Internacionales
31/8/2026
"Es imprescindible construir una internacional revolucionaria"
Reportaje a Juan Ignacio Ramos, de Izquierda Revolucionaria del Estado Español.

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PO. Pedro Sánchez se ha destacado en el escenario internacional contrastando con la ultraderecha como una cara “progresista” dentro del imperialismo europeo. ¿Cómo se vive ese posicionamiento en el Estado español y cómo se planta Izquierda Revolucionaria frente al gobierno del PSOE?
En 2019 Sánchez se vio obligado a pactar con la formación que encabezaba Pablo Iglesias, Unidas Podemos, y que también integraban Izquierda Unida (IU) y el Partido Comunista de España (PCE). Por primera vez desde los tiempos de la Segunda República y la guerra civil se constituyó un Gobierno de coalición de la izquierda reformista, como reflejo de las grandes luchas sociales y obreras que se extendieron desde 2011 hasta 2018.
Ese pacto gubernamental levantó enormes expectativas entre miles de activistas honestos, y la presión para darle un apoyo acrítico se hizo muy intensa. Desde Izquierda Revolucionaria nos opusimos a la entrada de Unidas Podemos en el consejo de ministros, y no tardó mucho tiempo en quedar bastante claro que, a pesar de la propaganda y las ilusiones, ese Ejecutivo no iba a impulsar medidas socialistas, ni a confrontar con los grandes poderes económicos, ni renunciaría a los acuerdos estratégicos con la Otan y el imperialismo estadounidense.
Durante cuatro años Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos tragaron sapos y culebras apoyando las políticas de la socialdemocracia hasta convertirse en una mera comparsa de Pedro Sánchez, que se deshizo de ellos en cuanto vislumbró la oportunidad. Después de numerosas deserciones, traiciones y escisiones, protagonizadas por muchos de los más estrechos colaboradores de Iglesias, Podemos perdió el 90% de sus votantes y su representación en el parlamento quedó reducida a 4 diputados de los 75 que llegó a tener.
Este desarrollo fue la consecuencia de la renuncia consciente a una política marxista basada en la lucha de clases, y del afán por construir una maquinaria electoral dominada por personalidades muy mediáticas que se apoyaron en una legión de arribistas pequeñoburgueses —provenientes del mundo académico en su mayoría—. El colapso fulgurante de Podemos es una escuela llena de lecciones para la izquierda revolucionaria.
En las elecciones generales de julio de 2023 Sánchez apeló nuevamente a la movilización “antifascista” en las urnas y logró, in extremis, tejer una mayoría gubernamental muy precaria, que incluye a la derecha nacionalista vasca y catalana. Sánchez recurrió a la memoria de los crímenes de la dictadura franquista, que sigue grabada a fuego entre amplios sectores del movimiento obrero, y a la certeza de que un Gobierno de la extrema derecha sería una pesadilla de represión, racismo y empobrecimiento. Estas razones movilizaron electoralmente a millones, pero el desencanto y la rabia contra la socialdemocracia están creciendo exponencialmente.
En estos tres años, y a pesar de todas las cabriolas dialécticas para mantener un discurso “progresista”, la agenda capitalista del Gobierno del PSOE está extendiendo una alfombra roja a la derecha extrema (PP) y la extrema derecha (Vox).
Pedro Sánchez se ha querido diferenciar en asuntos sensibles para la izquierda, calificando la masacre sionista en Gaza de genocidio, o protagonizando choques calculados con la Administración Trump. Con una denuncia retórica de la extrema derecha global ha logrado explotar una imagen “izquierdista” frente a la que presentan sus colegas de la socialdemocracia europea, completamente entregados al sionismo.
Pero más allá de los gestos y las palabras debemos considerar los hechos. Con este Gobierno, en el que Izquierda Unida y el Partido Comunista de España (PCE) cuentan con ministros, las empresas y monopolios del Ibex 35 han registrado beneficios récords, destacando los bancos y las multinacionales de la energía que han incrementado sus ganancias en torno a un 50% en el último trienio.
