Brasil: el voto de las mujeres y el límite social de Lula

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Las mujeres representan el 53 por ciento del padrón electoral brasileño

El voto femenino puede decidir una elección que dejó de ser cómoda para Lula (representa el 53% del padrón de votantes). En anteriores elecciones, Lula tuvo notable ventaja de votos en el padrón femenino. La ventaja que conserva entre las mujeres sigue siendo uno de sus principales activos frente a Flávio Bolsonaro, pero ya no funciona como dique automático contra la ultraderecha. Una parte de las trabajadoras que rechazó a Jair Bolsonaro por su misoginia y su gestión criminal de la pandemia juzga ahora al gobierno por lo que ocurre en la mesa familiar, el transporte y el trabajo. El miedo al retorno bolsonarista no desapareció; perdió la capacidad de ordenar por sí solo el voto.

El movimiento aparece con nitidez entre las jefas de hogar, un sector decisivo porque concentra la responsabilidad cotidiana por los ingresos y los gastos familiares.

Una de las encuestadoras registró allí un 47% para Lula y un 27% para Flávio Bolsonaro. La diferencia es importante, pero convive con el retroceso general del presidente entre las electoras y con el avance de su adversario. La encuesta no describe un bloque homogéneo: la posición cambia según la renta, la raza, la región y la religión. Entre las mujeres evangélicas, por ejemplo, Flávio logra una ventaja significativa, apoyado en la red de iglesias y en una campaña conservadora contra el aborto y los derechos sexuales (Datafolha/Folha de S. Paulo, 22 y 25/9).

La explicación inmediata está en el costo de vida. La baja reciente de algunos índices no borra el aumento acumulado de los alimentos ni la distancia entre el ingreso y los gastos indispensables. Quien administra un hogar no vota el promedio estadístico: compara el salario o el beneficio social con el precio de la carne, el arroz, el alquiler, el gas, la electricidad y el transporte. “La pérdida de apoyo a Lula entre las mujeres está asociada precisamente al encarecimiento de la comida, junto con la preocupación por los femicidios y el daño causado por las apuestas en línea. La percepción tiene una base material: el 82% de las familias brasileñas estaba endeudado en agosto y casi el 30% acumulaba cuentas atrasadas. (Clarín, 26/9; CNC-Peic, agosto de 2026).

Lula intenta recuperar ese terreno con un aumento del 15% del Bolsa Família, cuyo piso pasará de 600 a 691 reales. Una medida de emergencia para intentar revertir el retroceso en las encuestas electorales, por el malestar social: recién empezara a pagarse el aumento (de unos 30 mil pesos argentinos) el 19 de octubre (5 días antes de la segunda vuelta de balotaje electoral). La medida “aliviaría” a millones de hogares, especialmente de mujeres pobres, pero su anuncio a menos de tres semanas de la elección revela la dificultad oficial: el ingreso familiar sigue sometido a los precios, las deudas y los intereses. Una transferencia no modifica la estructura que produce esa asfixia. El gobierno preservó el marco fiscal, la autonomía del Banco Central, las reformas laboral y previsional y el pago de la deuda pública, que alimenta a bancos y fondos (Reuters, 17/9; Folha de S. Paulo, 17/9).

Al ver que iba perdiendo la ventaja que le otorgaban las encuestas semanas atrás, el gobierno decidió suprimir las apuestas que se ha convertido en una de las fuentes de endeudamiento de la población y en particular de los jóvenes. El endeudamiento de las familias trabajadoras y pobres gira en torno a la inflación de la canasta familiar, los altos intereses bancarios de las deudas de las tarjetas, etc. La medida despierta el apoyo de la mayoría de la población (particularmente de las mujeres), pero habrá que ver si eso contribuye a un ascenso del voto a favor de Lula, con más razón cuando se trata de una medida tardía, tomada de apuro en vísperas de las elecciones.

El bolsonarisamo no se ha privado de denunciar que fue el PT quien legalizó las apuestas. La Medida Provisoria 1934 que instituye esta prohibición deberá ser tratada y aprobada por el parlamento dentro de los 120 días después de haber sido decretada (después de la segunda vuelta). Por otro lado, eso está lejos de resolver el problema ya que el flujo actual se derivará a la apuesta clandestina.

La violencia de género abre otro frente. Flavio explota el aumento de los femicidios como si su corriente no hubiera promovido el armamentismo, la militarización y el odio contra las mujeres. El lulismo invoca el peligro reaccionario, pero evita enfrentar a las iglesias, policías y bloques parlamentarios que sostienen esa ofensiva porque depende del Centrão (bloque de partidos conservadores que domina el parlamento). La misma conciliación bloquea el aborto legal y limita la lucha contra la violencia.

También pesan las jornadas interminables. Millones de brasileñas enlazan empleo precario, trabajo doméstico y tareas de cuidado. Por eso la pelea contra la escala 6x1 y por una semana laboral más corta sin reducción salarial interpela directamente a este electorado. El gobierno buscó apropiarse del reclamo, pero no rompió con los empresarios que lo rechazan. Lula no logro que el Senado lo vote antes de la elección como había pactado con el “Centrao”. La ley del 6 x 1 sigue bloqueada y, seguramente, experimentara después de las elecciones, nuevas modificaciones que la limiten.

La disputa concentra la contradicción de toda la elección. Flávio representa una amenaza concreta: combina fundamentalismo, autoritarismo y un programa económico que descargaría la crisis sobre los hogares populares. Pero el retroceso de Lula no nace de una falla de comunicación. Surge de una experiencia: las mejoras -tímidas y a cuentagotas- conviven con alimentos caros, deuda, precariedad y violencia, mientras bancos, agronegocio y grandes empresas conservan sus privilegios.

La conquista de las reivindicaciones de la mujer pone al rojo vivo la necesidad de la independencia política respecto a las variantes en pugna. Es necesario enarbolar un programa propio: salario mínimo capaz de cubrir la canasta familiar, reducción de la jornada sin rebaja salarial, guarderías, servicios públicos, aborto legal y medidas efectivas contra los femicidios. El voto de las mujeres no debe ni puede ser un coto de Lula ni un terreno que deba entregarse al bolsonarismo. Puede convertirse en una fuerza propia si se une a la lucha de la clase trabajadora por una salida independiente que abra paso a un gobierno de trabajadores.

Brasil a una semana de las elecciones
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