Internacionales

24/10/2026

Elecciones en Israel: debaten “qué hacer” con Palestina y una nueva ofensiva "final" imperialista contra Irán

Trump apoyó a Netanyahu. Posible impasse política por un empate entre coaliciones. El debate de los partidos palestinos.

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Integrante de Judíes x Palestina

Las elecciones israelíes se realizarán el 27 de octubre

A días de las elecciones legislativas del 27 de octubre, el escenario político israelí muestra un posible empate técnico. Las encuestas dan una paridad cerrada entre el bloque oficialista ultraderechista de Benjamín Netanyahu y la coalición opositora, heterogénea pero derechista también, encabezada por el exjefe del Estado Mayor militar, Gadi Eisenkot. Ninguna de las dos grandes alianzas sionistas tiene asegurada una mayoría propia para formar gobierno, proyectando una parálisis institucional y un impasse político. El pronunciamiento de Donald Trump a favor de Netanyahu casi a último momento opera como un factor clave. Amenazó con que Israel debería enfrentar la cuestión iraní en soledad si el Likud no gana. Aunque el impacto real de esta injerencia recién podrá saberse con los resultados, la maniobra busca apuntalar a un oficialismo desgastado por tres años de ofensiva genocida sin victoria decisiva en Palestina y por las causas de corrupción contra el jefe de gobierno.

Sin embargo, el imperialismo yanqui no ata su suerte a un solo individuo. Si Netanyahu fracasa en reunir una mayoría parlamentaria, Trump no tendrá ningún problema en trabajar eventualmente con Gadi Eisenkot. Sabe que la oposición liderada por exgenerales es un interlocutor disciplinado y plenamente comprometido con la defensa de los intereses estratégicos de Estados Unidos en Medio Oriente.

El fantasma de Palestina y las acusaciones cruzadas

Esta campaña electoral relega aún más que en el pasado temas como la economía, la salud, la vivienda o la educación. El contenido de la elección pasa, casi excluyentemente, por definir qué hacer con la Franja de Gaza y en Cisjordania. Como señala un reciente análisis de Joshua Leifer, el fantasma de Palestina recorre toda la elección y domina la situación política de Israel (Haaretz, 14/10).

La disputa se reduce a acusaciones cruzadas sobre la administración actual y futura del régimen de opresión colonial. Netanyahu estructuró la campaña del Likud bajo el eslogan *"Yamin o Falastin"* ("La derecha o Palestina"), acusando a Eisenkot de ser "débil" y de ocultar un pacto con los partidos árabes para cogobernar y entregar territorio. Sus aliados fascistas, como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, van más allá: exigen la anexión formal de Cisjordania, el desmantelamiento de la Autoridad Palestina, la reocupación con colonos en Gaza y un plan para expulsar a 1,86 millones de gazatíes.

En Cisjordania empezó la temporada de cosecha del olivo, una época que cada año se vuelve más dura para la población palestina, en especial desde octubre de 2023. La ofensiva de limpieza étnica del sionismo tiene como uno de sus puntos más fuertes el robo de las aceitunas, la quema y arranque de árboles, las agresiones violentísimas de los colonos a las poblaciones rurales cuando intentan cosechar, y las detenciones constantes efectuadas por el ejército y la policía israelíes. La cosa está cada vez más pesada: agresiones brutales a periodistas que registran la ofensiva y a diplomáticos que visitan el territorio, y cada vez más detenciones y deportaciones de activistas solidarios. La campaña electoral israelí agrava la situación, porque las fuerzas políticas ultraderechistas fogonean los ataques lúmpenes, prometiendo la anexión total de lo que ellos llaman “Judea y Samaria”.

Eisenkot acusa a Netanyahu de ser el responsable directo del aislamiento internacional de Israel y del colapso de la seguridad nacional en los últimos años, incluyendo el fracaso de inteligencia y defensa del propio 7 de octubre de 2023. Incluso lanzó un spot titulado *"Yamin ze Falastin"* ("La derecha es Palestina") para devolverle el golpe al oficialismo, mientras sus socios como Naftali Bennett reclaman el reclutamiento militar de los judíos ultraortodoxos (*jaredíes*) para contar con más tropas que protejan a los más de 550.000 colonos ilegales en Cisjordania.

Más allá de esta polarización, impera la unanimidad colonial. Ninguna fuerza sionista relevante plantea el reconocimiento de Estado palestino alguno. Eisenkot, arquitecto en 2006 de la genocida "Doctrina Dahiya", basada en el uso de fuerza militar desproporcionada para destruir infraestructura civil, reiteró que jamás habló de "dos Estados para dos pueblos" y exigió mantener el control militar israelí absoluto "entre el río y el mar". El militante de izquierda e integrante del movimiento palestino *Abnaa el-Balad* ("Hijos de la tierra"), Yoav Haifawi, sintetizó este consenso colonial en su primer artículo en Revista EDM: *"De hecho, toda la oposición sionista hace lo imposible por atacar al gobierno más ultraderechista de la historia del Estado… ¡por derecha! En primer lugar, el general Eisenkot y sus aliados prometen aplastar a Hamás, como si el problema fuera que el pueblo de Gaza no hubiera sido bombardeado, hambreado y torturado lo suficiente"*.