Desde que el PSOE asumió el timón en 2018 vivimos una especulación inmobiliaria sin precedentes, con un aumento del 100% en el precio de la vivienda y de un 200% en el de los alquileres. La posibilidad de acceder a una casa digna y asequible para millones de familias y la juventud trabajadora ha desaparecido. Y esto no es un asunto menor. En el mismo lapso de tiempo los salarios reales, descontando la inflación, han retrocedido espectacularmente y las condiciones laborales han empeorado.
El PSOE y Sánchez intentan presentar una imagen que no se corresponde con la realidad. Hablan de genocidio sionista porque la presión del movimiento de masas ha sido tan extraordinaria que no les ha quedado más remedio, pero siguen manteniendo estrechas relaciones económicas, militares y diplomáticas con el régimen sionista. Tampoco hay que olvidar que Sánchez acudió servilmente a la Cumbre de Egipto del pasado octubre de 2025 para dar apoyo a la farsa colonialista de “paz” que urdieron Trump y Netanyahu.
Pedro Sánchez calificó la agresión imperialista de EEUU contra Irán de “ilegal” y al margen del “derecho internacional”, y negó parcialmente la utilización de las bases militares estadounidenses en suelo español para estas operaciones. Pero no ha dejado de realizar declaraciones de lealtad encendida hacia la OTAN, de incrementar el apoyo militar al Gobierno de Zelensky, y acaba de aprobar los presupuestos de defensa más grandes de la historia, siguiendo a la letra los planes de rearme diseñados por la burguesía europea y la Administración Trump.
Lo mismo ocurre con la legislación imperialista y racista en política migratoria y de militarización de las fronteras, ratificada en la posición de Sánchez ante la crisis de Ceuta hablando de una “violación de la integridad territorial española”, es decir, comprando el discurso sobre la “invasión” que manejan Vox y PP después de que 80.000 personas atravesasen la frontera marroquí y 141 de ellas perdieran la vida.
Una postura que se ha profundizado con el anuncio gubernamental de endurecer la ley de extranjería para facilitar las expulsiones y negar asilo, asumiendo todo lo que la extrema derecha acaba de imponer en el último reglamento sobre migraciones del parlamento europeo. Una estrategia que, lejos de beneficiar a la clase obrera, alienta el veneno del racismo y anima los pogromos que los fascistas están protagonizando en Ceuta, con palizas diarias a los migrantes. Es una política escandalosa que propulsa la demagogia parda de la ultraderecha.
Con el actual Gobierno la represión policial contra las movilizaciones obreras y juveniles o las luchas en defensa del pueblo palestino ha ido en aumento, y el reguero de juicios contra sindicalistas y jóvenes antifascistas han acabado con grandes multas económicas y sentencias de prisión muy severas, Nuevamente hay presos políticos en el Estado español. Además, se ha producido un salto en la actividad y audacia de las bandas fascistas, que campan a sus anchas con acciones callejeras y agresiones que quedan impunes.
En estos años, el aparato del Estado ha experimentado un acusado proceso de fascistización. La policía esta trufada de miles de fascistas con placa y de sindicatos que hacen apología abierta de los postulados racistas, machistas y de extrema derecha. La magistratura se ha destacado por intervenir directamente en la lucha política, una actuación que en Argentina conocéis muy bien, promoviendo todo tipo de montajes para perseguir a la izquierda militante y, por supuesto, para acelerar el derribo del Gobierno con sonados casos judiciales que no podemos detallar en esta entrevista, pero que son de dominio público.
Esta realidad hace balance de los años de Gobierno “progresista”.
PO. ¿Cómo actúan las corrientes del movimiento obrero y la izquierda frente a la gran agitación de ultraderecha, en particular contra los trabajadores migrantes?
La posibilidad de que el PP y Vox puedan hacerse con el Gobierno tiene mucho que ver con lo anterior y con otros factores que merece la pena señalar, aunque sea sucintamente.
