Cuba: nuevas medidas económicas profundizan el proceso de restauración capitalista

Un nuevo hito en el proceso de restauración capitalista

Las recientes medidas económicas anunciadas por el gobierno cubano constituyen un nuevo y, esta vez, definitorio hito en el proceso de restauración del capitalismo en la isla. Las casi 200 medidas representan la consumación legal del proceso restaurador. Se trata de un conjunto de reformas que ya no pueden ser consideradas como retrocesos obligados por la asfixia yanqui, porque ya no habrá a partir de aquí restricciones al desarrollo de una burguesía nacional cubana.

Las medidas del 18 de junio suprimen tanto el límite máximo de 100 trabajadores como la cantidad de empresas privadas en manos de un único propietario, que la Tarea de Ordenamiento -el plan restauracionista implementado en 2021 y antecedente directo de estas nuevas reformas- había establecido en una. Múltiples fuentes de la isla señalaban la existencia desde incluso antes de la Tarea de Ordenamiento de propietarios privados de múltiples empresas, generalmente ligadas a burócratas del PCC (Partido Comunista Cubano), mediante el uso de testaferros. Con las nuevas medidas se blanquea y se legaliza esta situación de propiedad privada múltiple que funcionaba “de hecho”.

La apertura al capital privado nacional y extranjero de la actividad bancaria y la supresión definitiva, con la excusa de sortear el bloqueo petrolero yanqui habilitando el acceso del capital privado a la compra y venta de combustibles, del monopolio estatal del comercio exterior, son otras dos medidas restauracionistas de carácter definitorio. Ya desde la implementación de la Tarea de Ordenamiento se venía permitiendo “excepcionalmente” el comercio exterior privado, pero ahora esto cobra dimensión plena. Recordemos que, para Lenin, el monopolio estatal del comercio exterior era el límite infranqueable de cualquier retroceso impuesto por las circunstancias.

Según Cubadebate, también se habilita “la compra de acciones de empresas estatales por parte de personas jurídicas y naturales, tanto nacionales como extranjeras, así como autorizar la venta de activos estatales a estos mismos actores económicos”. Y si bien no se habilita la privatización de la tierra, se dispone el derecho de arrendamiento de tierras agrícolas por un “periodo indefinido”, lo que permite la inversión capitalista a gran escala en el campo. El Estado cubano es propietario de alrededor del 80% del total de la tierra, pero las actividades en que se permite el uso privado de esas tierras se ampliarán para incluir la agro-pesca, la silvicultura, el agroturismo, la producción de tabaco y caña de azúcar sin límite de tiempo. Esto transforma la propiedad estatal en una especie de propiedad “formal”, mientras se habilita la propiedad “privada” práctica a gran escala de la tierra.

El proceso restauracionista desde la Tarea de Ordenamiento a las reformas actuales

El proceso de restauración del capitalismo en Cuba adquirió un carácter cada vez más abierto y profundo a partir de la implementación de la llamada “Tarea de Ordenamiento” de 2021. Impulsada con la venia del hombre fuerte y representante máximo de la burocracia del PCC, Raúl Castro, el ex ministro de Economía Alejandro Gil -defenestrado luego en 2024 y condenado en 2025 por traidor y corrupto- implementó la unificación cambiaria, eliminando las ventajas que tenían las empresas estatales para acceder a divisas al tipo de cambio oficial, y habilitó como dijimos a las “mypymes” privadas de hasta 100 trabajadores.

La depreciación del peso cubano reforzó el mercado ilegal de dólares y produjo un salto enorme en la tasa de inflación mientras se reducían los subsidios al consumo del pueblo trabajador que constituían el llamado “salario diferido” y que garantizaban el acceso barato al transporte, la vivienda y la alimentación. El 11 de julio de 2021, y como reacción directa a las consecuencias antipopulares de la implementación de estas medidas, se produjeron las manifestaciones de protesta más importantes desde el triunfo de la revolución. El gobierno acusó a los manifestantes, en su mayoría trabajadores pobres, de contrarrevolucionarios, y encarceló a casi 800 de ellos. La inmensa mayoría fueron condenados a penas de décadas, no solo injustas, sino además con el deliberado propósito de escarmentar a la población trabajadora. Desde entonces, las privaciones cada vez más terribles que soporta la población trabajadora se agravaron hasta que, en 2025, la cartilla de racionamiento que permitía acceder a un listado de alimentos esenciales fue drásticamente reducida y las tiendas estatales quedaron completamente vacías de productos, mientras que los comercios privados se encuentran mucho mejor abastecidos. Esta tremenda situación económica junto al colapso energético provocado por la asfixia yanqui y por la obsolescencia de la infraestructura, han provocado la multiplicación de protestas legítimas y predominantemente pacíficas, excepto cuando interviene la represión gubernamental.

