagada. Rápidamente, varios referentes de la derecha (Avigdor Lieberman, de Yisrael Beitenu; y diputados del Partido Religioso Sionista) salieron a atacar a Netanyahu por los escasos frutos conseguidos. La crisis política en Israel es profunda: el actual primer ministro ganó las últimas elecciones, pero fracasó nuevamente en formar una mayoría de gobierno, por lo que ahora está encargado de lograrlo el principal referente opositor, Yair Lapid. Si Lapid no tiene éxito y no prosperan acuerdos en el parlamento, el país iría a su quinta elección en dos años y medio.

Las grandes movilizaciones y la huelga general pusieron en evidencia también que la cuestión palestina sigue siendo un eje de la situación regional. Es un golpe a las burguesías árabes, que vienen profundizando una política de normalización de relaciones diplomáticas con Israel (Emiratos, Bahrein, Sudán, y en la fila está Arabia Saudita), en nombre de que la cuestión palestina había quedado en un segundo plano.

El rechazo a las burguesías árabes crece en la población palestina. Al mismo tiempo, la Autoridad Palestina, como fruto de sus lazos crecientes con Israel, también se viene viendo desacreditada, principalmente ante la nueva generación de jóvenes que ha protagonizado las últimas movilizaciones.

La dinámica expansionista del Estado de Israel conduce a profundos choques y convulsiones en la región. El sionismo ha ido aumentando sostenidamente el radio de su colonización desde su fundación. El “acuerdo del siglo” Trump-Netanyahu, provisoriamente suspendido por la crisis política en Israel, plantea extender ese dominio incluso al valle del Jordán. El pueblo palestino ha sido sometido a vivir hacinado en cantones entrecortados por la vigilancia militar sionista, en tanto que la Franja de Gaza es directamente una prisión a cielo abierto. Como ya vimos, la colonización avanza también en Jerusalén Este y en las ciudades árabes-israelíes. Pero, al mismo tiempo, la población árabe-israelí sigue aumentando, un asunto que desvela a los sionistas.

La política colonialista del Estado de Israel ha inviabilizado incluso planteos como la “solución de dos estados”, que buscaban forjar un seudoestado palestino, en algunos pocos territorios, a cambio de la legitimación de la dominación sionista.

La única perspectiva que ofrece el Estado sionista, aliado del imperialismo en el control del Medio Oriente, es la masacre del pueblo palestino y su limpieza étnica. Es necesario oponerle el derecho al retorno de los refugiados y la lucha por una Palestina única, laica y socialista, como parte de una federación socialista de pueblos de Medio Oriente.

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