La economía española está creciendo el doble que la de Alemania, Gran Bretaña, Italia o Francia… un auge que está motivado, entre otras razones, por la expansión espectacular del turismo desde el fin de la pandemia de Covid. En 2026 rozaremos los 100 millones de turistas extranjeros, un fenómeno que tiene efectos relevantes sobre la estructura económica y los procesos políticos.
Sectores nada desdeñables de las capas medias están enriqueciéndose gracias a la especulación y la transformación masiva de viviendas residenciales en otras de uso turístico. Las elevadas rentabilidades que se obtienen movilizan los ahorros de estas capas y de decenas de miles de millones de euros procedentes de los fondos de inversión internacionales y de la banca, que apuestan muy fuerte por el sector inmobiliario y turístico español.
A su vez, la actividad hotelera y la hostelería no deja de crecer, y emplea ya a más de cinco millones de personas. Son trabajos muy precarios, con bajos salarios y en los que predomina la clase obrera inmigrante. Algo similar ocurre con los cambios profundos que se han operado en el sector primario, la agricultura y la ganadería intensiva, que han convertido el Estado español en una potencia exportadora de primer orden.
El auge electoral de la extrema derecha tiene mucho que ver con estas transformaciones en la base material. La pequeña burguesía que prospera al calor de este maná económico, de la especulación inmobiliaria y la sobreexplotación de la fuerza laboral migrante, apoya entusiastamente el programa españolista, racista y pro patronal de Vox y Santiago Abascal.
Por supuesto, el Gobierno de coalición de “izquierdas” está alentando este capitalismo depredador y añade más leña al fuego cuando profundiza en los recortes y las privatizaciones de los sistemas públicos esenciales (sanidad, educación…). Así se crean las condiciones para que la demagogia de la extrema derecha se amplifique y penetre entre secciones de la clase obrera más empobrecida, degradada, desmoralizada y desmovilizada.
Con una campaña intensa que combina la islamofobia feroz y la culpabilización de los trabajadores inmigrantes por consumir los recursos “limitados” del país, el veneno del racismo se ha convertido en un combustible poderoso para el avance del PP y de Vox, pero no podemos soslayar que las políticas capitalistas de la socialdemocracia lo alimentan.
El segundo factor que fortalece este proceso es, sin duda alguna, la estrategia desmovilizadora de la burocracia sindical de CCOO y UGT. La paz social, la ausencia de huelgas, la firma de convenios a la baja con retrocesos salariales escandalosos en medio de un boom económico, han sido fundamentales para asegurar los beneficios capitalistas y dar cierta estabilidad al Gobierno. Y han jugado un papel decisivo para impedir una respuesta masiva de la clase obrera organizada a la ofensiva de la extrema derecha.
La izquierda reformista en el consejo de ministros, y sus socios parlamentarios y sindicales, ofrecen discursos moralistas respecto al racismo y los “discursos del oído”, pero el buenismo y las frases vacías no frenan a la reacción, y mucho menos cuando los responsables gubernamentales asumen los marcos ideológicos de aquella en su propia legislación antiinmigración.
Es importante subrayar que la lucha contra el genocidio sionista en Gaza, o las movilizaciones juveniles en la Universidad contra diferentes provocaciones fascistas, se han llevado a cabo al margen de las cúpulas de los grandes sindicatos, de la socialdemocracia tradicional y sus aliados parlamentarios. Es la acción directa de miles de activistas desde abajo, impulsados por organizaciones de la izquierda combativa, de movimientos sociales y plataformas de unidad de acción lo que ha logrado canalizar el enorme descontento que existe en las entrañas de nuestra clase.
Todo esto confirma que la polarización no solo es hacia la derecha. Existe un giro a la izquierda entre amplios sectores de la juventud y de la vanguardia obrera buscando una salida que rompa con la lógica capitalista, y que rechaza cada vez más el posibilismo impotente del mal menor.
PO. Hemos visto algunas acciones obreras de repercusión internacional, en particular en términos de paros y movilizaciones masivas por Palestina. ¿Cómo sigue hoy la tendencia en los movimientos de masas?
