Internacionales
27/4/2026
Elecciones en Cisjordania y en Deir Al Balah: ni democracia ni autonomía, fraude político y normalización de la fragmentación palestina

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Tropas sionistas atacan una protesta en el campo de refugiados de Nur Shams, en Cisjordania (2025).
Este 25 de abril se realizaron las elecciones municipales convocadas por la Autoridad Palestina en 2025 en medio de la ejecución del genocidio en la Franja de Gaza, el avance de los asentamientos de los violentos colonos israelíes en Cisjordania y de las detenciones, secuestros y asesinatos de palestinos por parte de los ocupantes. El avance de la ocupación territorial sobre Líbano, los ataques militares contra Irán y la plena expansión territorial por parte de Israel son también parte del contexto de este proceso electoral amañado y al servicio de los intereses sionistas e imperialistas en la región. La iniciativa se produjo bajo el comando de las pautas establecidas por Estados Unidos y el Estado de Israel con el “acuerdo de paz” de octubre de 2025, que oficializó la pérdida de la mitad del territorio de Gaza y vehiculizó la continuidad del genocidio bajo otras formas.
Mediante un decreto del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, de noviembre de 2025, se estableció la convocatoria y pautas electorales y en otro decreto de enero de 2026 se excluyeron del proceso electoral a las fuerzas políticas que no adhieren al programa de la OLP de reconocimiento del Estado de Israel y repudio a la lucha armada. La elección solo tuvo como protagonista a Fatah. Un activo integrante de la comunidad palestina de Chile dijo con determinación sobre las elecciones: “Son sin nadie de la oposición a los colaboracionistas y están dadas para medir el nivel de oposición a la ANP. Un engaño y una vergüenza”.
Por su parte, en febrero de este año, el presidente Abbas convocó también por decreto a las elecciones del CNP (Consejo Nacional Palestino) para el 1 de noviembre de 2026.
Sobre cómo es la vida en Cisjordania la periodista Mariam Barghouti es categórica: “En Gaza, el control israelí se ejerce mediante bombas y balas. En la Cisjordania ocupada, sin embargo, opera tanto mediante la fuerza militar como a través de una densa red de estructuras políticas y legales, impuestas con violencia sistemática. En este contexto, ninguna política ni decisión oficial se toma sin la aprobación israelí. Durante años, los palestinos se han visto obligados a presenciar cómo sus propios líderes cometían actos de traición y espionaje en colaboración directa con Israel” (AJ, 26/4).
En la misma nota, la periodista pasa revista de la estructura de la elección: “Estas elecciones se celebran en 420 municipios, con más de un millón de votantes inscritos. Sin embargo, Gaza queda prácticamente excluida, mientras que los palestinos con ciudadanía israelí y aquellos con identificación de Jerusalén no pueden participar, al permanecer bajo la jurisdicción israelí. Esto sin tener en cuenta que más de la mitad de la población palestina vive en la diáspora y en el exilio forzoso”. Como señala Barghouti, no solo quedaron excluidos los partidos que no pertenecen a la OLP, sino que nuevamente se celebra una elección sin ninguna participación de los palestinos que viven en Israel, casi 2 millones, en Jerusalén y los que están en la diáspora, los cuales suman más de 7 millones de personas.
En la caracterización de la Upal, reagrupamiento de palestinos de la diáspora que viven en América Latina, “la Autoridad Palestina se hunde en una crisis financiera creciente, marcada por la disminución de ingresos, el aumento de la deuda y la persistencia de la corrupción y la mala gestión, sin señales reales de reforma ni rendición de cuentas. A esto se suman las presiones externas, incluyendo la retención de fondos por parte de la ocupación”. Una caracterización que reafirma un proceso electoral totalmente amañado y que se desarrolla en medio de la total fragmentación de la sociedad palestina, o sea en los términos impuestos por Israel.
La periodista Barghouti señala un tema de fondo sobre la Autoridad Palestina, a saber, “que fue diseñada (bajo los acuerdos de Oslo) no para servir a la liberación nacional palestina, sino para gestionar la vida cotidiana bajo la ocupación, absorbiendo la resistencia palestina en marcos institucionales que pudieran ser monitoreados y contenidos. De este modo, la Autoridad Palestina ha reducido eficazmente los costes de la ocupación para Israel al asumir responsabilidades que, según el derecho internacional, corresponden a una potencia ocupante”. En este sentido, cuando el año pasado la ANP anunció que se embarcaba en la convocatoria electoral amañada, el Movimiento de Palestinos Masar Badil afirmó que la OLP estaba “buscando legalizar la continuidad de la coordinación de seguridad con el enemigo sionista, consolidar un régimen de autonomía funcional bajo ocupación y maquillar fachadas burocráticas vacías a costa de la sangre de nuestros mártires, la resistencia de nuestro pueblo y su dignidad”.
