06/10/2021

Brasil: convocatoria a constituir un polo revolucionario y socialista

1.000 dirigentes y activistas obreros y de izquierda lo apoyan.

Jornada del 2 de octubre.

Según cálculos de entidades organizadoras de la jornada nacional de lucha (2 de octubre) tras la consigna “Fora Bolsonaro”, participaron en todo el país 600 mil personas. Si bien es un número considerable, no modifica en lo sustancial la cantidad de movilizados en jornadas anteriores realizadas este año. Se dice que hubo cerca de 100 mil en la principal concentración, la de San Pablo. De ser así, sería una cantidad menor a los 125 mil que movilizó el presidente fascistoide Bolsonaro, el 7 de septiembre.

Promovida por las direcciones sindicales burocráticas (CUT, etc.), el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Lula y diversas organizaciones centroizquierdistas como una “jornada de unidad de acción” con una decena de partidos de la derecha, de clara trayectoria antiobrera -y algunos socios directos que apoyaron a Bolsonaro hasta hace poco- la casi totalidad de estos últimos estuvo ausente. Algunos enviaron “adhesiones” contra Bolsonaro; de otros fue algún dirigente promovido candidato para las elecciones del año que viene. Pero no movilizaron.

Algo típico de los frentes populares, donde los partidos burgueses imponen su política y son las masas obreras y explotadas las que ponen el cuerpo y se movilizan.

Sectores del PT se presentaron en las concentraciones con pancartas y carteles planteando “volveremos, Lula presidente”. Una marcada tónica de campaña electoral (¡a un año de las elecciones!).

Los discursos también hicieron centro en la “unidad”, en un “frente amplio” del PT con los partidos derechistas. Gleisi Hoffman, presidenta del PT, saludó la “ampliación de la unidad de estas fuerzas (que) se va construyendo con el objetivo común de echar a Bolsonaro”. Guilherme Boulos, dirigente del PSOL, también saludó esta orientación y llamó a presionar a los legisladores de estos partidos derechistas para que den quórum para aprobar un juicio político (impeachment) a Bolsonaro.

La consigna “Fora Bolsonaro” queda así empujada a ser sinónimo de juicio político. Y las movilizaciones de masas, subordinadas a la presión sobre los diputados de la derecha para habilitar el impeachment.

La lucha por enfrentar los ataques de Bolsonaro al pueblo trabajador y por su caída y la de todo el régimen, queda mediatizada por un parlamento dominado por la derecha.

Es una “oposición” preocupada para que Brasil no siga el camino de los levantamientos que las masas vienen protagonizando en toda América Latina (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, etc.).

Esto se traduce directamente en la desorganización de toda resistencia de los trabajadores a los ataques del gobierno derechista. El gobierno está a punto de hacer votar en el parlamento la PEC 32, un proyecto por el que se arrasa con la estabilidad y numerosas conquistas de todos los trabajadores públicos. Y la burocracia sindical que dirige los sindicatos llama a… presionar a los diputados para que no la voten. “A quien la vota, no los vote”, es la consigna lanzada por la burocracia de la CUT, que “moviliza” algunos activistas a los aeropuertos y a la puerta del parlamento para detectar a diputados y senadores y “convencerlos” de que no voten la ley antiobrera. La burocracia sindical renuncia a organizar un plan de lucha de los trabajadores estatales y de todo el movimiento obrero para derrotar este ataque contra los trabajadores. Anula el poderío de la organización de los sindicatos y centrales de trabajadores: el paro general y la movilización masiva. La burocracia sindical subordina la resistencia de los trabajadores al apoyo electoral a Lula y las listas del PT dentro de… ¡Un año!

Los trabajadores y los explotados de conjunto (comunidades indígenas, jubilados, etc.) necesitan de un plan de lucha nacional continuado, creciente, con paros y manifestaciones, hacia la huelga general para derrotar los ataques del gobierno y hacer realidad el Fora Bolsonaro y su régimen corrupto, entreguista, represor y antiobrero. Para ello, los sindicatos deben romper su subordinación al PT y demás partidos centroizquierdistas y burgueses. Independencia política y organizativa de las organizaciones obreras del gobierno, las patronales y los partidos burgueses.

