Internacionales
2/8/2026
Ceuta, mucho más que una "crisis migratoria"
88 migrantes asesinados por las políticas racistas e imperialistas de la Unión Europea.
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Reproducimos a continuación una declaración de Izquierda Revolucionaria del Estado español.
La vida de 88 seres humanos, mujeres y hombres inocentes ha sido segada en las aguas de Ceuta, pero la cifra podría crecer mucho más en las próximas horas. Este hecho brutal, que debería conmocionar a cualquiera y abrir todas las crónicas de los medios de comunicación, poco importa. Para la derecha extrema y la extrema derecha, PP y Vox, nos enfrentamos a una “invasión” que debe ser respondida con pogromos sangrientos. Según esta gentuza, estos 88 muertos deberían ser miles.
Pero lo realmente llamativo es que el presidente Pedro Sánchez no haya tenido ninguna palabra de consuelo para estas personas y sus familias, y en cambio sí que haya afirmado rotundo que estamos ante una “violación de la integridad territorial de España”.
Una “violación de la integridad territorial” no es más que otra manera de hablar de “invasión”. El gobierno completa este argumento movilizando al ejército y responsabilizando de todo lo ocurrido a las “mafias”, anunciando la colocación de boyas en el espigón para crear una nueva frontera marítima —para neutralizar la sentencia del Supremo y deportar en caliente a los que intenten cruzar a nado— y, lo que es verdaderamente despreciable, alabando a la dictadura de Mohamed VI a la que emplaza a profundizar en la represión a los migrantes, obviando la situación desesperada en la que viven millones de marroquís.

Esta línea de defensa es toda una declaración política que además oculta la verdad y escamotea las razones de fondo que explican lo sucedido. Un presidente que hace gala de tanta empatía y solidaridad con los que sufren, ha guardado un silencio sepulcral con las auténticas víctimas: las miles de personas migrantes de clase trabajadora que han padecido un calvario brutal estos días, las que han muerto, las que han sido apaleadas por bandas fascistas con total impunidad y ante la pasividad de las fuerzas policiales, y a las que se las ha negado la comida, el agua y obligado a pernoctar como animales en condiciones inhumanas.
Pero hay más cosas. Sánchez sabe muy bien que la mafia es parte del aparato del Estado de la dictadura alauita, que los mafiosos que dominan el prospero negocio de las rutas de inmigración se sientan en el trono, en la corte, en los despachos de la policía, de la magistratura y de los políticos del régimen. Que la mafia no es otra cosa que esa camarilla militar-judicial-empresarial que rodea al rey y que popularmente se conoce como "majzén". Al Estado marroquí lo domina la mafia oligárquica y despótica que gobierna con mano de hierro desde hace muchas décadas.

La dictadura de Mohamed VI juega un papel esencial en la estrategia de la burguesía europea y de sus políticos a sueldo. Igual que ocurre con Erdogan en Turquía, Bruselas financia generosamente ambas dictaduras para que militaricen la frontera e impidan por todos los medios el acceso al viejo continente de millones de personas que huyen de la miseria y las guerras que la Europa imperialista provoca. ¿Derechos humanos? Precisamente se paga para que los derechos humanos se violen a conciencia, pero que lo hagan otros. ¿Y qué dice de esto el Gobierno español? No dice nada porque participa del engranaje activamente. Es duro decirlo, pero es la realidad.
Pedro Sánchez no da puntada sin hilo, y por eso silencia conscientemente otros elementos de gran importancia para entender lo ocurrido en estos días. Primero, el papel de la legislación antiinmigración de la Europa fortaleza, que apuntala la campaña de la extrema derecha sobre la gran invasión y el gran reemplazo, que alimenta la xenofobia, el racismo y la islamofobia, y que permite a la mafia dirigir un negocio boyante mientras decenas de miles mueren en el intento de cruzar la frontera.
