28/10/2020 | 1608

Brasil: en los umbrales de las elecciones municipales

El 15 de noviembre se realizarán elecciones en 5.570 municipios de Brasil, para elegir prefectos y vereadores (intendentes y concejales).

El fascistoide presidente, Jair Bolsonaro, no presenta un partido propio nacional que intervenga en las elecciones de todas las ciudades. Es que no cuenta con una estructura partidaria propia. Esto ya se evidenció cuando fue electo (2018) usando como sigla al PSL, un pequeño partido derechista sin historia ni tradición, que nunca tuvo más que un diputado (y a veces ninguno) sobre más de 500 que componen la Cámara. Pero incluso esta sigla alquilada fue abandonada por Bolsonaro hace unos meses por disputas con el costo reclamado por sus titulares en materia de candidaturas.

Bolsonaro se ha volcado a acuerdos con diversos sectores derechistas que declaran su afinidad y a los que espera consolidar en apoyo a su reelección en 2022. Su popularidad ha vuelto a subir, después de una fuerte caída en los inicios de la pandemia y de la crisis social. La entrega de un bono de 600 reales mensuales a 70 millones de brasileros sin ingresos fijos, contribuyó a ello. Bono que se termina a fin de año, pasadas las elecciones.

Una característica importante del actual proceso electoral es que todos los partidos han salido a un toma y daca de lo más heterogéneo, a armar acuerdos y mezclas de diferentes frentes sin principios de ningún tipo, solo por negociaciones del orden de candidaturas.

Así, el PT (partido de Lula) integra alianzas encabezadas por el PSL en 145 municipios. El PCdoB en 70 ciudades. Y el centroizquierdista PSOL en 40.

Otra tendencia destacable: la mayoría de estos partidos llevan en sus listas a miembros de las fuerzas represivas. El candidato a vice prefecto de Río de Janeiro por el PSOL es un jefe de la policía militar. Y la candidata a prefecta de Salvador también es un alto oficial de la Policía Militar y no lo oculta, por el contrario, se presenta con el rango y se hace llamar Mayor. La moda militar se ha extendido a todas las listas. Y no desde ahora: el Parlamento está lleno de militares retirados, elegidos en forma transversal en las listas de los partidos ‘civiles’ y ‘democráticos’. Ahora se ha acelerado este proceso. Otra copia de Bolsonaro son los candidatos evangélicos que van en diferentes listas, mostrando el abandono del laicismo y el militarismo por formaciones que se reclaman progresistas, de izquierda y/o de centroizquierda. La cultura fascistoide dominante es copiada por esta oposición.

Desde ya que no se trata solo de las candidaturas. El principal candidato del PSOL para la prefectura de la megametrópolis de San Pablo, Guillermo Boulos, promete frenar el racismo y los abusos represivos de las fuerzas de seguridad mediante la realización de “cursos” para formar en educación democrática a los matones policiales.

En Río de Janeiro, legisladores del PT y del PCdoB votaron perdonar y que no paguen sus deudas impositivas las iglesias evangélicas.

Retroceso del PT

Encuestas electorales vaticinan un importante retroceso para el PT. No solo está el desgaste de Lula y el PT ante las masas, cansadas del palabrerío impotente, sino también que parte considerable del gran capital y sus medios de prensa, están promoviendo nuevos liderazgos, impulsando la constitución de un “Frente Amplio” por la democracia, como posible alternativa a Bolsonaro para las elecciones presidenciales de 2022. Hay una pretensión del establishment de renovar al PT, desplazando el liderazgo y una probable futura candidatura presidencial de Lula. Esta semana, Lula da Silva se convirtió en acusado -por cuarta vez- en un nuevo proceso de corrupción (Lava Jato).

Las encuestas publicadas dan también un relativo progreso para el PSOL. En San Pablo, la fórmula de Boulos y Erundina está en el 8%, colocándose en el tercer lugar, mientras el PT oscila entre el 1 y 2%. Lo que ha impulsado una campaña para que la lista del PT sea levantada, para apoyar a Boulos, del PSOL, tratando que entre en la segunda vuelta por el cargo de Prefecto de esta metrópoli de 13 millones de habitantes. La candidatura de Boulos está siendo promocionada por los medios de prensa y en torno de ella se ha ido concentrando un movimiento de apoyo, particularmente de sectores de la clase media. El renombrado artista Caetano Veloso dedicó un festival en favor de esta candidatura.

PSOL: ¿Bolsonaro o Frente Amplio?

En su congreso, la dirección del PSOL “definió como prioridad la lucha contra la extrema derecha en todas las ciudades del país”. La resolución votada afirma como su objetivo central contener el avance de las fuerzas de extrema derecha y sus socios minoritarios en las administraciones municipales en todo Brasil”. Esto sería “un episodio fundamental en la lucha por la democracia y contra el bolsonarismo” juramentándose que harán de las elecciones «una trinchera en la lucha”.