Las últimas elecciones legislativas palestinas con participación plena de todas las fuerzas políticas se celebraron el 25 de enero de 2006. Hamas, presentándose bajo la lista “Cambio y Reforma”, obtuvo el 44,45% de los votos y 74 escaños sobre 132. Fatah, el partido del entonces recién elegido Mahmud Abbas, quedó en segundo lugar con el 41,43% y 45 bancas. Las listas que obtuvieron representación en el Consejo Legislativo fueron: Hamas (Cambio y Reforma), Fatah, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Partido del Pueblo Palestino, la Iniciativa Nacional Palestina de Mustafa Barghouti y candidatos independientes. Las elecciones fueron supervisadas por observadores internacionales y certificadas como libres y limpias. “Las cifras facilitadas esta noche por funcionarios palestinos confirmaron la sorprendente victoria de Hamas en las elecciones parlamentarias palestinas sobre el otrora dominante partido Fatah (...) Al hacerse evidente la magnitud de la derrota de Fatah, sus dirigentes reconocieron la derrota y el primer ministro palestino, Ahmed Qureia, y su gabinete presentaron sus dimisiones. «Esta es la decisión del pueblo. Debe respetarse», declaró Qureia a la prensa”, señalaba The Guardian el 26/1/06.
La negativa de Estados Unidos y de Israel a aceptar el veredicto de las urnas palestinas explica la historia posterior, con relaciones gubernamentales, bloqueos de todo tipo y hasta la conformación de un gueto cerrado en la Franja de Gaza con muros, checkpoints y el dominio completo de Israel sobre la Franja impidiendo la entrada y salida de su población. Estados Unidos e Israel toleran monarquías sangrientas de todo tipo, regímenes autoritarios y represivos en diferentes latitudes, pero en el caso de Palestina desconocieron la decisión del pueblo sin más. Nunca defendieron la democracia; trabajan para la imposición de gobiernos títeres en todo el mundo, no importa qué tipo de régimen representen.
La Autoridad Palestina tiene la responsabilidad de convocar a las elecciones. El Consejo Legislativo Palestino fue disuelto de facto en 2007 y formalmente en 2018 por decreto presidencial, dejando a Abbas de la OLP con poderes legislativos unipersonales. Las únicas elecciones que se realizaron en Cisjordania durante estos veinte años fueron municipales y locales. En todas ellas Hamas y otras organizaciones boicotearon o fueron progresivamente excluidas del proceso. En 2019, Abbas anunció ante la Asamblea General de la ONU su intención de fijar una fecha electoral. No lo hizo. En enero de 2021 decretó la convocatoria a elecciones legislativas y presidenciales para mayo y julio de ese año. En abril de 2021 las postergó invocando la negativa israelí a permitir el voto en Jerusalén Este. Hamas denunció que esa era una excusa para evitar una derrota en las urnas. El ciclo de anuncios y cancelaciones se repitió en 2008, en 2010, en 2017 y en 2021.
En Gaza, Hamas administró el territorio desde 2007. En 2017 y en 2021 firmó acuerdos de reconciliación con Fatah que incluían compromisos electorales. Ninguno se implementó. La responsabilidad de convocar elecciones legislativas y presidenciales recaía formalmente en la presidencia de la Autoridad Palestina. Por su parte, el Estado de Israel ocupante de los territorios, que se vanagloria de ser “la única democracia de Medio Oriente”, auspicia un sistema electoral totalmente supremacista y discriminatorio que consagra el estado de apartheid. Así lo denunció la organización de DD.HH. de Israel, B´Tselem, en su informe de 2021 titulado “Un régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo. Esto es apartheid”.
Según los organizadores, en estas elecciones en Cisjordania participó el 40% del padrón electoral y el 20% del único barrio de Gaza donde se colocaron urnas, Deir Al Bala. Al Jazeera afirma que los sondeos sobre la opinión electoral del pueblo de Gaza siguen dando ganador a Hamas. Lo cierto es que ningún proceso político emanado del control del ocupante y genocida del pueblo palestino puede alumbrar más que una maniobra al servicio del plan Trump, que necesita el control del pueblo palestino para avanzar en contra de sus intereses.
Las publicaciones que presentan este proceso como la democratización de Palestina luego de 20 años sin elecciones son tendenciosas y sustancialmente falsas, ya que estas son elecciones municipales y como hemos mostrado hubo algunas en estos 20 años con las mismas características amañadas que describimos. Pero fundamentalmente porque no hay democratización si se cercena el derecho a la participación política y si las mismas no son instrumento de la lucha contra la ocupación y el apartheid. Solo la intervención directa del pueblo palestino y la solidaridad internacional con él podrá poner las cosas en su lugar.