En segundo lugar, que la barbarie que padecen millones de personas en África, en Oriente Medio y numerosos continentes tiene responsables, y son las potencias imperialistas que integran la OTAN y que imponen el saqueo económico, la depredación de las riquezas naturales y las guerras con las que las clases dominantes de Europa y de EEUU defienden sus intereses y privilegios. Y este Gobierno “progresista” no ha roto en ningún momento con esos compromisos imperialistas, aunque intente ocultarlos en sus declaraciones públicas.

Maniobras geopolíticas en beneficio de la extrema derecha
La llegada de 50.000 ciudadanos marroquís a Ceuta se ha transformado en una gran oportunidad para que la extrema derecha global y las formaciones del Partido Popular Europeo arrecien en su discurso racista y salgan en tromba contra el Gobierno español.
La inmigración es parte de la lucha de clases y de la batalla por la hegemonía mundial. Es muy importante no pasar esto por alto. Y la dictadura alauita se ha posicionado en la pugna actual entre EEUU y China del lado de Trump e Israel. Muy abiertamente y activamente. Por eso en política no existen las casualidades.
La monarquía marroquí, igual que ocurre en la Turquía de Erdogan, también cuenta con capacidad de maniobra para ganar en ciertos asuntos ante sus amos europeos. Lo vimos con la crisis de los refugiados sirios, cuando Erdogan “amenazó” amablemente a Bruselas con abrir las fronteras y recibió un aumento de la financiación para sus campos de concentración.
También en mayo de 2021 el régimen de Mohamed VI recurrió al poder que le había otorgado el Gobierno de Pedro Sánchez, en aquel momento en coalición con Unidas Podemos, y presionó abriendo la frontera: más de 10.000 migrantes, en su mayoría subsaharianos, llegaron a la ciudad de Ceuta y durante días fueron reprimidos y controlados por las fuerzas de la Legión que el Ejecutivo español movilizó.
En esa “crisis”, la dictadura alauita respondía al gesto que La Moncloa tuvo con al líder del Polisario, Brahim Gali, para operarse en un hospital de Logroño. Finalmente, el movimiento de Rabat tuvo un resultado político de primer orden: un año después el Gobierno de coalición PSOE-UP dejó en la estacada al pueblo saharaui renunciando a defender su derecho a la autodeterminación y aceptando la fórmula de “autonomía”, bajo soberanía marroquí, que propugnaba Mohamed VI.
Hay pocas dudas de que la dictadura marroquí manejando las mafias, la gendarmería y la red de infiltrados del "mokadem", utilizando con habilidad las redes sociales y los medios materiales de los que dispone, y sobre todo explotando la desesperación de una población llevada al límite, especialmente de la juventud que soporta una tasa de desempleo cercana al 40%, haya logrado en pocas horas la entrada de 50.000 personas en Ceuta.
Pero este movimiento no solo responde a intereses inmediatos de Rabat, hay también factores geopolíticos de fondo que implican, y mucho, a la Administración Trump y el régimen sionista.
Para Trump y para Netanyahu, el hecho de que Pedro Sánchez se haya salido del guión, aunque sea en los detalles y en las formas, hable de genocidio en Gaza, se haya negado a la utilización parcial de las bases americanas en la agresión imperialista contra Irán y el Líbano, y se presente como un opositor a la agenda política de la extrema derecha, es ya un hecho suficientemente grave como para poner toda la maquinaria en marcha y buscar su derribo de todas las maneras posibles.

Indudablemente hay mas cosas. Los acuerdos con Argelia para garantizar el suministro de gas al Estado español y no comprar en el mercado estadounidense también pesa, como pesa que el Ejecutivo de Sánchez se está convirtiendo en un instrumento para aumentar la penetración económica de China en el sur de Europa, algo que entra en absoluta contradicción con la estrategia de Washington para mantener su influencia preponderante.