«El PSOL hará todo lo posible para presentar una salida de izquierda, democrática y socialista a la crisis que vivimos», dice la resolución, pero también pone “la unidad opositora a la extrema derecha como necesaria en tantas ciudades y capitales como sea posible”.

La alternativa de izquierda termina siendo funcional y subordinada a un frente amplio: “trabajaremos por la unidad, para derrotar a la extrema derecha y pasar esta nefasta página de nuestra historia”. Con esta orientación, el PSOL se lanzó a conformar frentes en todas partes con los más variados sectores, buscando posicionarse en una mayor obtención de bancas. La estrategia del PSOL es clarísima, estas elecciones municipales “son un paso fundamental en las luchas que se librarán en 2022 por la derrota definitiva de la extrema derecha”. Trabajando por la constitución de un «Frente Amplio contra la reelección de Bolsonaro”.

En el caso de San Pablo, el PSOL y en particular sus candidatos centrales (Boulos y Erundina) se empeñaron en los inicios de la campaña electoral en consumar un frente con el PT.

La izquierda más radical, atrapada en una deriva electoralista, viene actuando de furgón de cola de la política que está impulsando la clique dirigente del PSOL (ver nota anexa).

La lucha de clases

La reciente huelga general de 36 días de los trabajadores del Correo terminó en una “derrota rotunda”. Más de 100 mil trabajadores postales protagonizaron la huelga más grande de la historia de su gremio y la lucha más importante del período bolsonarista. Un elemento fundamental en la causa de esta derrota reside en el aislamiento al que fue sometida esta gran lucha por las centrales sindicales subordinadas a los partidos y frentes burgueses que luchan por “la democracia” contra Bolsonaro. Esta ‘lucha’ de los partidos burgueses y centroizquierdistas está focalizada solo en el terreno institucional y electoral. La Central Unica de Trabajadores (CUT), subordinada al PT y a Lula, no movió un dedo en apoyo a esta gigantesca huelga: dejó que se desangrara. El triunfo de la huelga de Correos hubiera significado el principio del fin del gobierno bolsonarista. Su derrota ha ensoberbecido a la derecha y habilitado a que inicie una política de despidos masivos y privatización del Correo. Y siga por el mismo camino atacando a los trabajadores y privatizando Petrobras, Electrobras y otras. La CUT, sin embargo, se mantiene en la pasividad, esperando constituir el frente amplio democrático que desplace a Bolsonaro en las elecciones de 2022. El PSOL tiene la misma política: no ha movido un dedo por el triunfo de la huelga de Correos.

Este es un camino de derrota, como ya sucediera con la no movilización para resistir el golpe que destituyó a Dilma Rousseff. Y luego con la pasividad ‘jurídica’ que acompañó la detención arbitraria de Lula, pavimentando el acceso de Bolsonaro al poder. En cambio, en Bolivia, la tenaz resistencia de masas al golpe y la fuerte huelga general -con cortes de ruta que paralizó al país durante 12 días, sobrepasando los frenos puestos por la dirección del MAS- hundieron electoralmente a los golpistas.

La agudización de la crisis económica y social en marcha plantea con suma urgencia la necesidad de recuperar las organizaciones de masas (CUT, etc.) y constituir un polo político por la independencia de clase para avanzar en la construcción de un partido político revolucionario de la clase obrera. Los explotados no deben ser arrastrados, nuevamente, a la subordinación de alternativas burguesas frentepopulistas.

Con el emblema de la lucha contra el fascismo, de impedir la reelección en 2022 de Bolsonaro, se estrangula la lucha de masas detrás de la burguesía democrática. La izquierda brasilera está metida hasta el cogote en esta perspectiva antirrevolucionaria frentepopulista.

En las próximas elecciones no habrá alternativa de izquierda que ofrecer a las masas entre la izquierda, que es furgón de cola del PSOL frentepopulista. Un ascenso electoral del PSOL, lamentablemente, no hará cambiar a la izquierda de este papel de subordinación, sino que incluso lo alentará.

En estas condiciones, llamamos a votar por los candidatos PSTU

Hace unos meses, el PSTU firmó junto al PT, PSOL y otros partidos centroizquierdistas un planteo común pidiendo el juicio político a Bolsonaro. Con este trámite leguleyo e inútil (en el Parlamento hay ingresados más de 50 pedidos que están cajoneados) lo único que se hace es blanquear a políticos frentepopulistas contrarios a la lucha obrera independiente. Pero, aún siendo conscientes de estos límites, llamamos a respaldar sus listas por tratarse de la única opción que se coloca en un campo de independencia política.