Internacionales
15/10/2026
Brasil: masiva e histórica movilización de masas contra Bolsonaro, a diez días de las elecciones
Se derogó el régimen laboral antiobrero del 6 x 1: ¡Este es el camino!

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Al día siguiente de la primera vuelta electoral del 4 de octubre, comenzó la agitación en el seno del movimiento estudiantil para movilizarse y ganar las calles contra Bolsonaro. El martes salieron decenas de miles de estudiantes de la universidad fluminense (Rio de Janeiro) en masivas manifestaciones. La agitación y movilización se fue extendiendo toda la semana, desde la juventud por todo el país.
El domingo 11, con Lula presente, se concentraron cerca de ¡un millón! de personas en la Avenida Paulista, en San Pablo, la mayor ciudad del Brasil, contra Bolsonaro. Y se han ido desarrollando por todas partes. En Rio de Janeiro también en forma semiespontánea se concentraron centenares de miles en Copacabana, el lunes 12 al mediodía. Y por la tarde, otras decenas de miles en un festival en el barrio Lapa.
Los analistas dicen que nadie esperaba semejante reacción popular contra Bolsonaro. Un dirigente del PSOL, activo defensor del Frente de la Esperanza de Lula, declaró (Carta Politica) el miércoles 14/10: “En los últimos cuatro días ocurrió algo insólito, algo extraordinario, colosal, magnífico y conmovedor. La noche del viernes 9 de octubre, en Belo Horizonte, y posteriormente el domingo en la Avenida Paulista, y durante el día festivo en Copacabana, se produjeron multitudinarias manifestaciones, con cientos de miles de personas, que tomaron las calles. Eran personas de diferentes generaciones, con una gran presencia de estudiantes, adultos y ancianos, portando pancartas y coreando consignas incansables, participando activamente y demostrando una intensa voluntad de luchar. La izquierda no había protagonizado un acto tan grandioso en los últimos treinta y cinco años, el lapso de una generación”.

La chispa que detonó estas masivas movilizaciones populares contra Bolsonaro fue el inicio de las movilizaciones estudiantiles, que se extendió rápidamente hacia el conjunto de la población que se reclama de izquierda. “Estas surgieron de forma espontánea y autoorganizada. Ninguna organización sindical, popular o política de la izquierda las convocó. Surgieron desde las bases como reacción a los resultados electorales de la noche del domingo”, afirmó el mismo dirigente del PT/PSOL.
El martes la UNE (Unión Nacional de Estudiantes, la FUA brasileña) convocó a manifestaciones estudiantiles en todo el país y estas se empezaron a desarrollar crecientemente, arrastrando incluso a universidades privadas y de “elite” (fenómeno parecido al que se está desarrollando en Francia). Pero la “levadura” juvenil/estudiantil ha dado un salto conquistando adhesión popular en San Pablo, Rio, Recife y otras capitales.