A algunos izquierdistas de salón señalar estas cosas les parece un “apoyo” al Gobierno de Pedro Sánchez. Pero ya se sabe, el pensamiento sectario es incapaz de distinguir matices, grados, ni contradicciones, que tienen su importancia cuando analizamos las tendencias del conflicto interimperialista, de la lucha de clases real y de la toma de conciencia de la clase obrera y, por tanto, determinan las posiciones de los revolucionarios. Para el sectario que ha renunciado a utilizar el método del marxismo, todo es lo mismo: dictadura y democracia burguesa, extrema derecha y socialdemocracia, Milei, Trump, Abascal, Feijóo, y Pedro Sánchez, Arnaldo Otegi o Pablo Iglesias.
Tanto Trump como Netanyahu están deseosos de que Pedro Sánchez sea derribado y que el PP y Vox ocupen La Moncloa lo antes posible. Y lo están por motivos políticos de peso, que no podemos obviar salvo que juguemos al izquierdismo más infantil.
La monarquía marroquí se ha convertido en un aliado estratégico de Washington y Tel Aviv en el Magreb. No nos extenderemos en este punto, pero las inversiones de ambos países en Marruecos y la función militar que ambas potencias le otorgan en el actual tablero del norte de África y Oriente Medio es destacado. Además, su capacidad de desestabilización en los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla, con las consecuencias que esto acarrea en la política interna española, está más que probada.
Ahora era el momento de activar esta baza. La “crisis migratoria” ceutí se produce cuando los incendios en Ávila y Madrid, que han arrasado más de 75.000 hectáreas y han obligado a decretar la “emergencia nacional”, habían situado a la extrema derecha a la defensiva, cuestionando su discurso negacionista y revelando la catástrofe de sus recortes en materia de extinción. Justo también cuando Ayuso hacía frente al escándalo de la compra de un ático de lujo en Chamberí, y que ha tenido que deshacer de la manera más precipitada.
Solo es cuestión de observar la sincronización. No hay ningún Gobierno de derechas que no se haya pronunciado y saltado a la yugular de Pedro Sánchez. Los ejemplos son abundantes.
Trump ha utilizado los acontecimientos de Ceuta para justificar su agenda neofascista en materia de inmigración. Algo que le permite desviar la atención de su derrota en la guerra contra Irán y cuando las encuestas le auguran un mal resultado en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre: “Es terrible. Recuerden esa imagen. Eso seremos nosotros en tres años si el bando equivocado llega al poder”, afirmó Trump a la cadena Fox News al referirse a la entrada masiva en Ceuta.

“Estas imágenes de España son un recordatorio desafortunado de las consecuencias de la migración masiva y las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, escribió el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, en su cuenta de X, y apostilló: “Gracias a Dios, Trump fue elegido y la frontera de nuestro país ya no se ve así”.
“España y otros países que han adoptado esta filosofía destructiva deberían rectificar inmediatamente o se arriesgan a su propia desaparición”, replicó la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Anna Kelly, en un comunicado a Fox; y por si quedaba duda del mensaje acabó así: “El presidente Trump lleva mucho tiempo advirtiendo a Europa de lo que ocurriría si siguen implementando políticas globalistas de extrema izquierda, incluyendo la facilitación de la migración masiva”.
La inmigración se ha convertido para Trump y su Gobierno en el ariete racista con el que combate al enemigo interior, la clase obrera y la juventud, al comunismo y la izquierda en todas sus variantes. No podemos extendernos en el papel que juega el ICE para sus objetivos totalitarios, pero este cuerpo policial neofascista que obtiene una financiación récord ha logrado deportar a más de 622.000 migrantes desde enero de 2025, según informes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
En Europa la jefa del Gobierno italiano, Claudia Meloni, ha abanderado la ofensiva con la exclusión del Estado español del espacio Schengen y azuzando a sus ministros para denunciar a Sánchez. En palabras del titular de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani: “La inmigración irregular y descontrolada supone una amenaza para la seguridad nacional. Las imágenes que llegan desde Ceuta demuestran que la decisión del Gobierno de conceder la ciudadanía española —y, por tanto, europea— a más de 500.000 migrantes irregulares es profundamente desacertada y fomenta el tráfico de personas”.
