El acuerdo Unión Europea-Mercosur vuelve a entrar en crisis

El Parlamento Europeo lo dejó en suspenso hasta su revisión judicial

Tras la firma en Asunción, el Parlamento Europeo obstaculizó la aplicación del pacto

El Parlamento Europeo resolvió este miércoles 21, por una ajustada mayoría, dejar en suspenso la ratificación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur (firmado apenas cuatro días antes, en Asunción) y girarlo al Tribunal de Justicia de la UE para que se expida respecto a su congruencia o no con los tratados de formación del bloque.

Esta resolución supone una nueva traba en un proceso tortuoso que arrastra ya más de dos décadas de negociaciones y disputas de intereses. Cabe señalar que la propia escenificación del acuerdo comercial estuvo marcada por un desaguisado, la ausencia de Lula da Silva, quien, molesto con sus socios sudamericanos por cuestiones de protagonismo, montó un acto aparte con la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Así como la UE está dividida respecto al pacto comercial, el Mercosur atraviesa sus propias disputas y tendencias a la disgregación. Argentina y Uruguay, de hecho, persiguen tratados de libre comercio con la Casa Blanca y Beijing, respectivamente.

Divisiones

La remisión del acuerdo de libre comercio al Tribunal de Justicia de la UE fue propuesta por el bloque de La Izquierda (Podemos del Estado Español, Die Linke de Alemania y Syriza de Grecia, entre otros) y los Verdes, y consiguió el apoyo compacto de Piratas por Europa, conglomerado de ultraderecha que reúne a Vox del Estado Español y el lepenismo francés, entre otros. En la víspera, agricultores de varios países, contrarios al acuerdo, se habían movilizado a Estrasburgo, Francia, sede del parlamento.

El Partido Popular Europeo (PPE), los socialistas y liberales votaron mayoritariamente en contra de esta judicialización, pero sufrieron fracturas decisivas, mientras que ECR, bloque liderado por Hermanos de Italia (partido de la primer ministro Giorgia Meloni), se partió a la mitad. Vale señalar que la aprobación del acuerdo en el Consejo Europeo, a comienzos de enero, estuvo atravesada también por fuertes disensiones. Mientras que los gobiernos de Alemania, el Estado Español e Italia lo impulsaron, los gobiernos de Francia, Polonia, Hungría e Irlanda, entre otros, se opusieron. Como se ve, el tema fractura tanto a los Estados de la unión como a sus principales bloques políticos. E incluso a las coaliciones de gobierno. En el caso de Italia, a diferencia del partido de Meloni, la Liga de Matteo Salvini apoyó con sus votos en el europarlamento la postergación.

Conscientes de estas divergencias, los promotores del pacto comercial lo habían separado en dos partes: un acuerdo comercial provisional, que solo requería el apoyo del Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales del Mercosur para entrar en vigor, y un acuerdo de asociación completo, que exige el paso previo por los 27 parlamentos del bloque. Finalmente, el europarlamento desafió, inclusive, la primera versión.

Asimetrías

El presidente Javier Milei había anunciado, antes de esta novedad, su intención de que el Congreso argentino ratifique el acuerdo comercial durante las sesiones extraordinarias de febrero, pero a la luz de lo ocurrido en el viejo continente, habrá que esperar para saber si se mantiene esa ruta de trabajo. "Hasta nuevo aviso, se sigue para adelante", señalaron fuentes oficiales a Infobae (21/1). Brasil, en tanto, buscaría "acelerar los trámites internos de aprobación", según un comunicado de su cancillería.

El gobierno argentino asegura que el acuerdo permitiría un crecimiento notable de las exportaciones hacia la UE (de hasta 76% en los primeros cinco años), pero se cuida bien de eludir toda referencia a qué pasaría con las importaciones desde el bloque europeo. El artículo del ministro de relaciones exteriores, Pablo Quirno, para La Nación (18/1), no ofrece ningún cálculo al respecto.

