Convención Nacional Demócrata: la ilusión de una “normalización” conservadora

La semana del 17/8 sesionó la Convención Nacional Demócrata, de manera digital aunque con sede central en la ciudad de Milwaukee. En la misma se votan y aceptan las candidaturas del partido a presidente y vice. Esta vez, como ya era sabido de antemano, Joe Biden y Kamala Harris.

Sesionaron mientras la crisis económica y sanitaria en EEUU continúa sin dar tregua. Esta semana se volvieron a registrar más de un millón de solicitudes del subsidio de desempleo, al mismo tiempo que los contagios de Covid-19 en el país ascienden a más de 5 millones y medio con casi 175 mil casos fatales. Las huelgas, en estos días en particular los conflictos docentes contra la vuelta a clase en plena pandemia, y movilizaciones se desarrollan por todo el país sin detenerse por el proceso electoral.

El ala izquierda fue relegada a solo 2 intervenciones: el discurso de Bernie Sanders que brindó un apoyo sin condicionantes a la conservadora fórmula presidencial que se impuso y un video de poco más de un minuto de Alexandra Ocasio-Cortez que representaba la moción de la fallida candidatura de Sanders, de carácter meramente formal.

Los oradores del evento trataron de presentar la gravedad de la crisis económica, sanitaria, política y social como un argumento a favor de una normalización que garantizarían, al desplazar el método camarillero y personalista de Trump por un gobierno de más estabilidad institucional, con funcionarios de décadas de confianza del gran capital en todos los puestos claves. La ilusión de una normalización o una restauración del status quo no tiene lugar. Los rasgos de personalismo, chovinismo, y hasta golpismo que Trump despliega no son rasgos particulares de un cerebro afiebrado. Son una tendencia de gobiernos que ha surgido en todo el mundo, desde la India a Brasil, al Reino Unido, en un periodo de choques comerciales, de caída de las tasas de ganancia y de intentos de imponer un retroceso enorme a las condiciones de vida de las masas como consecuencia directa. La propia crisis  y la reacción de las masas a la penuria y la represión han golpeado en forma contundente al proyecto político de Trump. Pero eso no quita el enorme desastre que los funcionarios tradicionales de Washington venían generando, y que fue la razón de la victoria presidencial de Trump contra Hillary Clinton en 2016.

Se resaltó la capacidad de Biden de tener una política exterior “más dura” que Trump, es decir la expectativa de poder lanzar una ofensiva imperialista más fuerte, sobre todo en términos de la posibilidad de dominar en forma directa los procesos de restauración capitalista en Rusia y China. También se resaltó que la plataforma de Biden buscará que todos puedan “pagar un seguro de salud”. En el medio de los estragos que la pandemia deja entre la población la Convención rechazó la propuesta de “medicare for all” (salud pública para todos) planteando en su plataforma un sistema mixto a favor de las compañías de seguro y farmacéuticas.

Uno de las apuestas más fuertes de la campaña de Biden es la conquista del voto republicano desilusionado (o espantado) por el gobierno de Trump. El carácter conservador de quien eligió como compañera de fórmula quiere facilitar este apoyo, descontando que quienes se enfrentan a Trump por izquierda los votarán como única opción.

Esta expectativa estuvo representado por la presencia del ex aspirante a la candidatura presidencial Republicana y exgobernador de Ohio, John Kasich. El exgobernador dijo que “esperaba que (Trump) cambiaría, pero no nos ha unido; nos ha dividido”. También participaron los republicanos Meg Whitman, la CEO de Quibi; Christine Whitman, ex gobernadora de Nueva Jersey; y Susan Molinari, ex congresista por Nueva York.

La Convención Demócrata mostró un corrimiento a la derecha del partido y consagró una fórmula que representa esa derechización. La izquierda demócrata, a pesar de su gran peso militante, se limitó a acompañar el procedimiento, sin proponerse lucha política alguna. La superación de la enorme crisis capitalista, de alcance mundial, que está teniendo consecuencias catastróficas día a día para las condiciones de vida de los trabajadores, depende justamente de la capacidad de que las enormes movilizaciones puedan abrir una transformación social de fondo. Esa es la expectativa de millones que en Estados Unidos se han movilizado, más que en ninguna otra etapa de su historia.

Lejos de haber ampliado la base electoral de Biden, todo esta presentación derechista le ha dado un nuevo aire a Trump. Una encuesta de esta semana de CNN con SSRS (Microsoft) pone a la dupla Biden – Harris en un 50% contra un 46% Trump Pence con un 4% de margen de error. Un virtual empate técnico. Esto entusiasma a Trump, que ya ha largado la orientación de cuestionar el voto por correo para aducir fraude electoral y preparar maniobras que permitan hacerse del colegio electoral si pierde el voto popular, como pudo hacerlo George W. Bush en el 2000, haciéndose del poder entre denuncias de fraude.

Las masas que intervienen en la rebelión en curso llegan crecientemente a la conclusión de que sus intereses no están representados por ninguno de los polos de esta pelea electoral.

De acá a noviembre la crisis política en desarrollo asistirá a choques políticos agudos.

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