Del pantano en Gaza a la ofensiva contra Irán

El factor fundamental que condiciona toda la dinámica electoral y política de Israel es el interés del imperialismo estadounidense, que opera en dos direcciones estratégicas.

En primer lugar, la necesidad de destrabar el llamado "plan de paz" de Donald Trump para Gaza, una iniciativa colonial que se encuentra estancada desde hace un año. A pesar de los anuncios de la "Junta de Paz", la administración tecnocrática subordinada en la Franja nunca pudo ingresar. Estados Unidos reescribió los términos para permitir que el ejército israelí conserve el control de más del 60% del enclave costero (la denominada "Línea Amarilla"). Netanyahu puso el desarme de Hamás como precondición de cualquier repliegue, y viceversa. El bloqueo genocida continúa, Israel no se retira, Hamas no se desarma.

En segundo lugar, se prepara una ofensiva militar “fulminante” conjunta entre Estados Unidos e Israel para "terminar el trabajo", según las propias palabras de Trump. Los costos políticos y económicos del empantanamiento imperialista en Irán desde febrero son un factor de crisis ante las elecciones de medio término estadounidenses del 3 de noviembre. El Pentágono y Tel Aviv tienen listos planes operativos para reanudar el ataque a gran escala inmediatamente después de las elecciones yanquis. (New York Times, 22/10, citado por Haaretz)

La tentativa de supervivencia de Netanyahu vuelve todo más volátil. En la prensa israelí circularon versiones de que el primer ministro busca provocar a Irán para lanzar un ataque antes del martes que fuerce la suspensión de las elecciones. "Si las elecciones no producen un resultado claro (…) aumentará la probabilidad de que se reavive el frente iraní, como parte de la batalla política para formar el próximo gobierno"* (Haaretz, 23/10/2026). La otra variante es que Netanyahu utilice su cargo al frente de un gobierno interino para bombardear Irán inmediatamente después de la votación. Una emergencia nacional que sabotee cualquier transición de poder si es derrotado, obligando a Eisenkot y Bennett a sumarse a un "gobierno de unidad nacional" bajo su mando.

El debate de los partidos palestinos y la trampa del apartheid

La naturaleza antidemocrática del etno-estado se refleja con nitidez en la situación de los palestinos que viven en los territorios ocupados en 1948, quienes representan el 20% de la población israelí. En las semanas previas, el Comité Central de Elecciones —impulsado por el Likud y Ben-Gvir— votó la proscripción de las listas parlamentarias palestinas, la Lista Árabe Unida (Ra'am) y la Lista Conjunta (integrada por Hadash, Ta'al y Balad). Aunque la Corte Suprema revirtió la inhabilitación de los partidos para sostener la fachada institucional del régimen, mantuvo firme el veto contra el dirigente de Balad, Sami Abu Shehadeh.

Esta ofensiva proscriptiva contó con la complicidad directa de la oposición autodenominada "liberal" y de "centroizquierda". Avigdor Lieberman apoyó la prohibición total, y el general Yair Golan (líder de "Los Demócratas", fusión del laborismo y Meretz) avaló la exclusión de Abu Shehadeh. No es casualidad: Golan es un militar procesado por utilizar civiles palestinos como escudos humanos en Cisjordania que hoy critica al gobierno por no ser lo suficientemente implacable en la guerra.

Dentro de la población palestina del '48, existe el debate entre la participación electoral y el boicot. Por un lado, Mansour Abbas (Ra'am) insiste en una línea de integración subordinada al régimen, dispuesto a votar a Eisenkot, que intenta desconocer ese apoyo. Por otro lado, la Lista Conjunta busca movilizar el voto para derrotar a Netanyahu, pero choca con el racismo estructural del apartheid sionista. Tanto el Likud como la coalición de Eisenkot sostienen que un gobierno legítimo debe apoyarse exclusivamente en una "mayoría judía", vetando la inclusión de diputados árabes. En su segundo artículo de análisis electoral en Revista EDM, Yoav Haifawi explica cómo esta exclusión empantana todo el sistema político israelí: "Cautivos de su rechazo racista a cualquier participación árabe en el poder, ni Netanyahu ni Eisenkot tienen probabilidades de reunir suficientes votos judíos 'kosher' para formar gobierno".

Israel nunca será parte de la solución

Mientras la dirigencia sionista dirime sus internas agitando la guerra regional, prolongando el genocidio en Gaza y acelerando los pogromos en Cisjordania, queda claro que la elección en Israel es solo un episodio de una serie mucho más compleja. Cualquiera sea la coalición que emerja de la Knesset, se mantendrá intacto el régimen colonial, racista y supremacista. El freno al genocidio y a la escalada imperialista en la región solo podrán venir de la resistencia del pueblo palestino, de un levantamiento generalizado en el mundo árabe que se lleve puestas a las burguesías cómplices, y de la movilización internacional en las calles de todo el mundo.

El sionismo evidencia claramente su carácter guerrerista colonialista y genocida, subordinado a las necesidades del imperialismo. Los judíos antisionistas que nos oponemos a este curso en Israel y en todo el mundo debemos orientarnos a la creación de una corriente socialista internacionalista.

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