El PSOL a la rastra del PT y su “frente amplio”

Luego de 5 años, se acaba de realizar el 7° Congreso Nacional del PSOL. En el mismo se resolvió que, por primera vez en su historia, este partido centroizquierdista no presentará candidato a presidente para las elecciones del 2022. Esto para apoyar a Lula del PT (eventualmente a otro candidato presidencial –pactado con el PT- de un “frente amplio” que enfrente la candidatura derechista de Bolsonaro). Esta orientación impuesta por una mayoría del 56% de los delegados, termina por evidenciar claramente que el PSOL es un partido subsidiario, de un seguidismo casi incondicional, al PT y a Lula (perdió el bloque de minoría que viene desde hace meses haciendo campaña por la precandidatura presidencial de Glauber Braga).

La consigna Fora Bolsonaro se ha transformado en el llamado a votar por el PT dentro de un año. Detrás de esta “alta” estrategia del PSOL hay en realidad un mercadeo de candidaturas con el PT. Así, por ejemplo, se está negociando que el PT resigne a colocar un candidato propio para la gobernación de San Pablo, avalando la presentación de Boulos como el candidato del “frente amplio”.

Detrás de estas negociaciones está la preocupación de Lula de que un eventual próximo gobierno suyo a asumir el 1° de enero de 2023, si ganase las elecciones de octubre 2022, tenga los apoyos políticos suficientes para tener cierta estabilidad institucional. Un triunfo de Lula plantearía qué coalición de partidos apoyaría su gestión en las cámaras parlamentarias.

Por eso, otro debate que se desarrolló en el Congreso del PSOL, es si el PSOL solamente votaría al PT y al “frente amplio” que impulsa o llegaría a integrar un gobierno con este. En forma forzada, algunos sectores planteaban que lo fundamental era derrotar a Bolsonaro. Y para ello se buscaba la “unidad de acción” que incluye especialmente a los partidos derechistas que lo venían apoyando y que están tomando distancia de Bolsonaro. En cambio, integrarse a un gobierno del triunfante Lula y el “frente amplio”, sería un “acuerdo programático” con la burguesía y eso significaría perder la independencia política del PSOL. Los de la mayoría que defendían incluso la integración del PSOL a un gobierno “frenteamplista” planteaban que eso facilitaría la lucha, “desde adentro” del gobierno, por postulados progresistas.

Sectores de la minoría (compuesta por un heterogéneo conglomerado de 20 organizaciones) planteaban que un frente de “unidad de acción” no es una política frentepopulista de conciliación de clases, sino de lucha. En esta fase el Frente Popular (vieja tesis del trotskismo morenista) podría hasta ser progresivo. Se convertiría –dicen- en contrarrevolucionario si se constituye en gobierno. Una separación antojadiza.

Para que la burguesía acepte un “frente” con organizaciones obreras o que se reclamen de izquierda, el programa de ese frente no debe plantear alternativas obreras, antiimperialistas o socialistas. Los partidos burgueses imponen un límite político-social completo. Conscientes de esto los partidarios del “frente amplio” insisten en que el punto central es echar a Bolsonaro. Y subordinan su accionar en tal sentido al juicio político y las elecciones dentro de un año.

El congreso del PSOL no terminó de definir este punto. Pasó las resoluciones más concretas, incluso en el plano electoral, para una Conferencia Nacional que se realizaría a fines del primer cuatrimestre del 2022. El bloque minoritario –que sacó 44% de los votos- se ilusiona en unificarse y volver a dar batalla en esa oportunidad. Pero… lo que se realizaría es una Conferencia, no un Congreso. Y en las Conferencias los que concurren son las diversas autoridades provinciales del PSOL. Esto significa que la fracción mayoritaria del PSOL tendrá incluso una mayoría más amplia que en el Congreso, ya que este eligió a las autoridades dando control a esa mayoría.