Como hemos señalado, la lucha contra el holocausto palestino se convirtió en una rebelión que desbordó al Gobierno y a sus intentos de mantener la protesta dentro de ciertos límites. El reguero de movilizaciones y manifestaciones desde finales de 2023 ha sido extraordinario, con un salto cualitativo en el otoño de 2025.
En el mes de septiembre y octubre del año pasado la respuesta fue tremenda: paralización de la Vuelta Ciclista, las jornadas de lucha en solidaridad con la Global Sumud Flotilla por el asalto que sufrieron del ejército sionista, las grandes movilizaciones juveniles impulsadas por el Sindicato de Estudiantes el 2 de octubre, o la jornada de huelgas obreras parciales del 15 de ese mismo mes…
En ese escenario, que se repitió en muchos países europeos, la estrategia del imperialismo fue presentar el plan farsa de paz, que en el caso español fue asumido con rapidez por el Gobierno de Pedro Sánchez. Este giro de los acontecimientos ha limitado la continuidad de las movilizaciones.
Pero hay que subrayar que el genocidio sionista ha aclarado muchas cosas. En primer lugar, hizo visible la hipocresía de todos los gobiernos capitalistas del mundo, el fraude del llamado derecho internacional, y la complicidad de la socialdemocracia y de numerosas burocracias sindicales con el sionismo. En el caso del Estado español esta experiencia no ha caído en saco roto, especialmente entre la juventud trabajadora.
En el mismo periodo en que se ha desarrollado el movimiento de solidaridad con Palestina asistimos también a importantes luchas obreras con un carácter muy radicalizado, a huelgas indefinidas que retoman los métodos de la democracia asamblearia y participativa, las cajas de resistencia, y con una carga muy crítica hacia la burocracia sindical, y que en muchos casos han estallado contra pactos firmados por esa misma burocracia.
Es una ruptura creciente con la estrategia nefasta de la paz social, y muestra el avance de un sindicalismo combativo y clasista impulsado por la toma de conciencia de una nueva generación obrera.
Los ejemplos son numerosos, desde la huelga del metal en Cádiz de junio del año pasado contra el convenio firmado por UGT, que las asambleas de trabajadores rechazaron, y en la que los compañeros de Izquierda Revolucionaria de los astilleros gaditanos jugaron un papel muy destacado, o las grandes huelgas docentes en Asturias y Aragón, y especialmente en Catalunya y el País Valencià.
En el caso de estos dos últimos territorios las huelgas han sido multitudinarias, impulsadas por un amplio movimiento asambleario que ha derrotado varios acuerdos de la burocracia con las administraciones, y se han transformado en conflictos sociales de envergadura. Ahora se han extendido a Madrid, donde los docentes han votado ir a la huelga a partir del 14 de octubre.
Está oleada está llegando al corazón del proletariado, como es el caso de la huelga indefinida de los 10.000 trabajadores de Airbus, votada a mano alzada en asambleas masivas después de dos acuerdos firmados por el aparato de CCOO que han sido tumbados por la plantilla.
La lucha de clases se está intensificando y debemos ser conscientes de los choques que están por venir. Si finalmente PP y Vox se hicieran con el Gobierno, el escenario se complicará notablemente para la clase dominante. Una cosa es la docilidad y el servilismo de los dirigentes de la izquierda reformista, y el reflejo de esta bancarrota en el terreno electoral, y otra muy diferente la actitud que ya están mostrando secciones muy significativas de la clase obrera y la juventud, que se puede volver un polvorín cuando la extrema derecha pretenda imponer su agenda. Un estallido social de grandes proporciones puede estar mucho más cerca de lo que algunos piensan.
PO: Su organización juega un rol determinante en el Sindicato de Estudiantes. ¿Cómo se desarrolla el movimiento estudiantil en épocas de economía de guerra y preparativos militares en Europa?
El Sindicato de Estudiantes (SE) cumple ahora cuarenta años de existencia, cuatro décadas de luchas incansables en defensa de una educación pública, laica, democrática y de calidad para los hijos de la clase trabajadora, contra los recortes sociales y la represión policial, codo con codo en cientos de huelgas obreras, por el derecho a decidir de Catalunya, Euskal Herria y Galiza, organizando el feminismo anticapitalista, la resistencia antifascista y combatiendo frontalmente el genocidio sionista y las guerras imperialistas.
