Brasil a una semana de las elecciones

Crisis y descomposición del régimen político: la tarea es reagrupar a la vanguardia obrera en forma independiente.

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Una grave crisis institucional.

El domingo 4 de octubre se realizarán las elecciones generales en Brasil, donde se elegirá presidente y cargos legislativos nacionales y estaduales. Las encuestas han ido acortando la distancia entre el actual presidente centroizquierdista, Lula, y el derechista Bolsonaro (hijo): las dos candidaturas que polarizan la candidatura presidencial. En la primera vuelta estaría, aún, ganando por poco Lula. Pero en el ya inevitable balotaje de segunda vuelta, se perfila un empate técnico (47,4% a 47,2%). En las elecciones del 2022, Lula ganó en segunda vuelta por un escaso 1,8%. Así planteada la situación se repetiría, con menor margen y con Lula actualmente en el poder. Pero…

La crisis del Tribunal Superior Federal y las elecciones

Como abordamos en un artículo en En Defensa del Marxismo, se viene atravesando una grave crisis institucional. El Tribunal Superior Federal (TSF), la Corte Suprema del Brasil, se dividió, enfrentándose públicamente en torno a fuertes acusaciones de corrupción entre sus miembros.

Los jueces lulistas y los bolsonaristas están comprometidos en acuerdos de corrupción pagados por el banquero Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, que ha sido vaciado, dejando colgados a un millón y medio de ahorristas por 51 mil millones de reales. La estafa bancaria más grande de la historia brasilera. Vorcaro se hizo amigo del poder y distribuyó “comisiones” a los jueces afines a Lula y también a los voceros de Bolsonaro.

Según lulistas, la burguesía “liberal”, se colocó del lado de las acusaciones contra los jueces prolulistas. Los grandes medios de difusión (la red O’Globo, La Folha de Sao Paulo, etc.) están haciendo campaña en ese sentido. Un alto dirigente del PSOL, que integra el Frente Amplio de Lula presidente, ha acusado al compañero de fórmula, el vicepresidente y dirigente del liberalismo brasilero, Geraldo Alckmin, de intervenir, escasamente, en defensa de su bando. 

Hay preocupación de que Lula y el Frente Amplio pierdan la elección.

La realidad social

¿Por qué en cuatro años de gobierno el gobierno del Frente Amplio de Lula no pudo revertir la situación y arrastrar detrás si el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas del Brasil?

El Frente Amplio estaría retrocediendo en su base social mayoritaria: los pobres, los trabajadores menos cualificados, las mujeres, los jóvenes y negros.

La situación social no ha avanzado bajo el gobierno Lula. Gran parte de las familias trabajadoras y pobres, al igual que en la Argentina, no llegan con sus ingresos a fin de mes y se han ido endeudando. Es que mientras el gobierno insiste en que el Salario Mínimo habría crecido un 24%, frente a una carestía cercana al 20% (con los cálculos oficiales en duda), la realidad es que la Canasta Básica de Alimentos y Servicios, que es la que pesa en el bolsillo de los explotados, supera el 23%. El subsidio más grande para los pobres, el “Bolsa Familia” no se aumentó desde el 2022, pasando de los 600 reales de entonces a 691 reales (un incremento del 15%: unos 30 mil pesos argentinos) a cobrarse a principios de octubre. Esta medida fue tomada de urgencia, hace unas semanas, ante la evolución del retroceso del lulismo en las encuestas electorales.

Esto está acompañado por otras “promesas”. Lula anunció otras medidas de emergencia: un proyecto para que el Sistema Único de Salud estatal distribuya gratuitamente jeringas de Ozepric u otras drogas similares a los obesos para reducir de peso; el de refinanciar las deudas de las familias con el sistema bancario y crediticio; etc.

En cuatro años de gobierno el lulismo no ha revertido las reformas laborales y previsionales antiobreras y reaccionarias y se ha comprometido, en los círculos empresarios, a nuevas “reformas” de ajuste de ser reelegido.

Las reformas que introdujo, por ejemplo, en materia tributaria anulan una parte del IVA al consumo (que se aplicaría plenamente en el 2033), pero aumentando los impuestos sobre las bebidas azucaradas y alcohólicas. Dicen, cínicamente, que para preservar la “salud del pueblo”. 