Los recortes drásticos y la liquidación de las conquistas de la revolución de las que gozaba el pueblo trabajador cubano está indisolublemente ligada a la implementación de la salida restauracionista promovida por la burocracia cubana, cuyo eje es el desarrollo de una infraestructura turística de lujo. Esa infraestructura fue financiada mediante recortes al presupuesto popular y a las inversiones estatales productivas. En las Resoluciones de la Comisión Internacional de nuestro reciente Congreso del Partido Obrero sosteníamos como balance al respecto: “...aunque el plan restauracionista ensayado por el gobierno cubano (liberación de la divisa norteamericana, incentivos a la acumulación capitalista) [tenía] como único eje de desarrollo el turismo internacional, sin avanzar en ninguna capacidad de industrialización ni autosuficiencia [las reformas] han terminado en un fracaso. Sus consecuencias son funestas para el pueblo, al abrir paso a un ajuste más severo, con más sacrificios y privaciones de los trabajadores, aumento de la desigualdad y una diferenciación social interna más marcada.” Esto es lo que terminan de consagrar, justamente, las últimas reformas anunciadas por el presidente Miguel Diaz Canel y el Primer Ministro Manuel Marrero, quien defendió las medidas afirmando que hay que “hacer lo necesario para conservar lo esencial”.

Trump pide más

Desde que se blanquearon en marzo las negociaciones hasta entonces secretas entre el régimen burocrático y el imperialismo yanqui, el gobierno de Trump ha oscilado entre extremos que van desde amenazas de invasión hasta el envío de funcionarios de primera línea a la isla. Pocas semanas atrás, nada menos que el director de la CIA John Ratcliffe y el jefe del Comando Sur yanqui Francis Donovan visitaron Cuba y se reunieron con altísimos funcionarios.

A estas enormes concesiones que la burocracia cubana acaba de anunciar el imperialismo yanqui las ha considerado, sin embargo, superficiales. Marco Rubio las describió como “insuficientes” y reclamó la abolición del régimen de partido único. Es evidente que la burocracia se aferra a una salida “a la china”, conservando el poder del Estado y el régimen de partido único. Tal vez a esto se refiera Marrero con aquello de “conservar lo esencial”. Pero es muy difícil que el imperialismo yanqui acepte a la burocracia del PCC como una suerte de gobierno a la “Delcy Rodríguez” colectivo. Lo más probable es que siga presionando por la apertura política.

Es que, en las condiciones de catástrofe social y económica que vive Cuba, la posibilidad de la burocracia cubana de negociar, como Deng en 1978, una salida “a la china” es casi inexistente. ¿Por qué el imperialismo yanqui renunciaría a asfixiar a Cuba para imponer una capitulación completa? ¿Por qué renunciaría a la abolición del régimen de partido único? ¿Por qué Rubio, representante político directo del gusanaje de Miami, renunciaría a la restitución de las propiedades confiscadas o, cuando menos, a conseguir indemnizaciones y resarcimientos a costa de más sacrificios del pueblo trabajador cubano, en medio además de la carrera por la próxima candidatura republicana que disputa con el vicepresidente John Vance? Hasta incluso se puede pensar que el imperialismo yanqui pudiera intentar compensar, con una “capitulación completa”, las consecuencias de la reciente derrota en Irán.

En cualquier caso, ni las reformas capitalistas que promueve la burocracia del PCC ni la recolonización de Cuba que planea el capital imperialista yanqui traerán soluciones al pueblo trabajador cubano. Es imprescindible que las protestas populares por la situación económica, contra el colapso energético que hace invivibles los días del pueblo trabajador, adquieran dimensión política para convertirse en luchas contra la restauración del capitalismo sea de la mano de la burocracia del PCC, del imperialismo yanqui o de la mano de un pacto entre ambos, y por un gobierno de la clase trabajadora.

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