Las señas de identidad del SE no dejan lugar a dudas: defiende una política de independencia de clase, socialista, internacionalista y que confronta con todos aquellos que piensan que es posible un capitalismo de “rostro humano”.
El SE ha vertebrado y unificado la respuesta del movimiento estudiantil en los principales acontecimientos de la lucha de clases, y ha construido raíces muy importantes en la conciencia de la juventud activista y combativa. Por supuesto, no estamos solos, existen otras organizaciones con las que también trabajamos e intentamos llegar a acuerdos de unidad de acción, pero es indudable que cientos de miles de jóvenes han participado activamente en las huelgas y movilizaciones feministas y contra el genocidio sionista convocadas por el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas en estos años recientes.
En lo inmediato, los conflictos educativos de este curso serán un desafío para movilizar a la juventud estudiantil en unidad de acción con los docentes. El SE también participará en las acciones europeas en solidaridad con el pueblo palestino del mes de octubre, y en las que se celebrarán en respuesta a la agenda militarista e imperialista de la UE, que convocarán diferentes organizaciones estudiantiles europeas en el mes de noviembre.
Dentro de dos meses celebraremos el XXII Congreso del Sindicato de Estudiantes, una reunión realmente importante, en la que esperamos contar con la participación de los jóvenes del Partido Obrero y estrechar vínculos revolucionarios y de solidaridad internacionalista.
PO. ¿Qué expresión política promueve Izquierda Revolucionaria para los trabajadores en el Estado español?
En las anteriores respuestas hemos expuesto los ejes fundamentales de nuestra política. Izquierda Revolucionaria tiene una presencia real en el movimiento obrero y juvenil del Estado español, y luchamos por desarrollarnos como un partido marxista con una influencia cada vez mayor.
Nuestra trayectoria es larga, pero a partir de 2010 abordamos un balance honesto de posiciones políticas y tácticas del pasado que consideramos erróneas, y que hemos rectificado después de amplios debates. En 2016 nos refundamos y adoptamos el nombre de Izquierda Revolucionaria.
Como partido intervenimos en todos los frentes defendiendo una política socialista con un programa de reivindicaciones transicionales. Somos muy cuidadosos en distanciarnos de las posiciones sectarias de autoproclamación, característica de otras corrientes que se reclaman del marxismo y del trotskismo, y en combatir el seguidismo oportunista hacia la izquierda reformista y electoralista.
Impulsamos la Fundación Federico Engels, que ha editado más de 200 libros de los clásicos del socialismo científico, Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo, de la literatura socialista y de trabajos propios sobre la memoria histórica y la revolución española de los años treinta.
Celebramos escuelas de formación marxista tanto en los territorios donde estamos implantados como estatalmente, contamos con webs y redes sociales muy activas. En estos momentos publicamos cuatro periódicos, con una regularidad mensual en el caso de El Militante, y bimensual en euskera, catalán y gallego, realizamos numerosos actos públicos para difundir nuestras ideas y posiciones, presentaciones de libros, etc. En 2024 inauguramos el Espacio Rosa Luxemburgo de Madrid que se ha convertido en un foco de actividad política y cultural muy importante.
PO. En el acercamiento entre PO y IR jugó un rol importante el debate actual en el FITU en Argentina. ¿Qué apreciación tienen del proceso alrededor del FITU y el debate político que se desarrolla ahí?
Consideramos que los acontecimientos políticos en Argentina, y el crecimiento del apoyo al FITU y a figuras políticas de la coalición como Myriam Bregman, actual diputada y dirigente del PTS, nos interpelan a todos los revolucionarios del mundo.
Creemos sinceramente que se abre una posibilidad histórica para la izquierda revolucionaria argentina como consecuencia de la catástrofe del Gobierno ultraderechista de Milei, y de la profunda crisis que recorre las filas del peronismo por la complicidad de sus dirigentes, y de la burocracia de la CGT, con la agenda gubernamental y la embestida patronal.
