28/05/2020

Jornadas de furia en múltiples ciudades de Estados Unidos por el asesinato racista de George Floyd

Se extienden las protestas luego de que la policía de Minneapolis asesinara a George Floyd el lunes 25. El terrible crimen, registrado en un video explícito de diez minutos, ha hecho rebalsar la bronca por el reforzamiento marcado de la política represiva contra la comunidad negra en Estados Unidos.


En Minneapolis los choques de la comunidad negra y otros manifestantes con la policía continuan desde hace 48 horas. El martes, los manifestantes, que salieron a cantar “podría haber sido yo”, fueron reprimidos con balas de gomas y gases lacrimógenos. El miércoles, el alcalde demócrata, Jacob Frey, se decidió a despedir a los cuatro policías que detuvieron y lincharon a Floyd. La concentración que rodeó esa noche al destacamento central de la policía de Minneapolis, fue aún más masiva que la primera noche y fue recibida con gases, palos y balas de goma. Los choques con la policía, incluyendo incendios y saqueos de comercio, duraron toda la noche. La policía de Minneapolis había recibido desde esa noche los refuerzos de la delegación de la Guardia Nacional del Estado y de fuerzas policiales de ciudades vecinas.


Las imágenes de francotiradores policiales actuando contra los manifestantes y las horas de combates y persecuciones desmienten la idea de que el asesinato sea un caso aislado, y de que el esfuerzo del Estado esté colocado en el procesamiento de los asesinos uniformados.


En la noche del 27 hubo manifestaciones también en Memphis, Tenessee, donde la policía local se pertrechó con armamentos antidisturbios frente a la protesta en la central de policía.


El jueves 28, manifestantes contra el asesinato de Floyd, que venían de concentrarse frente a los tribunales de Los Angeles, California, cortaron ambas manos de la enorme autopista 101. Cuando patrulleros policiales embistieron el piquete, los manifestantes reaccionaron rompiendo los vidrios de los patrulleros y subiendo a ellos.


La opresión insostenible de la comunidad negra


El impacto por el asesinato de Floyd sigue a la conmoción por otros casos bajo la pandemia, como el de Ahmaud Arbery el 23 de febrero en Georgia, asesinado por un policía retirado y su hijo, o el asesinato de la trabajadora de salud Breonna Taylor, el 13 de marzo, por la policía de Louisville, Kentucky, que entró a su casa y le disparó ocho veces, alegando haberla confundido con una persona buscada que ya estaba en custodia policial. Se trata de una política represiva profundamente sistemática. Uno cada mil hombres negros en EE.UU. muere asesinado por fuerzas policiales.


Es violento el contraste con el tratamiento recibido por los grupos anticuarentena armados derechistas (compuestos por blancos) que han ocupado edificios públicos y hecho otras acciones provocativas, sin ser reprimidos ni, en general, siquiera demorados por las fuerzas de seguridad.


La desesperación en la comunidad negra tiene otros agravantes. Las consecuencias de la creciente desocupación y recesión son enormes, y el impacto sanitario del coronavirus también está reforzado por la pobreza y falta de atención sanitaria. Mientras, la población afroamericana, que compone el 13% de la población, ha sufrido por lo menos el 25% de las 100 mil muertes vinculadas al virus en el país (DemocracyNow, 28/5).


El complejo policial y carcelario, una política de Estado


Estas movilizaciones son un nuevo ascenso del movimiento en defensa de la comunidad contra la brutalidad policial. El movimiento Black Lives Matter surgió en 2014, luego del asesinato de Eric Garner, asfixiado por policías neoyorkinos. Los gritos de “no puedo respirar” de Floyd remiten directamente a las últimas palabras de Garner.


Este movimiento de lucha pone en el banquillo de los acusados a todo un régimen político que viene reforzando el Estado policial y carcelario y defendiendo sus prácticas racistas. El discurso de odio de Trump lo promueve abiertamente, pero también se multiplicó el complejo represivo bajo los gobiernos de Clinton y Obama. El candidato demócrata Joe Biden se ha jactado, hace unos años, de haber sido el autor original de la Ley de Control de Crimenes Violentos de 1994 (The Hill, 28/5), presentada por Clinton, que diera lugar a un pico de encarcelamientos masivos sin juicios ni condenas. El mismo Clinton pidió perdón por esta ley en 2015.


Los luchadores contra el imperialismo en todo el mundo apoyamos completamente a sus víctimas domésticas y su lucha contra el aparato de Estado racista y asesino que los oprime.



 

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