Tampoco el Partido Popular Europeo (PPE) se ha querido quedar atrás de sus colegas del otro lado del Atlántico. Dejando a un lado tonterías sobre “cordones sanitarios” para frenar a la extrema derecha, tan del gusto de la socialdemocracia europea y española, se ha lanzado en tromba contra el Gobierno español: “Situación alarmante en la frontera española”, alertó el presidente alemán del PPE, Manfred Weber, “es consecuencia directa del efecto llamada que supone la regularización masiva”.
Las declaraciones se cuentan por centenares: “El Gobierno español anuncia un plan de regularización masiva. Consecuencia lógica: mientras ya ha recibido más de un millón de solicitudes, miles de extranjeros fuerzan hoy [por el jueves 30 de julio] su frontera en Ceuta”, señaló François-Xavier Bellamy, vicepresidente del PPE en el Parlamento europeo.

También la ministra de Interior de Finlandia, Mari Rantanen, apoyó excluir a España del espacio Schengen, y la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, exigió a la Unión Europea “dar de forma inmediata todos los pasos necesarios y considerar todas las posibilidades, incluida la suspensión de la cooperación de Schengen”.
La extrema derecha europea hace suyos todos los planteamientos del PPE, como el francés Jordan Bardella, presidente del grupo Patriotas, que también integra los eurodiputados de Vox, alentando además el bulo de que miles de migrantes marroquís habían pasado a la península y se disponían a “invadir” Francia.
¿Acaso es de extrañar esta unidad de acción tan estrecha entre todas las fuerzas de la reacción? Solo la socialdemocracia suspira por dividir esta alianza, y atraer a la derecha conservadora a terrenos más “razonables”. Lo mismo que hicieron en los años treinta del siglo pasado, cuando invitaban a las fuerzas conservadoras a no hacerse fascistas y mantenerse en los límites de la “democracia burguesa”.
Pero igual que en aquella época, los partidos “conservadores” están girando violentamente a la derecha para no dejarse comer el terreno por las fuerzas neofascistas, racistas y populistas de extrema derecha, que están convirtiéndose en una opción estratégica para la clase dominante. Es un fenómeno global que trasciende las fronteras en esta etapa histórica de decadencia imperialista de Occidente y de crisis capitalista: se da en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania, en el Estado español, en EEUU, en América Latina o en Japón.
Precisamente esta unidad de acción ha quedado plasmada en la aprobación por el Parlamento europeo del reglamento de retornos, la nueva normativa europea que posibilita la creación de centros de deportación en terceros países — especialmente de África y Ásia según las preferencias manifestadas por los diputados del PPE y de la extrema derecha— para migrantes rechazados, incluidas familias con menores.
La euforia con este triunfo, que se visibilizó con ruidosos gritos fascistas y racistas en el hemiciclo de la eurocámara, fue muy celebrada por Jorge Buxadé, portavoz de Vox: “Hemos forzado la mano del PPE, un exitoso primer paso para la reemigración”. También se felicitó el eurodiputado sueco de extrema derecha Charlie Weimers: “con esta normativa será posible construir grandes y bonitos centros de retorno en terceros países (big beautiful return hubs)”.
El texto aprobado introduce nuevas obligaciones para los migrantes cuya solicitud de estancia en un país de la UE haya sido rechazada. Las víctimas de este racismo institucional deberán cooperar con las autoridades en su retorno y facilitar la activación de todos los mecanismos para su expulsión. En caso de no cooperar o si existe peligro de que se fuguen podrán ser detenidos hasta por 24 meses, incluida la posibilidad de una prohibición de entrada en territorio europeo de por vida.
Para restringir aún más las limitadas posibilidades que tenían de ser admitidos, la normativa elimina enfermedades que exigen un tratamiento médico o lazos familiares como posibles motivos de aplazamiento de una orden de deportación forzosa y prácticamente inmediata.

El gobierno del PSOE-Sumar ante el espejo
Entre sectores muy amplios de la clase obrera más consciente, más militante y más decidida a luchar contra la amenaza fascista, existe en estos momentos una profunda indignación por lo sucedido.
