Internacionales
28/7/2026
India: la rebelión de las cucarachas
La Generación Z acorrala al régimen de Modi y tumba al Ministro de Educación.

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El sábado se oficializó la renuncia de Dharmendra Pradhan, Ministro de Educación de India, forzada por masivas movilizaciones de decenas de miles de estudiantes y trabajadores que exigían su caída y el fin de la corrupción en los exámenes de ingreso a las universidades. Se trata de un durísimo golpe político para el gobierno de Narendra Modi y su reaccionario partido ultra-nacionalista, el Bharatiya Janata Party (BJP), que gobierna el país más poblado del mundo desde 2014.
El colapso de la rabia: corrupción y estafa educativa
El conflicto estalló tras un sangriento escándalo de corrupción institucional. El pasado 3 de mayo se rindieron los exámenes NEET (el filtro estatal de acceso a las facultades de Medicina en Nueva Delhi). Las pruebas fueron filtradas y vendidas al mejor postor por redes de corrupción vinculadas al poder. La respuesta oficial del gobierno de Modi fue anular las pruebas y reprogramarlas para el 21 de junio, obligando a 2 millones de jóvenes a rendir nuevamente bajo una presión insoportable.
La desesperación social derivó en una tragedia: al menos 13 estudiantes se suicidaron tras el fraude. En un país donde la educación es la única aspiración de escape a la miseria, las familias populares hacen un enorme sacrificio para financiar la preparación de sus hijos.
La violencia de este sistema no es nueva. Según datos oficiales del propio Instituto Nacional de Salud (NIH), más de 13.000 estudiantes se quitan la vida cada año en la India (el 7,6% del total de suicidios del país). A su vez, desde 2021, se han registrado al menos 93 suicidios relacionados con la intensa competencia y la carga financiera de los exámenes NEET. Una masacre silenciosa engendrada por la competencia salvaje y la falta de futuro.

Tampoco la corrupción de los exámenes: los NEET se han filtrado al menos 89 veces en los últimos 10 años, afectando a 65 millones de estudiantes.
Desempleo, miseria y la mentira del "milagro indio"
La rebelión estudiantil ocurre sobre una explosiva situación social.
Se vive una desigualdad extrema: en un país de 1.440 millones de habitantes, el 10% más rico se apropia de más del 80% de la riqueza nacional.
El 25% de la población es analfabeta y dos tercios de las mujeres están excluidas del trabajo asalariado, sometidas a una brutal dependencia estructural.
A su vez se acrecienta la migración de la miseria. Entre 40 y 100 millones de migrantes internos se desplazan violentamente hacia las grandes urbes en busca de poder sobrevivir.
India es una de las naciones más jóvenes del planeta: el 65% de la población tiene menos de 35 años y 600 millones son menores de 25. Sin embargo, el Estado indio solo les ofrece miseria: el 20% de los jóvenes está desocupado, cifra que escala al 40% entre los graduados universitarios.

Ante esto, el régimen responde con manipulación estadística. El gobierno oculta los datos reales de desempleo y la Encuesta Periódica de Fuerza Laboral (PLFS) se publica con sistemáticos retrasos. En las estadísticas oficiales se considera "empleada" a cualquier persona que trabaje tan solo una hora a la semana, mientras que organismos independientes como el CMIE demuestran el colapso del mercado laboral.
"Si nos llaman cucarachas, cucarachas seremos": nace el Partido Janata de la Cucaracha
La chispa política la encendió el propio aparato judicial del Estado. El 15 de mayo de 2026, mientras la Corte Suprema analizaba una demanda presentada por graduados desocupados de Bihar que exigían empleo garantizado y datos transparentes, el Presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, despachó contra la juventud con un verdadero insulto racista e impregnado de odio de clase: "Estos jóvenes desempleados son como cucarachas: se reproducen en cada rincón, lo consumen todo, y cuando uno intenta limpiar el sistema, se dispersan y regresan en mayor número".
La rabia popular no tardó en canalizarse. Abhijeet Dipke, un joven graduado de la Facultad de Comunicación en la Universidad de Boston, respondió a través de las redes fundando de manera satírica e insurgente el Partido Janata de la Cucaracha (Cockroach Janata Party, desafiando las siglas del gobernante BJP): "Si el sistema nos llama cucarachas, entonces seremos cucarachas con orgullo. Resistentes. Inmortales. En todas partes. Presentamos el Partido Janata de las Cucarachas: una plataforma para todas las cucarachas. Cinco demandas. Cero patrocinadores. Un enjambre obstinado. Yo también soy una cucaracha".
El movimiento explotó. Llegó a 40.000 seguidores en su primer día y superó los 200.000 adherentes en una semana, acumulando más de 22 millones de seguidores en Instagram y siendo tendencia #1 en Twitter (X).
Iniciaron como una organización con irónicas publicaciones, donde destacaron los memes virales pero rápidamente tomaron definiciones políticas y publicaron un manifiesto programático. Se definen como un partido socialista, democrático y perezoso —para ironizar con el discurso de meritocracia estatal—. Exigen un programa de garantía nacional de empleo para graduados, la eliminación de las tarifas de revisión de exámenes, una autoridad examinadora independiente del Ministerio de Educación, con sus propios protocolos de seguridad, encargado de realizar todos los exámenes nacionales. A su vez, proponen que el Estado haga público un informe con datos reales sobre desempleo, de manera trimestral.
Luego, pasaron a la acción: el 20 de junio tomaron las calles de Nueva Delhi y concentraron una masiva jornada de lucha en el histórico sitio de protesta de Jantar Mantar, sufriendo una salvaje represión policial.
La juventud marca el camino en el Sur de Asia
El peligro de un estallido mayor obligó al gobierno de Modi a ceder: hicieron renunciar al Ministro de Educación y expresaron un compromiso por reformar del sistema de evaluación, el retiro de las causas penales contra los manifestantes y compensaciones económicas para las familias de los estudiantes fallecidos.

El sur de Asia viene mostrando la fuerza de la calle: en 2024, la rebelión estudiantil en Bangladesh se transformó en un levantamiento de masas que derrocó al régimen autocrático de Sheikh Hasina; un año después, la juventud en Nepal hizo renunciar al gobierno mediante la movilización popular.
En India, la caída del Ministro de Educación asesta un hachazo al triunfalismo de Modi y empalma con la resistencia de la clase trabajadora, que el año pasado protagonizó una huelga general masiva contra la reforma laboral que pretendía imponer jornadas de 10 horas diarias, privatizaciones y el congelamiento salarial.
La rebelión de las "cucarachas" demuestra que cuando la juventud precarizada y la clase obrera se organizan y ganan las calles, el régimen reaccionario de Modi no es invencible.
La juventud de Argentina tiene que mirar hacia India.