Los debates políticos y tácticos en el seno del FITU tienen gran importancia y deben ser seguidos con atención por la izquierda revolucionaria de otros países.
En toda una serie de asuntos políticos relevantes tenemos afinidades concretas cuando se caracteriza la guerra que libran la OTAN y Rusia en Ucrania como un conflicto imperialista, reaccionario por ambos bandos, o con la crítica a la consigna de la Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que en nuestra opinión ha jugado un papel muy pernicioso en la lucha de clases en América Latina, y es completamente incorrecta en el momento actual.
La importancia de la discusión abierta es evidente. La posibilidad de agrupar a millones de trabajadores que se desgajan del peronismo y a una nueva generación de jóvenes activistas en un proyecto socialista que dispute abiertamente por el poder, es real. Por eso es importante abandonar esquemas rutinarios y comprender la envergadura de la transformación que se está produciendo.
Aunque el terreno sindical aparezca parcialmente bloqueado por la burocracia, la lucha de clases y la radicalización política encuentran otros canales de expresión. La marcha masiva del pasado 6 de agosto, igual que el reguero de movilizaciones de pensionistas, del movimiento piquetero, en defensa de la universidad pública, contra los feminicidios, por los derechos de la comunidad LGTBI o las víctimas de la dictadura. El aumento del apoyo a la izquierda, en una escala que tiene pocos precedentes, concentra la furia que se extiende.
Comprender esto es el punto de partida para hacer avanzar la conciencia y la organización revolucionaria.
Por supuesto esta oportunidad encierra otros peligros —antes mencionaba la experiencia de Podemos— que hay que tener muy en cuenta.
El debate de trascender el FITU, que es una gran conquista política, y reemplazarlo por un partido unificado de la izquierda revolucionaria, no es secundario, y lleva implícito cuestiones de primer orden en el plano teórico, táctico y estratégico. Hay que ganar a millones de trabajadores que se distancian del peronismo, a nuevas capas que se politizan. Pero los atajos oportunistas, las maniobras organizativas, la búsqueda de una mera rentabilidad electoralista, pueden convertirse en un boomerang que se vuelva contra el objetivo de atraer a estos sectores de una forma sólida.
Estamos de acuerdo en que el conservadurismo no tiene el menor sentido ahora. Es fundamental conquistar nuevas fuerzas para las gigantescas tareas que están implicadas en el corto plazo.
Y por estas mismas razones la unidad de la izquierda revolucionaria tampoco es un asunto menor. La clase obrera quiere unidad, y existe una base amplia para ella contemplando el propio programa del FITU y su carácter nítidamente socialista. La base existe, pero lo realmente chocante es la enorme división a la hora de abordar cuestiones concretas que la lucha de clases pone sobre la mesa cotidianamente, y los métodos tan brutales que se utilizan para debatir las diferencias.
Los ataques y descalificaciones públicas contra una movilización obrera tan emblemática y difícil como la ocupación de FATE, o la virulencia de las acusaciones contra el Sutna y el PO, y que todo esto se esté manejando como un argumento para paralizar el FITU, son hechos sorprendentes. Que el FITU no pueda aparecer de manera unitaria convocando la marcha de la bronca del próximo 19 de septiembre forma parte de esta línea, pero no está claro cuáles son los beneficios de ello.
Todos tenemos derecho a construir nuestros proyectos políticos, pero la tendencia sectaria de “lo que no controlo lo destruyo” ha hecho un daño muy serio a la izquierda revolucionaria y ha maleducado a muchos luchadores honestos.
Estamos siguiendo en detalle las polémicas que esta discusión está haciendo aflorar, y que no son caprichosas, ni artificiales. De las conclusiones prácticas que se saquen de ellas dependerán muchas cosas en el futuro.
PO. ¿Qué importancia le ven a la continuidad de iniciativas contra la guerra imperialista como la reciente conferencia en Atenas?