Los acontecimientos de Ceuta han dado alas a la extrema derecha para esparcir su demagogia racista y su veneno reaccionario con enorme amplitud. Alberto Núñez Feijóo habla abiertamente de “invasión” y exige un “despliegue de medios masivos” para contenerla.
Pero son las declaraciones de Santiago Abascal las que dan la medida de la violencia escuadrista que se está promoviendo: “Es una invasión. Son hombres en edad militar llamados por el Gobierno corrupto de Sánchez para que asalten nuestras fronteras para que después deambulen por las calles de España diciendo ‘Viva Pedro Sánchez’ (…) Detrás de cada violación, de cada puñalada, y de cada sablazo al bolsillo de los españoles para mantenerlos hay un culpable directo: el jefe de la mafia, Pedro Sánchez”.
El secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso, José María Figaredo, tampoco se ha quedado atrás: “Hay que militarizar la frontera y devolver sobre la marcha a todos, sin dudarlo ni pensarlo”. “Tiene que dar igual [lo que digan] el Tribunal Constitucional o el Tribunal Supremo. Estamos hablando de la seguridad de los españoles, de la integridad de España. Hay que hacer lo que hay que hacer”.
Poco tiempo después, Santiago Abascal fue aún más explícito: “¡Hay que echarlos ya! ¡A todos! Con los medios que sean. Y si el Gobierno no lo hace, tendrán que ser los españoles solos”.
¿Quién en su sano juicio no entiende que estas palabras son llamamientos enérgicos a la violencia fascista? Por supuesto que lo son, y se han puesto en práctica en Ceuta, donde el pogromo ultraderechista ha replicado lo que sucedió en Torre-Pacheco el verano pasado. ¿Las consecuencias? Ninguna. El Estado “democrático”, su policía y sus jueces no han hecho nada por frenar las agresiones fascistas. ¿Y el Gobierno? ¿Ha emitido algún comunicado de repulsa, o ha iniciado alguna investigación? Nada de nada.
Por el contrario, Pedro Sánchez ha respondido con miedo, mucho miedo, sin la menor empatía y solidaridad con la población inmigrante que ha soportado unos días de infierno, que cuenta con 88 víctimas asesinadas en la frontera racista, blanqueando a una dictadura brutal como la marroquí, escurriendo el bulto ante los ataques de la Administración Trump y del Gobierno sionista, llamando a la unidad nacional.
¿Acaso no se entiende que llamar a incrementar la represión en la frontera, financiar Frontex y a la dictadura marroquí, o apoyar la legislación racista europea, lejos de dar votos solo proporciona combustible a la teoría de la “gran invasión” que proclama la extrema derecha?

¿Alguien cree que le van a perdonar por intentar no “polarizar” la situación, utilizando los términos que tanto gusta al PSOE? ¿Que no lo van a llevar al banquillo para encerrarlo en prisión en cuanto lleguen a La Moncloa?
Sánchez, a pesar de las simpatías que puede despertar entre millones de trabajadores y de jóvenes cuando es atacado por la reacción, está renunciando a una defensa política que tome al toro por los cuernos. Y si no lo hace no es porque sea un inútil, que no lo es. Realmente es el dirigente más hábil que ha dado el PSOE en mucho tiempo, quizá desde la Segunda República.
El problema no es personal, es político. Sánchez quiere cuadrar el círculo. Defenderse de la reacción de una manera consecuente implica llamar a la movilización popular, en primer lugar, a la acción directa de la clase obrera para enfrentar la violencia fascista contra los migrantes y los activistas de la izquierda, que alientan tanto Vox como el PP.
Pero no lo hace, ni lo hará. Es un creyente del “Estado de derecho” y del régimen del 78. Así es. Igual que tampoco está dispuesto a tomar medidas socialistas genuinas para segar la hierba bajo los pies de la extrema derecha y del PP.