Los analistas políticos esperaban que hubiera algún tipo de reacción popular de repudio al ajustado triunfo de Bolsonaro, pero no de esta magnitud.
Giro de Bolsonaro
Habiendo obtenido el triunfo en la primera vuelta, Bolsonaro se sentía seguro. Planteó que no concurriría al debate entre candidatos que debía realizarse el próximo domingo 18 de octubre. También declaró su oposición al “contenido” de la ley que deroga el actual régimen laboral del 6 x 1 (semana de 44 horas con 6 días de trabajo y 1 de descanso) que sería reemplazado por un 5 x 2 (4 horas de trabajo menos, sin reducción salarial: 40 horas semanales con 2 días de descanso), que estaba a votación en el Senado. Un proyecto apoyado, según encuestas, por el 75% de la población.
Flavio Bolsonaro denunció que se trataba de un proyecto demagógico y electoralista, pero que no votaría en contra: proponía derogar ese proyecto para reemplazarlo por otro de “libre contratación” donde cada trabajador podría pactar “libremente” la extensión de su horario de trabajo y de sus descansos con el patrón. El salario sería pagado por horas trabajadas -lo que plantea una reducción salarial, aparte de la esclavización total del trabajador a las necesidades declaradas por el patrón. Insinuó que en la votación en el Senado, no se opondría, sino que se abstendría. Lo que pondría en peligro el voto positivo que necesita de los dos tercios para ser aprobado. Flavio Bolsonaro quería que la ley se tratara, efectivamente, luego de su eventual asunción presidencial, con un nuevo parlamento donde tendría una mayoría de votos. Se proponía “enmendar” en forma reaccionaria el limitado proyecto de derogación del 6 x 1.
Pero el peso de las movilizaciones lo ha hecho girar en sus posiciones. En la última concentración masiva realizada el día anterior a la votación en el Senado, en Brasilia, decenas de miles de manifestantes coreaban: “Trabajador presta atención, el horario 6 x 1 solo beneficia al patrón”.
Bolsonaro tuvo que cambiar de actitud. Declaró que iba a votar a favor “a pesar de que la medida está mal formulada y es perjudicial para la economía”. Bajo cuerda hizo llegar a las patronales la promesa de revisarla con su mayoría parlamentaria en caso de que ganara efectivamente la segunda vuelta del balotaje del 25 de octubre. Para reafirmar esta orientación no estuvo presente en el debate parlamentario, mandando su voto por internet desde su recorrida de campaña electoral en el sur del Brasil.
La derogación del 6 x 1 fue votada afirmativamente por 75 votos contra 1 en contra (el ex vicepresidente de Bolsonaro padre, el general retirado Hamilton Mourao, actual senador por el partido Republicanos, aliado de Bolsonaro). ¡Un triunfo impuesto por la movilización popular!
La bancada del Partido Liberal (PL) de Bolsonaro votó también afirmativamente. El jefe de la bancada, el senador Rogério Marinho, que había presentado un proyecto alternativo basado en la flexibilidad del pago por horas, acató la directiva de Flavio que se rindió ante el hecho de que la mayoría popular apoyaba abiertamente la derogación.
Acto seguido, Flavio Bolsonaro revió su actitud y anunció que el domingo 18, concurrirá al debate público televisado con Lula.
Profundizar la movilización
9 de 10 encuestas siguen dando a Bolsonaro como el candidato ganador en las próximas elecciones del 25 de octubre. Pero… ¿se detendrá la movilización popular? ¿Qué rumbos adoptara?
Por lo pronto, el gobierno anunció una condonación de deudas con el estado para 3,6 millones de micro emprendimientos individuales. El proyecto de ley prevé el perdón de aproximadamente unos 2.500 millones de dólares en obligaciones acumuladas con el gobierno federal por capas bajas dela clase media y trabajadores independientes.
El triunfo de la derogación del 6 x 1 debiera ser el inicio de una ofensiva de la masa trabajadora para derogar las antiobreras y reaccionarias reformas laboral y previsional impuestas por el gobierno golpista de Temer y el de Bolsonaro padre.
La central obrera (CUT) ha sacado un comunicado de su Junta Ejecutiva Nacional, poniendo paños fríos en lugar de subir el voltaje de la lucha obrera y popular. Declara que, una vez sancionada la ley, “asume, a partir de ahora, el papel central de supervisar la rigurosa implementación del PEC 221/2019 en cada centro de trabajo, en cada categoría y en cada convenio colectivo”. No anuncia la lucha por recuperar las conquistas perdidas. Los obreros participan en las grandes movilizaciones en curso contra Bolsonaro, como individuos, como ciudadanos indiferenciados. La que está ausente de las movilizaciones es la clase obrera como clase, organizada y movilizada por sus sindicatos y centrales. Esta es una orientación política impuesta por Lula y el PT: no quiere poner en pie de lucha al movimiento obrero organizado. El líder del PT, según los trascendidos, habría decidido en caso de ganar, designar como ministro de Hacienda a Geraldo Alckmin, un representante del empresariado brasileño con el cual comparte la fórmula presidencial. Su nombramiento apuntaría a dar una fuerte señal al capital de que Lula no va a sacar los pies del plato y va a llevar a cabo el ajuste fiscal que reclama el establishment nacional e internacional.
Después de las elecciones, gane Lula o Bolsonaro, la clase burguesa reclama un fuerte plan de ajuste, reduciendo en primer lugar el déficit presupuestario que está cerca del 10% del PBI. Aunque el 90% de ese déficit se debe al pago de los intereses usurarios de la deuda pública, lo que quieren es reducir al máximo los gastos en educación y salud pública y gastos sociales. Una clase obrera movilizada y unida al movimiento estudiantil y popular en las calles, sería un fuerte escollo a estos planes ajustadores.
La clave para revertir un posible triunfo electoral de Bolsonaro, Trump y Marco Rubio, está en la movilización de los trabajadores y el pueblo. Los trabajadores no quieren que se los siga engañando con que un nuevo gobierno de Lula va a “seguir trabajando” para reducir la inflación, pretenden que se aumente, en primer lugar sus salarios para enfrentar la debacle económica de la familia trabajadora que no llega a fin de mes. Clave que en cada fábrica y sindicato se realicen asambleas y se voten pliegos de reclamos: 20% de aumento de emergencia, acabar con la precarización laboral: todo el mundo a trabajar bajo convenio colectivo y en blanco; apoyo a las huelgas de Correos y Bancarios (Caixa) en defensa de sus planes de salud y conquistas y contra los despidos: paro general nacional; no pago de la usuraria deuda pública (que ya llega al 85% del presupuesto nacional). Para derrotar a la derecha hay que poner en pie de lucha al movimiento obrero.



