BOLIVIA

Más que nunca: ¡organizar, coordinar y extender la huelga general por la renuncia de Rodrigo Paz!

Fuera la Santa Alianza (a la que se suma Lula) contra los trabajadores bolivianos.

El pueblo sublevado de Bolivia.

La huelga general en Bolivia, con sus 50 cortes y bloqueos de ruta, entra en su cuarta semana y sigue masificándose.

El intento del gobierno de abrir un “corredor humanitario” que rompiera el cerco sobre La Paz, enviando una caravana de 150 vehículos (grúas, camiones, tanques pesados, etc.) con 2.500 policías y 1.000 soldados al frente del ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, fracasó ante la resistencia popular. Las Fuerzas Armadas tuvieron que retroceder y dispersarse. Y el ministro Zamora estuvo por horas “desaparecido”, huyendo por caminos alternativos para no ser detenido por los “piqueteros” bolivianos.

El gobierno fracasó también en sus anuncios de constituir el sábado pasado un Consejo Económico Social incorporando (cooptando) a sectores que se movilizan. No logró romper el frente de lucha que se está desarrollando.

Tampoco la derecha fascista consigue levantar cabeza organizando contramanifestaciones contra los bloqueos. Más allá de llenarse de injurias racistas, sus llamados a la movilización fascistoide tienen poco eco. El Comité Cívico de Santa Cruz, baluarte tradicional de la derecha fascistoide que jugó un papel clave en el golpe que encumbró a Añez en el poder, había convocado para hoy, martes, una caravana para ir a romper uno de los puntos del bloqueo. Ayer, lunes a última hora, comunicó que la postergaba. No había recibido adhesiones y la misma burguesía frenó su aventura, temerosa de que su iniciativa desencadenara un choque violento y el inicio de una guerra civil y una revolución.

La revolución es el fantasma vivo que sobrevuela toda la situación política boliviana. La acción se inició con la marcha de los campesinos del norte contra la ley 1720, que abría el camino para robar la pequeña propiedad campesina en beneficio de los latifundistas y los capitalistas del llamado agropower. Fue la chispa que abrió el camino a la huelga general: rápidamente se fueron sumando diversos sectores de trabajadores por aumento salarial (docentes, mineros, fabriles), contra los planes de privatización de la minería (litio, etc.) y demás empresas estatales, entre otros. Y se fue transformando en una huelga general por tiempo indeterminado, que la Central Obrera Boliviana (COB) sancionó orgánicamente en su acto-plenario del 1° de mayo.

Pero Rodrigo Paz no se rinde. Sigue amenazando: ha sacado órdenes de detención contra Mario Argollo, dirigente de la COB, y otros dirigentes de las organizaciones en lucha. Mantiene presos a decenas de compañeros. Y ahora está por aprobar la derogación de la ley 1341 del año 2020, que limita las facultades para convocar y mantener el “Estado de Excepción” (estado de sitio). Son amenazas muy concretas contra el movimiento de lucha.

Como toda verdadera huelga general (analizada a fondo por Rosa Luxemburgo en su famoso libro de 1906: Huelga de masas, partido y sindicatos), viene impulsada desde abajo, desde el accionar de las masas. La COB, al plantearla y establecer el “Pacto de No Traición” con las direcciones campesinas, hizo un llamado a la movilización, pero no se caracteriza por organizarla y profundizarla. Argollo ha declarado, desde su obligada clandestinidad, que en caso de ser detenido seguirá estando espiritualmente del lado de los huelguistas. También ha rechazado la posibilidad de un “diálogo” con el gobierno hasta que no cese la represión, levante las órdenes de captura y libere a los huelguistas presos.

La huelga general abre la posibilidad no solo de forzar la renuncia de Rodrigo Paz –que no se rinde- sino de plantearse el problema de la lucha por el poder. Evo Morales ha planteado que se convoque a elecciones en 90 días. Otros sectores tienen posiciones similares: que un gobierno provisional convoque a elecciones anticipadas. Sería un “triunfo” pero con el peligro de cambiar –en el mejor de los casos- de collar pero no de perro. La derecha tiene esta carta como emergente ante un desborde más abierto.

Para las masas campesinas y trabajadoras se plantea que un gobierno revolucionario puede llevar adelante las grandes transformaciones sociales necesarias contra el gran capital y el imperialismo. Lo primero es que la huelga triunfe. Es necesario realizar asambleas y coordinadoras. En primer lugar, en torno a los bloqueos, incorporando representantes de los vecinos, fábricas y estudiantes de cada zona en asambleas de piquete. Y avanzar hacia su coordinación regional y nacional en una gran Asamblea Popular Nacional. Si meten preso a Argollo o a cualquier otro dirigente, la huelga no solo debe continuar sino profundizarse.

Abajo la Santa Alianza de Trump, Milei y Lula

El gobierno yanqui ha planteado que está dispuesto a intervenir contra lo que llama un golpe de Estado contra una “democracia electa”. Quiere poner en práctica el llamado “Escudo de las Américas”, firmado por Trump con los gobiernos derechistas latinoamericanos para justificar la intervención diplomática y militar contra países del continente en nombre de la lucha contra el “narcoterrorismo”. Milei fue el primero de la lista, enviando un avión Hércules de la Fuerza Aérea cargado con pollos y armas para la represión (gases y municiones). Los pollos están siendo comercializados a precios siderales por empresas especiales: los libertarios ven negociados en todas las posibilidades.

A estos envíos “humanitarios” se han sumado los gobiernos de Chile y Perú. Y ahora, el presidente Lula de Brasil ha anunciado el envío de “ayuda humanitaria” en apoyo al gobierno de Rodrigo Paz contra la huelga general. “El presidente Lula reiteró su solidaridad con el gobierno y el pueblo bolivianos y enfatizó la importancia de respetar plenamente las instituciones democráticas y el Estado de derecho”, dice un comunicado del Planalto.

La rebelión de un pueblo, expresada en su huelga general, supera ampliamente el pronunciamiento pseudodemocrático de una elección amañada, realizada con proscripciones de todo tipo. Enviar comida (aparte de elementos represivos) cuando hay piquetes que están bloqueando la ciudad es una actitud antihuelga, una actitud “carnera”, de “esquiroles”, típica de los presidentes derechistas pero también del centroizquierdista Lula. La izquierda y el movimiento obrero de Brasil deben movilizarse para frenar esta adhesión de su gobierno contra la huelga de los trabajadores bolivianos.

Lo mismo planteamos en nuestro país: las centrales obreras, los sindicatos, los centros de estudiantes, las organizaciones piqueteras, los partidos que se reclaman antiimperialistas –con el FIT-U en primera línea- debemos movilizarnos contra la participación argentina en la lucha derechista contra la huelga general en Bolivia.

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