Los resultados del Congreso del PSOL son frustrantes para quien tuviera algún tipo de expectativa de que este corriente centroizquierdista adoptara una posición de lucha consecuente e independiente contra el régimen. La fracción mayoritaria adopta un curso derechista hacia la integración del “frente amplio” de colaboración de clases. La minoría que critica el apoyo electoral a Lula se orienta nuevamente a capitular frente a la mayoría frentepopulista.

¿La causa de esta capitulación? Las apetencias electorales que los llevan a negociar probables bancas de diputados y concejales-vereadores (como lo ha venido haciendo desde la fundación del PSOL).

El PSTU convoca a constituir un polo revolucionario y socialista

En este cuadro, el PSTU ha lanzado la convocatoria a constituir un “polo revolucionario y socialista”. El mismo se fija como perspectiva estratégica la lucha por “un gobierno socialista de la clase trabajadora y los pobres”. Critica los frentes de conciliación de clases, pronunciándose por la independencia política y organizativa de los trabajadores. Es una bocanada de aire clasista en contra de todas las combinaciones frentepopulistas en curso.

El llamamiento critica la “política criminal” de “sectores de la izquierda brasileña” que impulsan “ablandar la lucha hoy por el ‘Fora Bolsonaro’, para esperar derrotarlo con las elecciones de 2022”, ya que “ignora la tragedia que ahora se le está imponiendo a población”.

“Sacar a Bolsonaro y a su gobierno es el desafío más urgente que enfrenta la clase trabajadora en este momento y, por lo tanto, también sus organizaciones”, plantea el llamamiento del PSTU. Pero es necesario precisar las formas concretas que debe adoptar esa lucha. Esto pasa, en primer lugar, por enfrentar y derrotar -con la movilización consecuente- los golpes que Bolsonaro y el conjunto de la burguesía vienen asestando a las conquistas y condiciones de vida de las masas.

El PEC 32 que arrasa con los derechos de los trabajadores estatales solo podrá ser impuesto si la burocracia sindical logra paralizar las organizaciones obreras y diluir una lucha de conjunto de las masas. El PEC 32 es vital para los planes entreguistas. Pretende facilitar el despido de miles de trabajadores públicos y de las empresas estatales (Correos, etc.) facilitando de esta manera, la privatización de estas. Para el gran capital, reducir el déficit de las finanzas estatales pasa por descargar los gastos de personal, mediante despidos, reducción salarial, contratación por fuera de convenio, etc. Y con el dinero así “ahorrado” continuar pagando la usuraria deuda pública y los subsidios y negociados al gran capital.

El polo que se pretende constituir debiera tener como su objetivo hacer irrumpir en la situación política a la clase obrera como protagonista político independiente. La emergencia pasa por organizar la resistencia a la sanción y aplicación del PEC 32 y de todos los ataques a las masas explotadas (expulsión de tierras de las comunidades indígenas, etc.).

Un combate real y consecuente de los trabajadores en defensa de sus derechos, no puede pasar solo por las jornadas de “movilización” que convocan cada 45 días las cúpulas burocráticas de las centrales obreras y los partidos de la oposición centroizquierdista en alianza con los “opositores” derechistas a Bolsonaro. Estos ya han convocado a una nueva jornada de movilización para el 15 de noviembre. Una “estrategia de lucha” que diluye la lucha de masas y permite los triunfos de Bolsonaro y la burguesía contra los trabajadores. El objetivo anunciado de este pseudo “plan”, es ir esmerilando a Bolsonaro, con vistas a las elecciones del 2022.

El llamamiento se pronuncia por la huelga general, pero lo hace de una manera confusa: “es hora de que la dirección de las grandes centrales sindicales y los partidos de oposición lancen una huelga general, detengan al país, a las fábricas y a las grandes empresas, hagan daño a los bolsillos de los patrones para obligarlos a retirar el apoyo que todavía le dan a Bolsonaro”.