Si profundizara en ese aspecto, quedaría claro que el acuerdo comercial con la UE refuerza la subordinación económica de la Argentina y el Mercosur. Los cálculos de las agencias de noticias europeas –y también un documento de la delegación argentina ante la UE para periodistas, según consignó Infobae- afirman que las exportaciones de la UE al Mercosur treparían aproximadamente un 39%, mientras que las exportaciones del Mercosur a la UE, solo un 17%. “En general, se espera que el acuerdo aumente el PBI de la UE con 77.600 millones de euros y el PBI del Mercosur en 9.400 millones de euros, de aquí a 2040”, estimó el diario madrileño El País (17/1).

En el caso de la Argentina, la eliminación progresiva de aranceles al 90% de las importaciones sudamericanas por parte de la UE (más un restante 7.5% con acceso preferencial) favorecería principalmente los envíos de carne vacuna, maíz, arroz y biocombustibles (cuyas cuotas aumentan significativamente), langostinos y calamares, y frutas. El otro filón de negocios, según Quirno, son los recursos minerales. “Los mayores ingresos provendrán del estímulo a sectores estratégicos clave como energía y minerales, impulsados por inversiones asociadas al Rigi”, es decir, el régimen preferencial de inversiones. La contracara, no esclarecida por el ministro, es que la supresión progresiva de aranceles en sentido contrario (excepto para un puñado de sectores “sensibles”) facilitará el desembarco de maquinarias, vehículos, vinos, lácteos y productos farmacéuticos. De este modo, se consolidaría la subordinación económica de la Argentina y el remate de sus recursos naturales, y lo mismo cabe para el bloque sudamericano en su conjunto (Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia).

Las principales centrales empresarias argentinas, tanto las del campo como la Unión Industrial, saludaron el acuerdo firmado en Asunción. En el caso de la Fiesp, la poderosa cámara industrial de San Pablo, apuntó en un comunicado que se trata de una “oportunidad histórica” (en especial, para el café, el hierro y el acero carioca), pero que “no está exenta de riesgos”, por lo que exhorta al gobierno brasileño a despejar el llamado “costo Brasil”, alusión a las regulaciones laborales e impositivas. Esto lo dice la que, probablemente, es la central industrial en mejores condiciones para disputar mercados con Europa. De allí hacia abajo, las presiones de las patronales para desmantelar los derechos de los trabajadores y abaratar el salario (ya en marcha con la reforma laboral), en nombre de la “competitividad”, se incrementarán.

Salvaguardas

A la luz de las características del acuerdo comercial, puede sonar extraño que enfrente tantos reparos al interior de la UE. Sin embargo, existen intereses agropecuarios que pueden verse afectados. No es casual que Francia, el principal productor agrícola del viejo continente, lidere la oposición al pacto. El lobby de empresas del sector y las movilizaciones de agricultores consiguieron que se introdujeran algunas cláusulas protectoras. Y, para sumar respaldos en la recta final, Bruselas reforzó una salvaguarda, según la cual, se pueden suspender las rebajas arancelarias en productos agrícolas “sensibles” como carne vacuna, pollo, arroz, miel, ajo, etanol y azúcar “si se detecta un perjuicio a los productores europeos”.

El efecto de esta cláusula no disipó los resquemores de los agricultores europeos, que la consideraron insuficiente, pero sí elevó las alarmas en el bloque sudamericano. “Es una forma clara de buscar condicionar y destruir el acuerdo de libre comercio. Europa se está equivocando seriamente”, le dijo a Infobae (21/1) Gustavo Idígoras, titular de la estratégica Cámara de la Industria Aceitera de la Argentina (Ciara). Llamó la atención, también, que Milei apelara, en su discurso en Asunción, a que, durante la implementación, “se mantenga el espíritu de lo negociado”.

Así las cosas, cuando parecía que finalmente se había alcanzado un acuerdo, se terminó reabriendo una crisis.

Nada que ganar

Los trabajadores y los sectores explotados, tanto de América Latina como de Europa, no tienen nada que ganar con este pacto comercial, que solo favorece el enriquecimiento de algunos conglomerados capitalistas y refuerza el sometimiento de América Latina.

Promovamos, contra esos intereses, la irrupción de la clase trabajadora con sus propias demandas, contra los gobiernos capitalistas y la guerra imperialista.

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