Internacionales
2/11/2026
De Portugal a Alemania, otro fin de semana de movilizaciones masivas en Europa
Los desafíos de un gran movimiento de lucha.

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Europa vivió otro fin de semana de grandes movilizaciones populares y juveniles a comienzos de noviembre, con Francia, Alemania y Portugal como los puntos más destacados.
En Francia, cerca de medio millón de personas se manifestaron en distintos puntos del país contra el deterioro de la educación y de las condiciones de vida, en una convocatoria que unió a la juventud, sectores sindicales y el nuevo movimiento de los “chalecos amarillos”, que rechaza el aumento en los combustibles. El gobierno volvió a reprimir, con un saldo de 800 detenidos.
Esta será una semana crucial, ya que el jueves 5 hay un paro general convocado por la CGT, CFDT, FO y otras centrales obreras contra el proyecto de presupuesto 2027 de ajuste del gobierno de Emmanuel Macron, que instituye recortes por 54 mil millones de euros. El gobierno aún no ha logrado una mayoría para aprobarlo en la Asamblea Nacional, pero busca el aval de sectores de la oposición.
Mientras tanto, Alemania se plegó a la ola de luchas juveniles que recorre el viejo continente. En convocatorias de Gen Z regelt y Generation Aufbruch, más de 100 mil personas marcharon este sábado 31 en treinta ciudades. En Berlín, la protesta reunió a 10 mil jóvenes. En Frankfurt, hubo 50 arrestos tras la movilización, después de choques con las fuerzas policiales. La plataforma Gen Z Regelt reclama mayor inversión en educación, reducción del costo de vida, mejores políticas ambientales, asistencia contra las adicciones y rechaza los planes oficiales para reinstalar el servicio militar obligatorio (Argentinisches Tageblatt, 2/11). Con reivindicaciones similares, este fin de semana hubo protestas más pequeñas en Viena (Austria), Zúrich y Basilea (Suiza).
En el caso de Portugal, el sábado 31 volvió a ganar las calles el movimiento de lucha por la vivienda, que había sufrido semanas atrás el violento desalojo de los acampes en Lisboa y Oporto. Nuevamente, el gobierno de Luis Montenegro reprimió las protestas, lo que desató movilizaciones de repudio el domingo 1. Montenegro trata de evitar que el movimiento alcance la profundidad del vecino Estado Español. De hecho, la asamblea de Lisboa propuso a las centrales sindicales portuguesas la convocatoria a un paro general el 11 de noviembre, de manera de converger ese día, con el Estado Español, en una “huelga general ibérica”.
El paro del 11 en el Estado Español está convocado por la UGT, CC.OO., CGT, CNT y otras centrales sindicales. Surgió tras el desarrollo del movimiento de lucha por la vivienda, desencadenado por el desalojo de Maricarmen Abascal, de 87 años, en septiembre. En vísperas de este paro general, se desenvuelve una huelga educativa por tiempo indefinido en la Comunidad de Madrid. A su vez, el lunes 26, miles de personas se movilizaron en el País Vasco para repudiar la visita de Vito Quiles, un activista de ultraderecha, replicando convocatorias masivas similares previas en Barcelona y Zaragoza.
A esto debemos sumar el paro general con movilizaciones que involucró más de un millón de personas personas en Italia, el viernes 30, promovido por los sindicatos combativos y por el Movimiento 17 de Octubre, que nació como organización de la juventud en lucha. El paro en Italia coincidió con una jornada internacional de sindicatos portuarios contra la guerra imperialista y en apoyo al pueblo palestino, que incluyó bloqueos y paros parciales en puertos de decenas de países. En tanto, para el 20 de noviembre, se espera un paro nacional de la CGIL, la principal central sindical.
Serbia, Grecia y Albania completan el mapa de acciones que agita a Europa.
La respuesta estatal y la derecha
Los gobiernos europeos apelan a la represión, los arrestos masivos y la propaganda para desacreditar a los movimientos de lucha. En el caso de Francia, Macron dictó toques de queda parciales en varias ciudades y las detenciones se cuentan por miles. A mediados de octubre, acusó a “alborotadores procedentes de grupos de extrema izquierda” por los incidentes.
En Italia, la primera ministra, Giorgia Meloni, dictó –en respuesta a las movilizaciones juveniles en el norte de la península- un decreto que crea la figura de “participación violenta en manifestaciones”, con penas de hasta cinco años de cárcel y multas de hasta 20 mil euros. A su vez, habilita la detención policial preventiva de menores de más de 14 años y su imputabilidad, y hace a los padres responsables de abonar el costo de los daños materiales ocasionados por sus hijos. Además, refuerza el despliegue policial en las calles, e incluso de militares.
La extrema derecha asume una posición particularmente pérfida. Marine Le Pen, dirigente de Agrupación Nacional y candidata presidencial para 2027, dice defender la legitimidad de los reclamos de los manifestantes franceses, a la vez que acusa a la izquierda de tratar de “precipitar el país en el caos” y promete restaurar el orden.
Mientras tanto, en el Estado Español (donde hay elecciones adelantadas a fines de noviembre), según lo que detalla un artículo publicado en el sitio de la organización Izquierda Revolucionaria, “coordinadamente, el Partido Popular y Vox han volcado todo el debate preelectoral en la cuestión de la seguridad, vinculando migración con violencia para desviar la atención de la problemática de la vivienda o la educación”.
Los grandes medios de comunicación se hacen eco de estas campañas reaccionarias y macartistas de los gobiernos y la ultraderecha, que buscan convertir a migrantes y manifestantes en chivo expiatorio de la crisis europea.
Nuevas convocatorias
Además de los paros y movilizaciones ya anticipados, el próximo 20 de noviembre se esperan grandes protestas juveniles contra la guerra imperialista.
La profundización de las medidas de lucha y de la organización puede llevar a la victoria a la juventud y los trabajadores de Europa.

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