El reclamo de que las centrales sindicales rompan con su política de conciliación de clases y marchen a un plan de lucha y la huelga general, es central y actual.

Pero el propósito de la huelga no es presionar a los patrones para que le quiten el apoyo a Bolsonaro, sino poner en pie a la clase obrera como un factor independiente y decisivo en la situación política brasilera y abrir el curso al derrocamiento de Bolsonaro y a una salida revolucionaria. No podemos pretender impulsar un paro cívico obrero-patronal, porque los intereses de clase de los patrones y de los obreros son antagónicos. Si hubiera un ascenso de la lucha de las masas, la burguesía podría cerrar filas, apoyando la represión, para que no caiga el gobierno. Pero no se debe descartar, en lo más mínimo, que si crece la movilización y radicalización de las masas, la burguesía decida la remoción de Bolsonaro para tratar de mantener en pie el edificio de las conquistas antiobreras impuestas a los explotados (reforma laboral, previsional, etc.).

El llamamiento propone intervenir con este polo socialista y revolucionario en las elecciones del año que viene. Critica al PSOL y al PC do B por subordinarse al PT y abandonar toda perspectiva de independencia de clase. La alternativa que propone construir “no puede ser simplemente para las elecciones”. Denuncia que un nuevo gobierno de Lula reproduciría en forma agravada las tendencias de salvataje de la burguesía en crisis a costa de contener los reclamos de las masas. Y levanta una plataforma, un “proyecto socialista”, que choca con las vacías de contenido de los partidos burgueses que nos hablan contra la corrupción, por la democracia, etc. y dejan en pie los ataques impuestos contra los explotados. El llamamiento afirma: “es necesario adoptar medidas que comiencen con la simple derogación de las reformas laborales y previsionales; la garantía de un salario mínimo digno (Dieese); la garantía de derechos y empleo digno para todos, poniendo fin a la ‘uberización’ del trabajo; la reducción de la jornada laboral y la inversión para garantizar el empleo para todos; la renacionalización de lo privatizado; la suspensión del pago de la deuda pública a los bancos para que haya recursos para salud, educación, vivienda, transporte; el fin de la agresión sistemática contra los pueblos indígenas, las comunidades quilombolas [ndR: afrodescendientes] y campesinas y la destrucción de la naturaleza para favorecer a los grandes empresarios agroindustriales, mineros y energéticos; la realización de una reforma agraria que garantice la tierra y las condiciones de producción para los campesinos pobres; el fin del genocidio practicado por las fuerzas policiales contra la juventud negra pobre en las afueras de los centros urbanos, la desmilitarización de la Policía Militar; etc.”.

Son consignas acertadas que deben ser encaradas con la organización de la lucha de las masas para imponerlas. Y no solo como una plataforma electoral que permita realizar un trabajo de propaganda socialista.

Insistimos: la emergencia pasa por articular la resistencia de las masas y subvertir las estructuras sindicales llamando a que asambleas de fábrica y generales resuelvan el plan de lucha a adoptar para enterrar el PEC 32 y recuperar las reivindicaciones perdidas. Esta lucha encarada en forma consecuente es la que va a masificar la movilización y derrotar a Bolsonaro y las variantes continuistas. Una intervención enérgica del polo revolucionario y socialista en el terreno del llamado a la acción directa, abrirá también un superior protagonismo en la lucha electoral, entendida como la continuación de la batalla que estamos emprendiendo en el campo de la lucha de clases y la independencia obrera.

La iniciativa del PSTU de constituir este polo revolucionario y socialista ha sido avalada por mil firmas de dirigentes y activistas sindicales y de izquierda. Y está creciendo con nuevas adhesiones. Es un paso progresivo que hay que defender; y luchar en su seno por profundizar un verdadero curso de independencia obrera.

4 de octubre.