Están trabados en el Senado reclamos como la ley que anula el régimen laboral del 6 x 1 (6 días de trabajo por uno de descanso, semana de 44 horas de trabajo), reduciéndola al 5 x 2 (40 horas semanales), que abarcaría a unos 15 millones de trabajadores, una parte de los que trabajan en blanco; y ya no saldría antes de las elecciones, sometiendo a nuevas negociaciones restrictivas con la derecha y las patronales.

Trump y Bolsonaro

Bolsonaro explota este deterioro social acentuado bajo el gobierno de Lula. Trump y Rubio aumentaron los aranceles a la importación de productos brasileños, en gran medida, para favorecer la campaña electoral derechista. Bolsonaro promete que de triunfar en las elecciones, su gobierno no sólo anularía estas trabas imperialistas, sino que lograría una “lluvia de inversiones” norteamericanas (igual que la verborragia de Milei), en minería, petróleo, agroindustrias, etc. El crecimiento del Brasil se está ralentizando y una parte de la burguesía “liberal” está siendo tentada de cambiar de caballo en mitad del río. El hecho de que grandes medios de difusión están siendo ganados a esta perspectiva, indica su avance.

La burocracia sindical frenteamplista paraliza la reacción de los trabajadores

Esta situación de deterioro social no es respondida por una ola de reclamos y movilizaciones obreras y populares. Las centrales obreras, la CUT en primer lugar, y los organismos de masas de los estudiantes, campesinos, inquilinos, están trabados y desorganizan los intentos de resistencia y lucha de las masas por su subordinación política al gobierno de Lula y Alckmin. Dicen que es para no provocar a la derecha y tratar de ganar una mayoría en las elecciones que les permitiría, entonces sí, llevar adelante reformas populares. Pero lo que están haciendo es desmovilizar, permitiendo que la derecha se envalentone. Solo los trabajadores movilizados, en pie de lucha, pueden frenar los avances derechistas de los Bolsonaro y Trump,

La propia dirección de la CUT ha sacado declaraciones reconociendo que el costo de vida es elevado pero, afirman, que esto es culpa del gobierno anterior de Bolsonaro. El gobierno de Lula, maniobró con versos, pero el ajuste contra el pueblo continúa y se profundiza. Un editorial de la dirección de la CUT (21/9) afirma que las políticas del gobierno “no lograron que los precios de los alimentos volvieran inmediatamente a los niveles anteriores”. La CUT reconoce que el gobierno frenteamplista no ha logrado “que la comida sea barata ni que el problema se haya solucionado. Los precios siguen estando al nivel elevado que dejó el gobierno de Bolsonaro”. Y así, podríamos seguir en todos los rubros sociales: educación y salud pública, etc.

La izquierda lulista llama a que la izquierda que se presenta independiente del gobierno y las listas del frenteamplistas, de unidad con la burguesía “liberal” antifascista, depongan sus candidaturas para derrotar a la derecha. (1) La alianza “nacional y liberal” del Frente Amplio es la que viene ejecutando los planes de ajuste contra el pueblo, mientras mantiene sujetados la movilización del pueblo.

Es necesario recuperar la CUT y las organizaciones de masas de los explotados para organizar la lucha de clases, contra los frentes de colaboración de clases y la derecha que avanza sobre la pasividad y atomización de la resistencia obrera y popular. El 4 de octubre votar por la izquierda que se reclama independiente. En el PO hemos apoyado las listas del PSTU, como un paso elemental de reagrupamiento de la vanguardia que se reclama clasista y de izquierda.

  1. “Los firmantes de este texto —miembros de la comunidad académica, docentes de primaria y secundaria, artistas, trabajadores, activistas sociales, defensores de los derechos humanos, etc.— reconocen la legitimidad de las diversas candidaturas de izquierda a la presidencia de la República: Edmilson Costa (PCB), Hertz Dias (PSTU), Rui Costa Pimenta (PCO) y Samara Martins (UP). Respaldada por la coalición PT, PCdoB, PSB, PSOL, PV, Rede Sustentabilidade y PDT, la fórmula Lula-Geraldo Alckmin es única en el ámbito progresista, ya que cuenta con las condiciones electorales necesarias para evitar las consecuencias antidemocráticas y los devastadores efectos económicos y sociales que resultarían del regreso del bolsonaroísmo al gobierno de la República” (“Manifiesto y petición: ¡En defensa de un Brasil soberano y democrático, contra la barbarie social!”, 21/9/2026). 
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