¿Acaso es tan difícil de entender que, si se enfrentara de verdad a los grandes poderes económicos empezando por expropiar los pisos en manos de los caseros rentistas y bancos para crear un parque público de millones de viviendas sociales, topando el precio de los alquileres, estaría luchando de manera eficaz contra la demagogia de la derecha?
¿Qué si su Gobierno decretase el fin de los recortes sociales, incrementara el SMI a 2.000 euros netos, y acabase con la devastación de la sanidad y la educación públicas, aumentando drásticamente los impuestos a los ricos y dedicando cero euros públicos al negocio de los conciertos con la sanidad y la educación privadas, millones de trabajadores lo apoyarían sin fisuras?
¿No se dan cuenta de que hablar de genocidio sionista y no romper relaciones diplomáticas con Israel, o mantenerse en la OTAN imperialista, es negar con hechos las palabras bonitas que nos regalan periódicamente en sus discursos?
Todo esto lo saben. Pero el PSOE y sus aliados parlamentarios no están dispuestos a alterar las reglas del juego. Piensan que no hay opción frente al capitalismo, y hace mucho que renunciaron al marxismo y al socialismo.
Pero es precisamente esta sumisión a la lógica y los intereses del capital, a los marcos de una democracia trucada y controlada por los grandes poderes económicos y fácticos, por tribunales, policías y militares franquistas, lo que lleva a la impotencia política y fortalece a la extrema derecha y su discurso.
Hay que tomar partido
El mundo capitalista está en llamas. Guerras imperialistas devastadoras, racismo y machismo descarnado, violencia en cada rincón del planeta, neofascismo y destrucción ecológica sin freno. ¿Se puede apagar este incendio abogando utópicamente por un capitalismo de rostro humano? Es imposible.
Que 50.000 ciudadanos marroquíes, jóvenes, familias enteras decidieran superar la frontera ceutí por el mar y las rocas con lo puesto, dispuestos a abandonar sus hogares y lanzarse a una penosa aventura para escapar de la miseria, del desempleo, de la completa falta de expectativas en su país… es una condena sin paliativos de un orden social inhumano.
Lo pueden disfrazar de democracia, pero no lo es. No es más que la dictadura del capital financiero oculta tras unas instituciones fraudulentas donde no reside la soberanía popular, y que, como ocurrió en el pasado, están asfaltando el camino para desastres aún mayores.
La agenda xenófoba antiinmigración de la Europa fortaleza, que este Gobierno acepta, no solo convierte países saqueados y gobernados por una élite cipaya en gendarmes militarizados para blindar sus fronteras, no solo financia generosamente un aparato represivo que es utilizado criminalmente contra sus propios pueblos… una política así se ha transformado en una poderosa baza que nuestros enemigos de clase están utilizando a conciencia.
Con este marco general, la propaganda racista y chovinista es ya un engranaje esencial para la burguesía imperialista de Europa y de los EEUU. Deshumanizar a conciencia a nuestros hermanos y hermanas migrantes, día tras día, hora tras hora, es parte de una estrategia que rinde grandes resultados a los ricos del mundo. Es una palanca formidable para dividir a la clase obrera y aplicar políticas represivas contra el “enemigo interior”.

A base de leyes que abren la puerta a la militarización y el control policial de las sociedades, que socaban los derechos democráticos más básicos, que otorgan impunidad a las organizaciones de extrema derecha y a las bandas fascistas, la clase dominante se prepara para enfrentar la crisis de su sistema. La acumulación capitalista entra en contradicción con las formas de la democracia parlamentaria, y hay que acudir a otras soluciones, más totalitarias, y que se parecen cada vez más a las que dominaron el mundo capitalista en los años treinta del siglo XX.
La socialdemocracia pretende ser la doctora democrática de un sistema reaccionario que se sobrevive a sí mismo y solo ofrece un horizonte de barbarie. Nosotros los comunistas revolucionarios luchamos por derrocarlo, y construir un nuevo orden social basado en la solidaridad de clase, en la cooperación y la fraternidad. Una sociedad socialista que utilice los extraordinarios recursos que el trabajo y el conocimiento humano han conquistado barrerá estas lacras.