Participamos en la Conferencia de Atenas tras la invitación del PO. Tal como explicaron nuestros camaradas allí presentes, defender una posición de clase, internacionalista y socialista en esta era de confrontación interimperialista por la hegemonía mundial, que interprete correctamente el ascenso de la extrema derecha global, el genocidio sionista y la nueva correlación de fuerzas en Oriente Medio, que se posicione con una política comunista consecuente ante la agresión militar de Washington y Tel Avivi contra Irán, pero que no oculte el carácter reaccionario del régimen de los ayatolás… es imprescindible para reconstruir las fuerzas del marxismo revolucionario internacionalmente.
Hay muchas cuestiones que salieron a relucir en la Conferencia de Atenas, pero creemos que hubo una coincidencia de opinión en aspectos relevantes entre nuestra organización, el PO y los camaradas de Liberación Comunista de Grecia. Es una primera aproximación a la que damos la importancia que merece, y que abre la puerta a profundizar en el debate de cara a un trabajo práctico en común.
PO. El PO presentó un documento a la conferencia en Atenas titulado “La internacional revolucionaria y la reconstrucción de la Cuarta Internacional”. ¿Qué opinión les merece ese documento político y programático? ¿Cómo ven que se podrían dar pasos en la constitución de una internacional obrera y revolucionaria?
Hemos leído con mucha atención este documento, que contiene ideas, caracterizaciones y reflexiones que compartimos.
Nuestro partido formó parte en el pasado de otros agrupamientos como la Corriente Marxista Internacional (CMI/IMT), y el Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT/ CWI). Nos separamos de estas organizaciones por divergencias muy serias en el programa, las tácticas y los métodos de construcción, y este camino lo hemos recorrido junto a las organizaciones de México, Venezuela, Portugal y Alemania con las que constituimos Izquierda Revolucionaria Internacional.
Entendemos que es imprescindible construir una internacional revolucionaria, un partido unificado de la revolución socialista mundial. Es imposible abarcar las tareas de la revolución proletaria contemporánea si no existe una herramienta de este tipo, que se base en la política, el programa, las tácticas y la experiencia del bolchevismo en tiempos de Lenin, y en la batalla de la Oposición de Izquierda y de León Trotsky contra la degeneración estalinista y sus trágicas consecuencias para el movimiento comunista.
La Cuarta Internacional fue un proyecto que respondía a una necesidad histórica en un momento crucial, marcado por el triunfo del fascismo y el aplastamiento del movimiento obrero europeo por la capitulación del estalinismo. Estaba totalmente justificada. Pero la realidad es que después del asesinato de Trotsky en México, y de las nuevas circunstancias que la Segunda Guerra Mundial creó, las diferentes direcciones de la Cuarta no resistieron la prueba de los acontecimientos. No queremos extendernos en esta cuestión, que requiere de un debate en profundidad.
En estos momentos es difícil que una internacional revolucionaria genuina, no un decorado de cartón piedra, se puede proclamar, o pueda ser reconstruida sobre las bases de una Cuarta Internacional atomizada y cuya paternidad es reclamada por infinidad de organizaciones, muchas de ellas con políticas completamente divergentes en asuntos determinantes, algunas con un sesgo oportunista muy acusado, y otras enormemente sectarias.
Por encima de las definiciones o las fórmulas, lo fundamental es debatir sobre el programa y cómo nos posicionamos ante los acontecimientos fundamentales de la lucha de clases mundial, cómo orientamos nuestras fuerzas para crear raíces poderosas en el movimiento obrero, cómo formamos y educamos a nuestra militancia en un espíritu comunista sobrio, alejado de la arrogancia y la autoproclamación, del sectarismo y del oportunismo, cómo aplicamos tácticas de frente único para avanzar y ganar a la vanguardia obrera y juvenil.
Y en el marco de esta discusión cobra importancia hacer un balance a fondo de las experiencias pasadas, de nuestra propia historia, y de cómo corrientes revolucionarias provenientes de tradiciones diversas podríamos confluir en una internacional digna de ese nombre. Todas las posibilidades en este sentido están abiertas, y contarán con nuestra participación activa y fraternal.