Lograrlo no será fácil. Los enemigos que enfrentamos, lo estamos viendo cada día que pasa, están preparados y armados hasta los dientes. Pero nosotros contamos con la fuerza de la clase obrera, con su capacidad de lucha para transformar la realidad. Una fuerza que hay que organizar en un partido revolucionario de masas, con una política correcta, alejada del sectarismo y del oportunismo, y capaz de enfrentar las tareas históricas que tenemos por delante.
Hay que tomar partido, y este es el momento. Únete a Izquierda Revolucionaria.
- Frente al racismo, unidad de la clase obrera. Justicia para las 88 víctimas. Juicio y castigo para los mandos políticos y policiales, tanto marroquíes como españoles cómplices de esta masacre. Fin a la financiación de la dictadura marroquí.
- ¡Por la solidaridad internacionalista de la clase trabajadora! ¡Viva el Sáhara Libre, por el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui!
- ¡Ninguna persona es ilegal! Derogación de la Ley de Extranjería y cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Todos los derechos políticos y ciudadanos para los trabajadores migrantes y sus familias.
- Abajo la legislación xenófoba y de extrema derecha de la UE contra los migrantes. Desmantelamiento de Frontex y regularización de todas las personas migrantes. Derogación inmediata de la normativa de retorno que permite la creación de campos de concentración extracomunitarios.
- Derecho pleno a la libre circulación, al derecho efectivo de asilo, supresión de las devoluciones en caliente, y vías seguras para poder emigrar que no estén sometidas a la legislación clasista y racista.
- Salida inmediata de la OTAN. Cierre y desmantelamiento de las bases militares de Rota y Morón.
- ¡Abajo el saqueo y las guerras imperialistas! ¡Contra el genocidio sionista, por una Palestina unida socialista desde el río hasta el mar! ¡Por una Federación Socialista de Oriente Medio! ¡Por el internacionalismo proletario!
- ¡Abajo con los recortes sociales! En defensa de la sanidad pública, contratación inmediata de miles de trabajadores sanitarios, y nacionalización de la sanidad privada y de los monopolios farmacéuticos.
- Plan de choque para rescatar la enseñanza pública. Gratuidad total de la educación desde infantil hasta universidad y FP. Fuera la religión de los centros de enseñanza. Ni un euro del presupuesto público para la privada y concertada.
- Expropiación forzosa de las viviendas en manos de los caseros rentistas, bancos y fondos buitres, y creación de un parque de vivienda pública con alquileres sociales no superiores al 20% del SMI. Anulación por ley de todos los desahucios.
- Remunicipalización de los servicios públicos privatizados, manteniendo y ampliando las plantillas y respetando los derechos laborales.
- Elevación del SMI a 2.000 euros al mes. ¡Basta ya de beneficios récords del IBEX 35 a costa de robarnos y explotarnos! Reducción de la jornada laboral a 32 horas semanales.
- Por un seguro de desempleo de 2.000 euros al mes financiado con impuestos a las grandes fortunas y la banca.
- Por la derogación integra de las contrarreformas laborales y de las pensiones. Jubilación a los 60 años.
- Contra la extrema derecha, el fascismo y el racismo, movilización y organización.
- ¡Fuera la Ley Mordaza y los montajes policiales! ¡Libertad para los presos políticos!
- Contra la violencia machista, la justicia patriarcal y la discriminación LGTBI. A igual trabajo, igual salario. Derecho al aborto libre, gratuito y en la sanidad pública. Necesitamos educación sexual en las aulas ya. Plenos derechos para la comunidad trans.
- Frenar la catástrofe medioambiental: por una planificación socialista, ecológica y sostenible de la economía.
- Para garantizar una vida digna y el pleno empleo, nacionalización de la banca y los grandes monopolios bajo control de los trabajadores.
- ¡Abajo la monarquía franquista! Por el derecho de autodeterminación para Catalunya, Euskal Herria y Galiza. Por la república socialista.




